Una ocupación prehispánica de más de 1.000 años de antigüedad se confirma en el noroeste de Guayaquil
Investigaciones que se extendieron por dos años identificaron restos de cerámica, herramientas de piedra y evidencias de agricultura y textiles en el campus universitario de la Espol. Las culturas Milagro-Quevedo y Huancavilca habitaron los cerros del noroeste de la ciudad. Esto pasa en Guayaquil.
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El noroeste de Guayaquil conserva evidencias de una ocupación humana continua de más de 1.000 años de antigüedad. Investigaciones arqueológicas desarrolladas en el campus Gustavo Galindo Velasco de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) confirmaron la presencia de asentamientos prehispánicos vinculados a las culturas Milagro-Quevedo y Huancavilca, que habitaron la zona entre el año 500 d.C. y la llegada de los españoles en 1532.
Los hallazgos son el resultado de un proyecto iniciado formalmente en 2023 por docentes, estudiantes e investigadores de la carrera de Arqueología de la Espol, con autorización del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC).
El estudio combinó análisis del territorio, revisión de imágenes satelitales, cartografía histórica, recorridos pedestres con estudiantes y excavaciones controladas en tres puntos del sector conocido como Bosque de los Sueños, dentro del campus universitario, ubicado en el sector de la Prosperina.
Cerámica, herramientas y evidencias de una vida organizada
En las temporadas de campo se identificaron fragmentos de cerámica de uso cotidiano, herramientas líticas (de piedra) para cortar y un tortero completo usado para hilar, un objeto clave que da cuenta de prácticas textiles y de una vida doméstica en los cerros boscosos del noroeste de la ciudad.
“Encontramos material perteneciente a diferentes filiaciones culturales: Milagro-Quevedo y Huancavilca. Los fragmentos cerámicos corresponden principalmente a vasijas utilitarias, usadas para cocinar y almacenar alimentos, y también hallamos torteros que servían para la producción de hilos y vestimenta”, explicó Diana Cotapo, técnica docente de la carrera de Arqueología de la Espol.
Aunque no se recuperaron textiles completos ni piezas cerámicas intactas -con excepción del tortero-, el análisis de bordes, decoraciones, técnicas de manufactura y tratamientos de superficie permitió reconstruir las formas y funciones originales de los objetos, confirmando su uso cotidiano.

Agricultura y aprovechamiento del entorno
Los estudios incluyeron análisis arqueobotánicos realizados en laboratorio. Según Álvaro Mora, analista de arqueobotánica de la Espol, se identificaron en la cerámica microrrestos vegetales como almidones de maíz y yuca, lo que evidencia prácticas agricolas y el cultivo de plantas en el mismo territorio.
“El hallazgo de maíz nos indica producción local. Estas sociedades no solo recolectaban, sino que cultivaban y aprovechaban de manera estratégica el entorno”, señaló Mora.
Las ocupaciones se concentraron en zonas elevadas, una elección que habría permitido evitar inundaciones estacionales. Además, se identificaron áreas aterrazadas o apisonadas en las partes altas del campus, lo que sugiere modificaciones deliberadas del terreno para vivienda o cultivo.

Un espacio de interacción entre culturas
El estudio también plantea que el actual campus universitario fue un espacio de interacción entre dos grupos culturales con características distintas. Mientras las crónicas coloniales describen a los Milagro-Quevedo -también conocidos como chonos- como beligerantes, los huancavilcas destacan por su vocación abierta comercial y el dominio de rutas marítimas que se extendían hasta Mesoamérica.
“Este fue un lugar de intercambio de ideas, tecnologías y conocimientos. Creemos que las dos culturas interactuaron en estos cerros en un sistema social y tecnológico adaptado al territorio”, subrayó Cotapo.
Tras la finalización del proyecto y la aprobación del informe por parte del INPC, los cateos fueron cerrados conforme a los protocolos oficiales y los materiales arqueológicos quedaron bajo custodia estatal en la reserva patrimonial del INPC en Quito.
Para los investigadores, el hallazgo reafirma que espacios como el campus de la ESPOL no solo generan conocimiento en el presente, sino que resguardan la memoria de quienes habitaron el territorio hace más de un milenio. Se se trata de sociedades que compartieron tecnologías y conocimientos en un cadena montañosa de bosques protectores que incluyen Cerro Prosperina, Cerro Azul y Cerro Blanco.
El equipo prevé que esta investigación sea el punto de partida para nuevas fases de estudio orientadas a identificar más sitios, profundizar en los modos de vida prehispánicos y fortalecer la protección del patrimonio cultural en el Bosque Protector Prosperina.
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