‘Evita esta calle’, ‘no salgas ahora’, ‘están en Walmart’; así impactan en la rutina diaria de migrantes las redadas del ICE en Estados Unidos
Las redadas y deportaciones de ICE han vuelto a vaciar calles y negocios en comunidades migrantes de Estados Unidos. En barrios con fuerte presencia ecuatoriana, el miedo está obligando a reorganizar la economía, los trayectos y la vida cotidiana.

Agentes del ICE se retiran de una residencia, donde buscaban a una persona en Minneapolis, el 28 de enero de 2026.
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NUEVA YORK. A las once de la mañana, la tienda de Don Tony sigue abierta pero vacía. Las luces están encendidas, las neveras zumban, las frutas reposan en cajas bien acomodadas. No hay fila. Tampoco hay ruido. El dueño del grocery se apoya en el mostrador y mira hacia la puerta con una atención que antes reservaba para la caja registradora.
Hasta hace unas semanas, este pequeño negocio latino ubicado en una zona de New Jersey podía mover entre 300 y 500 dólares diarios. “No es una fortuna, pero alcanzaba para pagar proveedores, cubrir la renta y sostener a la familia”, admite. Hoy el ingreso es impredecible. Algunos días entra alguien a comprar pan o leche. Otros, nadie cruza la puerta. El problema no es la falta de clientes, es el miedo a ser vistos entrando.
El cambio obligó a improvisar. El grocery activó un sistema de delivery que nunca había necesitado. Pedidos por WhatsApp, entregas rápidas, bolsas sin logo. La tienda sigue vendiendo, pero ya no espera a la gente. Sale a buscarla, casa por casa, cuadra por cuadra, como si la economía del barrio también hubiera aprendido a moverse en silencio.
El dueño no habla de redadas ni del ICE, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, la entidad federal que está en el centro de la polémica en Estados Unidos. Sus métodos, sobre todo los de las últimas semanas en la ciudad de Minneapolis -donde ya han muerto dos activistas en incidentes directos con sus agentes- han generado un encendido debate en el país.
A Don Tony no le hace falta hablar de ello. Dice que sus clientes ahora preguntan menos precios y más horarios. “Don Tony, a qué hora es seguro salir”. “Qué día hay menos movimiento en la calle”. La conversación cambió y con ella, la forma de sostener el negocio.

Menos ventas y llamados de alerta
El impacto no se queda en la tienda. René Gómez, un distribuidor de productos latinos, que abastece a groceries y supermercados en varios barrios migrantes en Queens, también siente el golpe. “Los pedidos ya no llegan con la misma frecuencia. Antes, los tenderos compraban semanalmente”. Ahora estiran el inventario, reducen cantidades, esperan. No porque vendan menos productos, sino porque venden más despacio. ‘Mucho más despacio’.
El distribuidor explica que el ciclo de compra se ha alargado. Donde antes había reposición constante, como el yogurt, queso, verdes, maduros, entre otros productos ecuatorianos, ahora hay cautela. Cada pedido se piensa dos veces. Cada caja que entra debe durar más días. La cadena se tensa desde el último eslabón hasta el primero.
A varias calles de ahí, un hombre sale de su trabajo a las dos de la tarde. Conduce hacia su casa como todos los días, hasta que el teléfono vibra. Un vecino lo ve desde una ventana y le escribe. Le dice que no regrese. Que no entre a la cuadra. Que hay movimiento extraño. Que avise a su esposa. Que los niños no vuelvan a casa con ella.
El mensaje altera toda la semana. El regreso se suspende, la rutina familiar se reorganiza en minutos. Otra persona recoge a los niños de la escuela. La esposa se queda dónde está. La casa permanece cerrada. Ese día, él ni su familia volvieron, tampoco al siguiente.

Lo ocurrido en Minnesota la semana pasada terminó de encender las alarmas. La noticia corrió más rápido que cualquier comunicado oficial. Las imágenes, los relatos, los nombres que circularon en grupos privados tuvieron un efecto inmediato en otros estados. Nueva York y Nueva Jersey no estaban lejos de ese escenario. Emocionalmente, estaban al lado.
Desde entonces, los celulares suenan distinto. Los mensajes ya no son solo saludos o pedidos. Son avisos, recomendaciones, alertas breves que cambian trayectorias completas. ‘Evita esta calle’. ‘No salgas ahora’. ‘Están ahora en Walmart’. ‘Espera’.
El barrio no se paraliza. Se repliega. Ajusta horarios, modifica rutas, reduce compras presenciales. La vida cotidiana sigue, pero lo hace hacia adentro, como si aprender a sobrevivir implicara volverse menos visible. En esa retracción silenciosa empieza a dibujarse algo más grande: “No es solo miedo, es una reorganización completa de la forma de vivir, trabajar y circular” dice Don Tony. Lo que parece quietud es, en realidad, movimiento contenido. “Y apenas parece ser el comienzo”.
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