Viajar en el metro de Nueva York durante el Mundial: aire acondicionado, pago ‘cashless’ y una ciudad que nunca duerme
Mientras miles de aficionados recorren la ciudad durante el Mundial 2026, el metro de Nueva York se ha convertido en uno de los protagonistas silenciosos de la experiencia.

Imagen de una de las estaciones del metro de Nueva York durante el Mundial de la FIFA, el jueves 18 de junio de 2026.
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Felipe Larrea / PRIMICIAS
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DESDE NUEVA YORK. Más allá de conectar estadios, zonas turísticas y barrios emblemáticos, el metro de Nueva York ofrece una combinación de comodidad y eficiencia que sorprende especialmente a quienes llegan desde Latinoamérica.
Lo primero que llama la atención es que prácticamente todo funciona sin efectivo. Para ingresar a las estaciones basta con acercar una tarjeta de crédito o débito, un teléfono celular o un reloj inteligente a los lectores instalados en los torniquetes.
El sistema descuenta automáticamente el valor del pasaje y elimina la necesidad de comprar boletos físicos o cargar tarjetas previamente.
La facilidad resulta especialmente útil para los turistas que llegan por pocos días. No hay filas extensas para adquirir tickets ni necesidad de cambiar dinero. En cuestión de segundos, el acceso queda habilitado y el viaje continúa.

Otro aspecto que marca la diferencia durante el verano estadounidense es el aire acondicionado. En una ciudad donde las temperaturas pueden superar fácilmente los 30 grados Celsius en junio y julio, los vagones ofrecen un alivio inmediato para los pasajeros que pasan horas caminando entre atracciones, Fan Fest y estadios.
Aunque algunas estaciones mantienen el característico calor del subsuelo neoyorquino, una vez dentro de los trenes el ambiente cambia por completo.
Para muchos visitantes, especialmente aquellos que llegan desde ciudades donde el transporte público carece de climatización, el contraste resulta evidente. Sin embargo, lo que más impresiona es el flujo constante de personas. A cualquier hora del día, el metro parece estar en movimiento permanente.
Temprano en la mañana, al mediodía o cerca de la medianoche, los andenes continúan llenándose y vaciándose con una precisión casi mecánica.

Durante el Mundial, la diversidad de pasajeros se multiplica. Camisetas de selecciones de todos los continentes se mezclan con trabajadores, estudiantes y turistas.
En un mismo vagón pueden coincidir aficionados ecuatorianos, argentinos, mexicanos o europeos compartiendo el trayecto hacia Manhattan, Brooklyn o Nueva Jersey.
La sensación es la de una ciudad que nunca se detiene. Mientras los partidos concentran la atención del planeta, debajo de las calles continúa funcionando una red que transporta a millones de personas cada día y que, durante la Copa del Mundo, se convierte en una extensión más de la fiesta futbolera.
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