ESPECIAL | Guayaquil en cinco sentidos: La piel, el sabor y la memoria de una ciudad viva
Este 25 de julio, Guayaquil conmemora sus 491 años con madera de guerrero. Sus calles mantienen el calor de una ciudad que ha vencido incendios, piratas y crisis, y que hoy sigue de pie con orgullo.
PRIMICIAS recorrió sus barrios en un especial de colores, sabores y sonidos que celebran la esencia guayaquileña. Una muestra de la fuerza e identidad de nuestra gente al festejar la fundación de la Perla del Pacífico.
Hemos seleccionado el color del roble, la madera de los astilleros, que simboliza la fuerza y resiliencia de sus habitantes.

Un recorrido sensorial por Guayaquil
Una ciudad que se apodera de los sentidos
A Guayaquil se la siente en la piel y en el alma. Sonidos, sabores, colores y texturas son la combinación perfecta de una ciudad que despierta los sentidos. Un encebollado ‘pega’ a toda hora, pero el bolón solo en el desayuno.
Es que a Guayaquil se lo toca con pasión, se la escucha a ‘grito pelado’, se la saborea con menestra y carne y se la ve colorida desde cualquier punto. ¿O no, ñaño?
Oído · Así suena Guayaquil
Grillos, canarios, loros, salsa y reguetón, son los sonidos que envuelven a la ciudad.
Pregones de vendedores, rugir de motores y contrastes sonoros de los mercados componen una melodía que retumba al ritmo único y apasionado de su gente.
Un día por Guayaquil
Guión Así se escucha Guayaquil
Seis y media de la mañana. A lo lejos se escucha el repicar de un canario. Pero la paz dura poco, mi pana. Escucha. como se acerca el despertador oficial del barrio, abriéndose paso entre las cuadras.
Una vecina pasa puntual cada mañana con su carretita anunciando en un megáfono sus tortillas de verde listas para freír.
Uno de los perros más territoriales de la cuadra le ladra y la embiste con ganas renovadas cada mañana. Y ella lleva un paraguas para espantarlo e intercambia sonrisas con los transeúntes, al que el caniche furibundo también logra embestir y asustar.
Las mañanas de Guayaquil también suenan a grillos y delicadas aves con el fondo de una niña corriendo en el Malecón.
Dicen que el calor no se escucha. Pero en Guayaquil sí. Suena en los motores que rugen sobre el asfalto. En los ventiladores que giran sin descanso. En el hielo que se rompe para enfriar una bebida.
Los sonidos del tradicional mercado de Sauces 9 van por ahí, golpes, una superposición de murmullos y silbidos.
En los exteriores del terminal terrestre la congestión vehicular se traduce en el resplido y en el chiflido de los buses interminables que llegan o se van.
Con la llegada de la tarde, Guayaquil baja un cambio. Las sombras se alargan y el aire se llena de otros sonidos.
Es la hora del "visaje", del paseo sin rumbo, de ver a las parejas de novios compartiendo un mango con sal y limón en las bancas de madera, esquivando la mirada de los guardias del parque.
En el sector comercial de la Bahía, el nervio del comercio popular de la ciudad, los murmullos indescifrables se mezclan con fragmentos de reguetón y el graznido de los loros en lo alto de las palmeras de la avenida Olmedo.
La congestión de la hora pico para volver a casa se palita en el sonido de sirenas de ambulancia.
Los pregones comerciales parecen una banda sonora de fondo en la ciudad. Al caer la tarde vuelven a los barrios los comerciantes con sus altoparlantes, que te sugieren jocosamente que ya no comas pan, porque llegó el verde, el plátano verde cada vez más encarecido.
Y en las casas una música con un pegajoso ritmo tropical -el jingle de Urvaseo- se vuelve de noche el aviso para salir corriendo a sacar la basura, en medio de los acelerones del camión “Corre ñaña corre”.
En el mercado de la Caraguay, al sur de la ciudad, la voz que te ofrece camarón o una tina a dólar se confunde con el martillar de los machetes que cortan el atún.
Y suena apagado en un altoparlante un clásico de la salsa romántica "Si me ves llorar", de David Pabón.
En el barrio un vecino vuelve a casa y el tintineo de las llaves pone a ladrar de emoción a su perrita.
El hombre silva y tararea también una vieja balada en versión salsa, “tu me estás volviendo loco, corazón”
Vista · Guayaquil por tus ojos
La comunidad de PRIMICIAS en Guayaquil nos muestra la belleza de su día a día. Una mirada colectiva e inspiradora que captura la esencia, los paisajes y la luz única con la que cada guayaquileño contempla su ciudad.




Olfato · ¿A qué huele Guayaquil?
¿A qué huele Guayaquil? A café recién pasado, comida de hueca y brisa de río. También a manglar, lodo y al estero que la atraviesa dejando una huella inconfundible. Algo muy nuestro, de aquí y, para bien o para mal, bien guayaco.
Gusto · El sabor insigne
¿Encebollado con pan o chifles? Con las dos, jamás canguil se dice en Guayaquil.
Cada rincón de esta ciudad tiene 'jama': arroz con menestra y carne, caldo de salchicha que hace sudar o un bolón de verde (mixto o queso) con café de altura.
Tacto · Las texturas de la ciudad
En Guayaquil no hay pierde. Se la toca con guitarra, rumba y pasión, como en un clásico del Astillero, que llena estadios y despierta el amor por el amarillo y el azul eléctrico. Texturas que alimentan el corazón del visitante.

La memoria de una ciudad
La ciudad del Cerro Santa Ana
Tras varios traslados, Guayaquil se asentó el 25 de julio de 1535 en el cerro Santa Ana.
De 60 familias pasó a tres millones de habitantes: una historia de mestizaje y comercio entre indígenas y colonos que forjó el alma guayaca.

El veredicto
¿Cuánto de Guayaquil llevas encima?
Ponte a prueba con estas 5 preguntas para saber qué tan guayaco eres
Sabores, dichos y calle. Al final sabrás qué tan guayaquileño eres y podrás conocerlo.
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