La desconcertante política internacional de Donald Trump, ¿para dónde va Estados Unidos?
El ataque a Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, pero sin derrocar al Régimen chavista, plantea opiniones diversas sobre la política internacional de Estados Unidos y el presidente Donald Trump.

Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU., habla en Mar-a-Lago Club, Palm Beach, con el presidente Donald Trump a su lado.
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EFE
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Lo que pasó el 3 de enero, con fuerzas militares de Estados Unidos entrando a Venezuela, capturando a Nicolás Maduro para llevarlo a Nueva York y eliminando al círculo de seguridad del presidente venezolano en el proceso, tiene a la opinión pública debatiendo sobre las acciones del presidente Donald Trump. ¿Hizo lo correcto? ¿Fue un ataque ilegal? ¿Para dónde va Estados Unidos, cuál es su posición en el mundo? ¿Y dónde quedó su oferta de campaña de frenar guerras en lugar de desatarlas?
Los medios estadounidenses lucen desconcertados. Para el Comité Editorial de The New York Times, el ataque a Venezuela fue "ilegal e imprudente", debido a que Trump no acudió al Congreso de Estados Unidos para informar y pedir permiso.
En cambio, The Washington Post, en un editorial, celebró que la operación en Venezuela demuestra que el poderío estadounidense "no tiene parangón" y que Trump cumple lo que promete cuando presionó a Maduro abandonar el país: el chavista ha recibido su merecido.
Los Angeles Times vislumbra, con este ataque, una redefinición de la doctrina de intervención y control de recursos de Estados Unidos en el hemisferio, y en especial América Latina.
Pero todos se preguntan si este ataque a Venezuela encaja en la política de MAGA (Make America Great Again) que sostiene a Trump y si realmente ayuda a la seguridad de Estados Unidos.
El reclamo principal está en que Trump ha renegado durante toda su carrera política del llamado 'deep state' y de los asesores del expresidente George W. Bush que impulsaron la invasión de Irak en 2003. Trump los acusó de derrochar dinero y vidas humanas en un lugar lejano de Estados Unidos, pero ahora hace precisamente eso: atacar y derrocar a un gobernante petrolero.
Pero el desconcierto aumenta porque Trump no derrocó al Régimen chavista, solo arrestó (o secuestró, depende del punto de vista) a Maduro y su esposa. Al contrario de lo ocurrido durante la invasión de Irak, cuando la Administración de Georg W. Bush se deshizo por completo del partido Baaz de Sadam Huseín, Trump parece estar dialogando con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta que ha quedado como presidenta encargada.
Trump no descartó, en sus declaraciones del 3 de enero, ni enviar tropas ni una presencia larga para estabilizar Venezuela, y señaló que está dispuesto a gobernarla. Sí, a gobernarla, como pasó con Irak, experiencia nefasta pues, sin Sadam Huseín, el islamismo radical se abrió paso en el país.
El mismo Trump, en rueda de prensa, explicó esta actitud suya cuando se le preguntó por qué gobernar un país en Sudamérica encaja en su política de "Estados Unidos primero".
"Queremos rodearnos de buenos vecinos. Queremos rodearnos de estabilidad. Queremos rodearnos de energía. Tenemos una energía tremenda en ese país. Es muy importante que la protejamos. La necesitamos para nosotros mismos. La necesitamos para el mundo, y queremos asegurarnos de poder protegerla"
Donald Trump, presidente de Estados Unidos
Hay que caer en cuanta en un detalle: este golpe relámpago para capturar a Nicolás Maduro no es el preludio de una invasión, si no una demostración de la filosofía 'FAFO', un acrónimo que se traduce en 'joder y vas a ver' (fuck around and find out) y que repitieron varias veces el secretario de Estado, Marco Rubio, y el de Guerra, Pete Hegseth, en sus charlas con la prensa tras la captura de Maduro.
También es interesante que Trump y sus funcionarios no se andan eufemismos. La ambición económica es explícita. Trump afirmó que las grandes compañías petroleras regresarán a Venezuela para invertir "miles de millones de dólares". Según su visión, el control estadounidense sobre la infraestructura petrolera garantizará tanto la recuperación de Venezuela como el beneficio financiero para los inversores.
Pero Marco Rubio ha sido más explícito incluso, al decir que no es posible que "las mayores reservas de petróleo del mundo estén bajo el control de adversarios de Estados Unidos". En otras palabras, Trump lleva al extremo la famosa Doctrina Monroe, así que la pregunta es hasta dónde seguirá.
Es sabido que uno de los objetivos de Trump y de Rubio es acabar con las tiranías de izquierda en América Latina, y han empezado por Venezuela, que financia a la monarquía de los Ortega en Nicaragua y a la larga dictadura comunista de Cuba. Con eso, se derribará a aliados de Irán, Rusia y sobre todo de China, a la que desea sacar de América Latina.
También es conocido que Trump no planea perder tiempo, porque solo estará tres años más en la Casa Blanca. En solo un año de gestión ha trastornado al mundo y todo indica que no piensa detenerse en imponer su visión de las cosas al resto del planeta.
Y eso incluye desairar a sus aliados. Pese a que los gobiernos de derecha de América Latina esperaban que Estados Unidos apoyase a que Edmundo González Urrutia asuma el poder en Venezuela en su calidad de presidente electo y víctima de una usurpación, eso no pasó. Rubio explicó que la oposición venezolana, liderada por María Corina Machado, no está en condiciones de asumir el poder porque se encuentra en el exilio.
¿Pragmatismo? ¿O hay algo más? Todos se preguntan qué tipo de acuerdos se habrán entretejido en secreto para la captura de Maduro, sin acabar con el resto del chavismo. La respuesta, por el momento, huele a petróleo.
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