El gasto en pensiones del IESS se duplicó desde 2017 y los aportes de los afiliados ya no son suficientes
Para Augusto de la Torre, catedrático de la Universidad de Columbia, el peor escenario sería que el IESS se endeude a través del Biess usando como garantía los ahorros de los afiliados. A su juicio, la salida pasa por una reforma integral del sistema.

Imagen referencial de un hospital del IESS que atiende a afiliados y jubilados, tomada de su web el 6 de enero de 2025.
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El gasto del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) para pagar pensiones se disparó en la última década, mientras los ingresos por aportes se estancan e incluso caerían ligeramente en 2026, según las proyecciones del propio instituto.
Así, el dinero que el IESS destina cada año a pagar jubilaciones saltó de USD 3.623 millones en 2017 a USD 7.552 millones en 2026.
Ese crecimiento contrasta con el comportamiento de los ingresos por aportes de los afiliados, que avanzaron a un ritmo mucho menor, al pasar de USD 1.801 millones a USD 3.271 millones.
IESS depende del aporte del Estado
En la práctica, los aportes ya no alcanzan ni para cubrir la mitad del pago de las pensiones. Frente a ese desbalance permanente, el IESS depende cada vez más del aporte que, por ley, debe hacer el Estado para cubrir el 40% de las jubilaciones.
Sin embargo, esa obligación se ha convertido en una carga cada vez más pesada para las finanzas públicas.
Para 2025, el aporte estatal necesario asciende a USD 4.218 millones, pero el Presupuesto General del Estado apenas contempla USD 3.271 millones para el IESS por este concepto, una brecha que muestra las crecientes dificultades del Gobierno para cumplir con ese compromiso.
Y aun si el Estado llegara a transferir el monto que ha previsto en la proforma 2026, no sería suficiente. Según las proyecciones del propio instituto, en 2026 el IESS deberá volver a recurrir a sus reservas o ahorros para pagar pensiones, de las que usaría USD 1.265 millones.
Un problema financiero que se arrastra desde 2014
El desbalance entre ingresos y gastos del sistema de pensiones no es reciente. El punto de quiebre data de 2014, cuando por primera vez los ingresos por aportes de los afiliados dejaron de cubrir el pago de las pensiones.
Ese año, el IESS recaudó USD 2.366 millones en aportes, pero destinó USD 2.469 millones al pago de jubilaciones.
A partir de ahí, el crecimiento del gasto fue sostenido y mucho más rápido que el de los ingresos, con lo el IESS comenzó a depender del aporte estatal y a usar sus reservas o ahorros.
El número de jubilados se dispara
El principal motor del aumento del gasto es el crecimiento continuo del número de pensionistas. En 2018, el IESS tenía 454.964 jubilados; para 2025 llegó a 785.473. Para 2026, las proyecciones apuntan a más de 840.456 pensionistas.
En cambio, el número de afiliados no crece al mismo ritmo. En 2018 había casi 4 millones de afiliados, mientras que en 2025 se registraron 3,53 millones. Es decir, cada vez hay menos afiliados para sostener al sistema.
En los años ochenta había ocho afiliados por cada jubilado, lo que permitía holgadamente cubrir las pensiones y, además, generar ahorros. Esa es la regla técnica que permite asegurar el pago de pensiones a futuro. Pero hoy esa relación se acerca a cinco por cada pensionista.
Al problema estructural del envejecimiento de la población en Ecuador, podrían sumarse otros factores.
El catedrático de la Columbia University y excoordinador de la comisión gubernamental que elaboró en 2023 una propuesta de reforma para dar sostenibilidad al Fondo de Pensiones del IESS durante el gobierno de Guillermo Lasso, Augusto de la Torre, tiene algunas hipótesis.
Una de ellas podría ser una “ola de jubilaciones” más alta de lo previsto, posiblemente motivada por la preocupación de los afiliados sobre la situación financiera del IESS y el incentivo a jubilarse a una edad más temprana para asegurar el beneficio.
A esto se suma, según De la Torre, un diseño deficiente del sistema, que permite jubilarse con apenas 10 años de aportes.
Esto abre la puerta para que personas, que se afilian cerca de los 60 años, realicen aportes altos durante cinco años y acceden luego (a los 75 años) a pensiones generosas, incluso superiores a las de afiliados que cotizaron durante 30 años.
“Es un lujo que el sistema no puede sostener”, advierte, pues esas reglas equitativas terminan afectando la liquidez y la sostenibilidad del fondo.
Una reforma pendiente
Pese a esta situación, la propuesta de reforma que planteó la Comisión nunca fue enviada a la Asamblea. De la Torre subraya que mientras más se retrase una reforma integral, más difícil será implementarla de manera gradual.
En la propuesta elaborada por la comisión, los cambios no afectaban a los jubilados actuales ni a quienes estaban próximos a retirarse, y se planteaban transiciones suaves, incluso con esquemas mixtos que combinaban reglas antiguas y nuevas.
Pero cada año de retraso en una reforma estructural amplía el déficit y reduce el margen para aplicar ajustes progresivos, lo que obligaría a reformas más drásticas y dolorosas en el futuro.
Lo peor que podría ocurrir es que el IESS, a través de su banco, el Biess y ante la necesidad de dinero para cubrir las pensiones, se endeude poniendo de garantía los ahorros de los afiliados, como lo permite la más reciente reforma al Biess.
Lo dice De la Torre, para quien esta sería la peor salida posible, pues a la deuda con los jubilados se sumaría otra con bancos internacionales, agravando la crisis.
Y si bien el fisco ha salido repetidamente a cubrir los faltantes, duda que pueda sostener ese esfuerzo por mucho más tiempo, como ya se evidencia en el esfuerzo financiero cada vez más grande que debe hacer año a año para cumplir con el aporte estatal del 40%.
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