Crisis Estados Unidos- Venezuela | Cuál es la estrategia geopolítica de Donald Trump para América Latina y qué rol juega Ecuador
Después de la detención de Nicolás Maduro, Washington reveló que su objetivo es tener “acceso total” al petróleo venezolano. Y lanzó una advertencia geopolítica: "este es NUESTRO hemisferio".

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con la prensa dentro del avión presidencial, de camino a Washington, el 4 de enero de 2026.
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AFP
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La captura y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos terminó de romper a Latinoamérica entre los gobernantes que celebran el fin del mandato del chavista y quienes denuncian como ilegales las acciones de la Casa Blanca.
Mientras tanto, el presidente Donald Trump dio el primer gran paso de su estrategia geopolítica en el continente. Previamente, habían sido amenazas verbales a Canadá, Groenlandia y Panamá. Esta vez, Washington pasó a la acción y en una precisa operación militar bombardeó varios puntos venezolanos y se llevó por la fuerza a Maduro y su esposa.
Con el éxito de esa misión, el discurso mutó rápidamente, de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado al acceso total a las reservas petroleras de Venezuela, el manejo temporal del país y la advertencia de peores represalias para quien se oponga.
Después de la audiencia de Maduro, por una presunta conspiración narcoterrorista y otros cargos, el Departamento de Estado publicó una imagen de Trump con un mensaje claro: "este es NUESTRO hemisferio".
Esto ya no es sólo un pulso con potencias como Rusia y China, que tenían extensas relaciones con el chavismo, sino que se convierte en una advertencia para los gobiernos de la región, especialmente para aquellos que entienden las implicaciones del discurso y de la maniobra del gobierno republicano.
En la Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, presentada a inicios de diciembre de 2025, Trump oficializó el renacer de la doctrina Monroe de 1823, pero bajo su propio estilo. Sin embargo, esa política del expresidente James Monroe no despierta buenos recuerdos para Latinoamérica.
Las acciones de Washington en el siglo XIX marcaron una larga época de intervencionismo que dio nacimiento a las cruentas dictaduras militares que gobernaron la mayoría de países del continente, para evitar la llegada o permanencia en el poder de gobernantes progresistas, o de izquierda.
La estrategia de la Casa Blanca
¿Qué dice exactamente la Estrategia Nacional de Seguridad? El documento difundido por el Gobierno de Estados Unidos habla de defender 'América' de cualquier ataque militar o influencia extranjera hostil, desde espionaje y tráfico de drogas, hasta "propaganda destructiva y operaciones de influencia o subversión cultural".
Entre sus objetivos o intereses declarados, literalmente, para el continente están:
- Garantizar que el Hemisferio Occidental se mantenga razonablemente estable y suficientemente bien gobernado para prevenir y desalentar la migración masiva a Estados Unidos.
- Establecer o expandir acceso a ubicaciones geográficas estratégicas en toda la región.
- Reclutar "campeones" regionales que puedan ayudar a crear una estabilidad tolerable en la región, incluso más allá de las fronteras de esos socios.
- Que los gobiernos cooperen contra los narcoterroristas, cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales.
- Reajustar la presencia militar para enfrentar amenazas urgentes en el Hemisferio.
- Tener un hemisferio libre de incursiones extranjeras hostiles o que tengan la propiedad de activos clave, y que apoye las cadenas de suministro cruciales.
El primer camino, en el papel, era el conocido como 'poder blando' ("soft power"), para ejercer influencia positiva en el mundo, a favor de sus propios intereses.
Podría decirse que esa estrategia es la que han venido utilizando en Argentina, Ecuador y El Salvador, a los que han ofrecido prebendas a cambio de su colaboración incondicional, especialmente, en materia de seguridad.
Por ejemplo, a cambio de buena voluntad y cooperación bilateral, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa ratificó dos de los tres acuerdos militares negociados por Guillermo Lasso, que permiten que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos realicen operaciones en Ecuador y mantengan inmunidad.
Esto permitió que, pese al fracaso en las urnas de su propuesta de entregar bases militares a terceros países, Estados Unidos pueda desplegar personal de su Fuerza Aérea, helicópteros y equipo de índole militar en la base aérea de Manta, en Manabí, el 15 de diciembre.
Ese mismo día, el gobierno de Donald Trump seducía a dos aliados más en Sudamérica, Paraguay y Perú, para cerrar acuerdos militares similares, para el despliegue de tropas estadounidenses, bajo el argumento de la lucha contra el crimen transnacional.
Todo esto sucedió justo días antes de las festividades, en las que la Casa Blanca tenía previsto ejecutar su ataque a Venezuela, para detener a Maduro. Sin embargo, por problemas climáticos, la operación militar fue retrasada hasta el 3 de enero de 2026.
Las autoridades estadounidenses se jactaron de que las 150 aeronaves que participaron despegaron de 20 bases aéreas alrededor del Hemisferio Occidental. Esto demuestra que Trump no bromeaba al hablar de "paz por la fuerza".
En su Estrategia Nacional de Seguridad, Washington explica que aunque la Declaración de Independencia de Estados Unidos habla de una predisposición a la no intervención en terceros países, los intereses actuales del país impiden que esa sea una postura rígida, por lo que hablan de una intervención justificada.
Ese es el escenario en Venezuela, para Donald Trump y sus funcionarios, la intervención era necesaria para proteger los intereses de Estados Unidos. Y, más allá de la controversia y preocupaciones, que causó el ataque a Caracas, la Casa Blanca está utilizando el golpe de efecto para lanzar advertencias a Colombia, Cuba, México y hasta Dinamarca (Groenlandia) e Irán.
Latinoamérica sin consensos mínimos
Varios de los 'nuevos' gobiernos de la región apuestan por "alejarse de las ideologías". Pero, aunque quieran alejarse de las etiquetas, sus discursos y acciones los ubican en el espectro conservador y de la derecha.
Se trata de las figuras que buscan la constante aprobación de Donald Trump, sea a través de la firma de acuerdos bilaterales a medida o incluso la recepción de migrantes irregulares de terceros países, que son expulsados de Estados Unidos. En ese contexto, la captura de Maduro no es la excepción.
En el campo de la derecha, los presidentes de Argentina, Javier Milei; Ecuador, Daniel Noboa; y El Salvador, Nayib Bukele, celebraron la caída de Maduro, a quien tacharon de "narcoterrorista", en línea con el discurso usado por el gobierno del norteamericano, a quien consideran un aliado.
Del otro lado, en las filas de la izquierda regional, los líderes de Brasil, Lula da Silva; Chile, Gabriel Boric; Colombia, Gustavo Petro; y México, Claudia Sheinbaum, condenaron la acción y defendieron la soberanía venezolana.
Esto se reflejó en la reunión de última hora de la decadente Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) convocada para tratar el ataque. La cita fue a nivel ministerial, por videoconferencia y terminó sin consenso, pese a que la operación militar ordenada por Washington bombardeó una capital latinoamericana.
El escenario favorece los planes de Trump, que ha ido poco a poco afianzando esa división de ideologías que fragmentan al continente desde hace décadas. A diferencia de su mandato anterior, el magnate estadounidense ya no es tímido con sus objetivos geopolíticos.
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