Amenazas, muerte y abusos, los motores que convirtieron a la ‘Tía Inés’ en guardiana de la paz en la Trinitaria de Guayaquil
La violencia que vivió Inés Santos la impulsó a crear una fundación que, en una zona con altos niveles de inseguridad, promueve la resolución pacífica de conflictos, el arte y los valores en niños, adolescentes y mujeres en Guayaquil.

Inés Santos, presidenta de la Fundación Nía Kali, que promueve la paz en la Isla Trinitaria, en Guayaquil, el 9 de diciembre del 2025.
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La vida de Inés Santos no ha sido fácil. Amenazas, tiroteos, muerte y abuso sexual han afectado su entorno familiar, pero también han sido los motores que la han convertido en la “Tía Inés”, la guardiana de la paz en la Isla Trinitaria, una conflictiva zona en el sur de Guayaquil.
Lideresa afroecuatoriana, de sonrisa fresca y diálogo espontáneo, Inés María Santos Caicedo, de 52 años, preside la fundación Nía Kali, nombre que proviene de la lengua africana Suajili y que significa “propósito intenso”, tal como siente la misión que cumple en su hogar, en la cooperativa Valladolid, en el corazón del empobrecido sector del Trinipuerto porteño.
En la planta baja de su casa, en dos salas de unos 20 metros cuadrados, se reúnen a diario unos 50 niños para aprender a vivir sin violencia, a resolver pacíficamente los conflictos, a tocar instrumentos musicales, a pintar, a dibujar y a liberar las tensiones de sus hogares.

La Tía Inés camina tranquila y sonriendo por las angostas calles de este sector del suroeste de Guayaquil, la quinta zona más violenta de la ciudad y que de enero a octubre de 2025 acumuló 230 crímenes, 50 por kilómetro cuadrado, donde la disputa de las organizaciones narcodelictivas se concentra en el control de los puertos marítimos privados asentados en la Isla Trinitaria.
Inés María ha convivido con la violencia los últimos 30 años, cuando llegó, al igual que cientos de familias, a buscar un techo en el recién rellenado terreno de la vía Perimetral, cuando no había cuadras ni servicios básicos y las bandas delictivas del Guasmo pugnaban con las de la Trinitaria por invadir las pequeñas cooperativas de vivienda.
“No podíamos pasar al Guasmo, porque muchacha que iba la violaban; después vino una ola de delincuencia que impuso el terror, hubo matanzas, luego vino la ola de Luciano, jefe de una banda; la gente se unió y a todos los corrimos, pero yo tuve que irme de la isla, un día quisieron meterse en mi casa, hubo una balacera todo el día, llamé a la Policía y nunca llegó, tuve que huir en un tráiler que me sacó de aquí”.
Inés Santos, fundación Nía Kali
Durante un tiempo, Inés vivió con su suegra mientras su casa fue invadida, destruida y convertida en sitio de venta y consumo de droga. Los vecinos le decían que no regrese, que su vida corría peligro, pero Inés no se doblegó. Decidió luchar por su hija, su mayor y único tesoro luego de que su esposo fuera asesinado por piratas de mar mientras trabajaba como pescador.
"Soy una hija de Dios"
Con la tristeza y el miedo a cuestas, acechando en las noches solitarias, ella siguió adelante. “Soy una hija de Dios”, responde cuando le preguntan si tiene alguna religión y enseguida brota una sonrisa siempre fresca, siempre sincera, a pesar de las adversidades.
Inés regresó a su casa en 2012, junto a su hija, que entonces tenía 16 años. No había casa. Su hogar se había convertido en guarida, pero no importó. Comenzó de cero. Evitó una demolición pedida por los moradores cansados de la inseguridad del lugar, hizo trámites en el municipio y recuperó la vetusta vivienda para comenzar su reconstrucción.

Trabajaba en dos lugares para reunir el dinero que necesitaba para levantar su casa. De 07:00 a 15:00, cocinaba en un comedor; y desde las 16:00 hasta las 21:00 ayudaba en un negocio de venta de jugos, mientras su hija estudiaba.
Su mundo se vino abajo
Una madrugada de 2013, su vida, otra vez, se desmoronó. Entre lágrimas, su hija le contó que una tarde en que Inés había salido a comprar en el mercado de la Caraguay, ella había sufrido de abuso en su propia casa, y que lo había callado porque la habían amenazado con matarla.
“Esa madrugada se cayó mi mundo. Yo había luchado por tener un lugar seguro y en mi propia casa había pasado esto, yo quería salir a buscar a este tipo, puse denuncia, la examinaron, se comprobó el abuso”.
Inés Santos, fundación Nía Kali
Pese al apoyo de una abogada comprometida con su lucha, Inés perdió el juicio, porque el día de la audiencia el juez expulsó a su abogada y le asignaron una defensora pública que pidió para Inés una indemnización. Inés se enfureció.
“Yo reclamé que no quería eso, que quería la prisión, pero el juez me dijo ‘cállese o la mando a sacar’, mi hija comenzó a convulsionar en plena audiencia y tuve que salir del juzgado. Pasé tres semanas con mi hija en el hospital, luego supe que el juez había decidido que como había un ‘producto’ solo tenía que dar manutención”, cuenta indignada Inés.
Su hija decidió tener al bebé, pero no lo aceptaba e incluso dijo que ella "intentó quitarse la vida” en dos ocasiones.

Fundación en honor a su hija
Ahí fue cuando Inés decidió capacitarse, participar en talleres sobre el abuso en la infancia, los derechos de las mujeres, la resiliencia, el acompañamiento a las víctimas de violencia. Y llevó también a su hija. Ahí nació la idea de “hacer algo para evitar la violencia en la comunidad” y para prevenir los abusos sexuales, que cada día aumentan en el país.
Hace una década, en 2015, se presentaron 5.670 denuncias por violación a escala nacional, un promedio de 16 abusos sexuales diariamente, según los registros estadísticos de la Fiscalía.
En 2025, las cifras se incrementaron a 7.129 denuncias, un aumento del 26%, y que equivale a 20 acusaciones por el delito de violación al día en Ecuador. En Guayas se presentaron 1.079 denuncias, de las cuales 631 correspondieron a Guayaquil.
“Les pido a las autoridades que den un acompañamiento a las victimas de violencia, antes y después; el post violencia es muy traumático y cuando estás sola acuden muchos demonios a tu cabeza que te pueden hacer perder el sentido, ahí se presentan suicidios”.
Inés Santos, fundación Nía Kali
La Fundación Nía Kali surgió por su hija. Luego de capacitarse, Inés se volvió voluntaria de las organizaciones que luchan contra la violencia y en su casa abrió un centro de control de tareas para menores en edad escolar, que luego se convirtió en un espacio para promover la paz.

Lejos de que la pandemia cortara sus alas, Inés recibió más chicos que llegaban huyendo de la violencia que el encierro provocaba en sus hogares. Con actividades lúdicas, juegos, música y refrigerios donados por los vecinos, Inés y su hija comenzaron a conectar con los jóvenes.
Un amigo de su hija prestó su computadora y comenzaron a armar una base de datos con los nombres de los niños y, poco a poco, su labor se conoció en el Trinipuerto.
La 'revolución' había comenzado
Más donaciones llegaron y, cuando menos esperaba, organizaciones sociales de Guayaquil descubrieron “la revolución que había comenzado”, y la apoyaron con recursos, con proyectos, con sillas, instrumentos musicales, incluso la remodelación completa de su fundación, en 2023.
Un año después, Inés y su hija, hoy convertida en lideresa juvenil de la fundación, de rodillas lloraron de alegría al conocer que su lucha para defender a una joven que había sufrió abuso sexual en Ibarra había logrado una sentencia de 19 años para el agresor.
“Caí en el piso de rodillas, era como ver reflejado ahí el caso de mi hija, la sentencia que no logré para ella. Fue la mayor satisfacción que he tenido, así también otras, al haber logrado que el municipio de Guayaquil creera la Gerencia de Reconstrucción del Tejido Social, para que haya un espacio donde un psicólogo atienda a las víctimas de violencia y sus familias”.
Inés Santos, fundación Nía Kali
La Tía Inés y su fundación fueron elegidas en 2024 como beneficiarias del programa Mujeres que Restauran, una estrategia de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), y en marzo del 2025 Inés fue designada como Mujer del Año por una revista nacional.
Día a día, Nía Kali, su ‘propósito intenso’, sigue sembrando y cambiando vidas en el corazón de la Trinitaria. En un mural, en la entrada de su casa, Inés muestra las frases escritas por sus chicos, algunos ya crecidos y universitarios: “A este mundo lo mueve el amor”, “Dios nos protege”, y “Todo lo que nos proponemos, lo podemos lograr”.
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