Bailar, organizarse y quedarse, la receta ciudadana para devolverles la vida a espacios públicos de Guayaquil en 2026
Desde el centro hasta el suburbio de Guayaquil, iniciativas ciudadanas intentan devolverles la vida a espacios públicos marcados por el miedo y el abandono.

Asistentes a un baile al aire libre en la calle Imbabura, sector conocido como la calle Panamá, en el centro de Guayaquil, el viernes 21 de noviembre de 2025.
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Guayaquil está buscando cómo volver a encontrarse en la calle. No como un espacio de paso —cruzar rápido, mirar al suelo, llegar a casa— sino como un lugar para quedarse.
En una ciudad atravesada por el miedo, la recuperación del espacio público se ha convertido en una disputa cotidiana, impulsada no solo desde el Municipio y el Gobierno, sino también desde colectivos culturales y organizaciones barriales.
Recuperar la calle desde la cultura: el caso de la calle Panamá
En el centro de la ciudad, la calle Panamá refleja una paradoja: pese a los esfuerzos por reactivarla, sigue sin alcanzar la dinámica que se esperaría de un espacio del casco histórico, sobre todo en las noches.
Ana Rivas, fundadora de Conciencia Positiva, vive en el sector desde hace años y resume el punto de partida con una frase directa: “la calle Panamá estaba muerta”.
Según cuenta, pese a su valor turístico y patrimonial, el abandono, la falta de iluminación y el temor a robos hicieron que la gente dejara de salir, incluso en horarios tempranos.
Desde ahí nació “Baila la calle”, una propuesta que buscó reapropiarse de la vía pública desde la cultura y el movimiento. Para Rivas, el desafío no era solo organizar un evento, sino romper una dinámica instalada: calles pensadas para circular, no para habitar.
“La propuesta era decirle a la comunidad que sí es posible habitar la calle, bailar al aire libre y generar cultura sin miedo”.
Ana Rivas, fundadora de Conciencia Positiva
Sin embargo, advierte que estas iniciativas no se sostienen solo con voluntad. La experiencia le dejó claro que sin condiciones mínimas el espacio vuelve a apagarse.
Lo dice sin rodeos: “tachos y baños”. Para ella, la infraestructura básica es clave para que la recuperación no sea solo episódica.
Suburbio de Guayaquil: recuperar espacios públicos en medio del crimen organizado
El escenario es distinto en el Suburbio, donde el problema no es la ausencia de gente, sino la presencia constante del crimen organizado.
Guillermo Leones, presidente de la Federación de Barrios Suburbanos, describe territorios marcados por el microtráfico, el reclutamiento de niños y adolescentes y la disputa de control por parte de grupos delictivos.
En ese contexto, explica, recuperar espacios no es solo una cuestión cultural, sino una estrategia de contención social.
“Cuando la gente no se organiza, otros ocupan el territorio y lo controlan, incluso con actividades que parecen ‘trabajo social’".
Guillermo Leones, presidente de la Federación de Barrios Suburbanos
Leones insiste en que la solución no puede imponerse desde fuera. Habla de la necesidad de una “política pública de abajo hacia arriba”, construida desde las organizaciones del territorio.
Uno de los ejemplos que plantea es la antigua escuela fiscal Shyri Cacha, hoy reducida —según describe— a escombros y foco de consumo. La propuesta es convertir ese terreno en un complejo comunitario y deportivo que ofrezca alternativas reales a niños y jóvenes que hoy no tienen dónde estar.
Más allá de los proyectos en espera, Leones señala que la federación ya ha impulsado acciones concretas para reactivar espacios barriales.
Una de ellas es el “Carretón de la Alegría”, una iniciativa comunitaria que busca recuperar parques del Suburbio a través de talleres, actividades culturales y programación artística periódica, organizada junto a comités barriales y colectivos locales.
Organización barrial para enfrentar el abandono y la oscuridad
En el barrio del Salado, en cambio, la amenaza no se expresó históricamente en altos índices de violencia armada, sino en el deterioro progresivo del entorno.
Gustavo Rivadeneira, presidente fundador del Comité de Moradores del barrio del Salado, cuenta que la oscuridad, la prostitución y el abandono de casas patrimoniales iban empujando al sector hacia una lenta degradación, pese a su valor histórico y cultural.
“Si la ciudadanía no se organiza, no hay quien reporte, presione ni defienda el espacio”.
Gustavo Rivadeneira, dirigente barrial
De acuerdo con Rivadeneira, la respuesta fue la organización vecinal. Primero, para frenar la demolición de viviendas antiguas y lograr la declaratoria patrimonial.
Luego, para sostener el espacio en el tiempo: iluminación permanente, control comunitario del aseo y presión constante a las instituciones cuando algo falla.
En su experiencia, mantener las fachadas limpias, evitar la acumulación de basura y corregir prácticas que deterioran el entorno son parte de una estrategia que busca que el barrio no vuelva a convertirse en un espacio abandonado.
Según los testimonios, cuando la gente vuelve, el espacio cambia. Ya sea a través de la danza, el deporte o la organización barrial, la presencia cotidiana se convierte en la primera forma de cuidado y en una barrera frente al abandono.
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