De 172 a 308 goles, cómo el formato del Mundial con 48 equipos disparó los récords de Messi y Mbappé
El salto a 48 selecciones y la inclusión de los 16avos de final desataron un récord de 308 goles que revolucionó el Mundial. Este nuevo formato de ocho partidos premió la valentía ofensiva.

Kilyan Mbappé, delantero de Francia, celebra uno de sus goles ante Inglaterra, por el Mundial 2026, este sábado 18 de julio.
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AFP
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El paso del Mundial de un formato de 32 a 48 selecciones generó dudas sobre la calidad del torneo, pero el balance final confirma que Norteamérica 2026 fue un éxito estratégico y estadístico sin precedentes.
La transición en el número de equipos participantes incrementó el calendario de 64 a 104 partidos en total, lo que elevó la cifra de goles acumulados a un récord absoluto de 308 anotaciones.
En comparación con Qatar 2022, donde se registraron 172 tantos (el máximo del formato anterior con 32 combinados), el volumen ofensivo creció casi un 79%, manteniendo además una destacada media superior a los 2,9 goles por encuentro. En el partido por el tercer puesto entre Inglaterra y Francia hubo 10 goles, en un juego vertiginoso y con mucha acción en los arcos.
Los 16avos de final como factor diferencial del Mundial
La clave de este incremento masivo no residió solo en sumar equipos, sino en la reestructuración competitiva que implicó la introducción de la ronda de 16avos de final. Al avanzar las 32 mejores selecciones a una primera fase de eliminación directa, se eliminó el margen de especulación que caracterizaba a los antiguos terceros partidos de la fase de grupos.
Una de las grandes características de este formato fue que la emoción se mantuvo en ese último partido de la fase de grupos. La conformación de los ocho mejores terceros, por ejemplo, tuvo en vilo a la hinchada ecuatoriana, que miraba, partido a partido, como las probabilidades estadísticas crecían para visitar a México en el estadio Azteca, como al final sucedió.
Esta llave adicional de los 16avos de final forzó a un planteamiento más vertical y arriesgado desde el primer minuto de las definiciones de 'pierde-sale' propiciando escenarios ideales para la rebelión de equipos emergentes y sorpresas históricas ante potencias tradicionales.
Asimismo, la inclusión de esta ronda adicional reconfiguró la gestión física y el camino hacia la cima, exigiendo un total de ocho partidos —en lugar de siete— a los equipos finalistas. Este partido suplementario y el desgaste acumulado abrieron espacios en las etapas decisivas, beneficiando la eficacia de los delanteros de élite frente a defensas resentidas por el cansancio.
La profundidad de plantilla y las rotaciones estratégicas se convirtieron en requisitos indispensables para sostener la intensidad durante todo el certamen.
En el plano individual, este contexto de mayor volumen de juegos y fases eliminatorias extendidas sirvió como el catalizador perfecto para romper registros históricos. Figuras globales como Kylian Mbappé —quien firmó 10 goles en el certamen— y Lionel Messi aprovecharon la presencia de un partido más en el cuadro final para potenciar sus cifras anotadoras.

En esta Copa del Mundo, Mbappé llegó a los 22 goles y se convirtió en el máximo anotador histórico de los Mundiales, superando por un tanto a la leyenda Lionel Messi. El 10 de Argentina se quedó con el récord de más asistencia de gol en las Copas del Mundo: 12, en total. Francés como Mbappé, el introvertido Michael Olise superó a Pelé como el mayor asistidor en una edición del Mundial, con siete pases gol, contra seis del 'Rey', en el torneo de México 1970.
El nuevo formato del Mundial impulsado por la FIFA no solo extendió el número de participantes, permitiéndonos ver a equipos como Cabo Verde o Jordania, sino que multiplicó el impacto estadístico de los grandes atacantes, consolidándose como el torneo más exigente y goleador de la era moderna.
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