Hasta tres millones de personas pasan cada día por Grand Central Terminal, un sitio icónico de Nueva York
Inaugurada en 1913, Grand Central Terminal es mucho más que una estación de trenes. Es uno de los símbolos de Nueva York, una obra maestra de la arquitectura y un punto de encuentro por el que transitan millones de personas diariamente en una ciudad que parece no dormir jamás.

Vista panorámica de Gran Central Terminal, en Nueva York, el 19 de junio de 2026.
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Felipe Larrea / PRIMICIAS
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DESDE NUEVA YORK. Ejecutivos apuran el paso con un café en la mano, turistas levantan la mirada para fotografiar el majestuoso techo celeste del vestíbulo principal y trabajadores recorren los interminables pasillos subterráneos. Todo ocurre al mismo tiempo en Grand Central Terminal, un lugar emblemático de Nueva York y una de las estaciones ferroviarias más transitadas del mundo.
Ubicada en pleno Manhattan, sobre la calle 42 y Park Avenue, la terminal recibe cada día una verdadera marea humana. Juan, un puertorriqueño que lleva más de 13 años trabajando en el lugar, le afirma a PRIMICIAS que por sus instalaciones circulan entre dos y tres millones de personas diariamente.
"Además, en un día con poca afluencia, el promedio es de entre 750.000 y 800.000 personas al día", agrega desde el cubículo central, en donde entrega información a miles de personas.

Una historia fascinante
La historia de Grand Central Terminal comenzó hace más de un siglo. Fue inaugurada el 2 de febrero de 1913 tras una gigantesca obra de construcción que transformó el sistema ferroviario de Nueva York.
Su diseño, inspirado en el estilo Beaux-Arts, convirtió a la terminal en una referencia arquitectónica mundial y en una muestra del optimismo y la expansión económica que vivía Estados Unidos a inicios del siglo XX.
Desde entonces, el edificio ha sobrevivido a guerras, crisis económicas y a los profundos cambios que experimentó la ciudad. Incluso estuvo cerca de desaparecer durante la década de 1970, cuando varios proyectos inmobiliarios amenazaron con modificar radicalmente la estructura.

Sin embargo, una intensa campaña de preservación logró protegerla y mantener intacto uno de los patrimonios más valiosos de Nueva York.
Hoy, más de 100 años después de su inauguración, Grand Central sigue siendo una pieza fundamental en la movilidad de la ciudad.
Sus decenas de andenes conectan Manhattan con distintos puntos del estado de Nueva York y Connecticut, mientras que sus pasillos albergan restaurantes, spa, tiendas y espacios históricos que atraen a visitantes de todo el mundo.

Pero más allá de los trenes y la arquitectura, la terminal refleja la esencia de Nueva York: una ciudad en constante movimiento. Cada minuto llegan nuevos viajeros, otros parten y miles simplemente atraviesan el edificio en su rutina diaria.
Bajo el famoso reloj de cuatro caras ubicado en el centro del gran vestíbulo, considerado uno de los puntos de encuentro más conocidos de la ciudad, turistas y neoyorquinos comparten el mismo espacio.
Algunos se detienen para admirar la imponencia del lugar. Otros apenas tienen tiempo para mirar el reloj antes de continuar su camino.
En una ciudad donde todo parece ocurrir a gran velocidad, Grand Central Terminal permanece como el corazón que nunca deja de latir. Un lugar donde más de un siglo de historia convive con millones de historias que se cruzan cada día.
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