Terremoto en Colombia: Rescatistas sacan a una mujer atrapada bajo escombros de un hotel durante más de 35 horas
Las labores de rescate continúan en las ciudades más afectadas por el terremoto en Colombia en medio de las calles llenas de vidrios, pedazos de muros y cables colgando. Ya hay más de 200 fallecidos.

Rescatistas sacan de entre los escombros de un edificio a Daniela Largo en Pereira, Colombia, el 11 de agosto de 2026.
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AFP
Autor:
Redacción Primicias / AFP
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Socorristas y voluntarios colombianos rescataron con vida el martes 11 de agosto a una mujer de 32 años que quedó atrapada bajo los escombros de un edificio colapsado durante el terremoto de Colombia en la ciudad de Pereira, en medio de vítores y aplausos.
Mientras tanto, los equipos, agotados, siguen buscando sobrevivientes del terremoto más fuerte que ha sufrido el país este siglo.
La mujer, Daniela Largo, estuvo más de 35 horas bajo las ruinas de un hotel, hasta que salió en una camilla envuelta en una manta azul, mientras los equipos de rescate y los familiares gritaban de alegría.
El presidente colombiano Abelardo De la Espriella celebró el rescate con un mensaje en la red social X, en la que dijo que Largo "fue encontrada con vida después de siete horas de búsqueda. Una noticia que nos llena de esperanza y nos impulsa a seguir creyendo".
"Confiamos en nuestros rescatistas y en los caninos que trabajan sin descanso, día y noche, para encontrar a nuestros hermanos desaparecidos", expresó De la Espriella.
"Confiamos en Dios y en la incansable labor de nuestros equipos de rescate para que más colombianos sean encontrados con vida y puedan regresar a los brazos de sus familias", agregó.
El terremoto de magnitud 7,4 sacudió el lunes por la mañana a varias ciudades de la región cafetera y del Pacífico colombiano, dejando al menos 216 muertos, según las cifras más recientes revisadas a la baja.
Las labores de rescate avanzan en medio de las calles llenas de vidrios, pedazos de muros y cables colgando.
"En el momento que estábamos perdiendo las esperanzas, recibimos una llamada", dijo la madre de Largo, Sandra Milena Pérez, en Pereira.
Pérez explicó que un vecino oyó gritos de auxilio bajo los escombros y llamó a voluntarios y rescatistas profesionales para intentar salvarla.
En Pereira y Cali, las ciudades más afectadas, las familias duermen en los parques por el temor a las réplicas. Manzanas enteras quedaron reducidas a escombros.
"Con las manos, con guantes trabajamos en esto (...) Es triste ver que el tiempo se nos está pasando" para encontrar gente con vida, dijo Pablo César Ruiz, voluntario en Cali.
Búsqueda incansable de sobrevivientes

Beatriz Arcos estuvo cerca de una hora bajo las ruinas de su apartamento en Cali. Un muro le cayó encima. Fue atendida en el hospital y regresó a ver lo que quedó del edificio de tres pisos donde vivía.
"Es tan rápido que uno no puede ni explicar (...) Mi esposo sufrió, mi mamá también se golpeó las piernas", dijo aún dolorida en la espalda. Sentada frente a la edificación, espera que su hijo pueda rescatar documentos y pertenencias.
Los equipos de emergencia trabajaban con grúas, perros y maquinaria, mientras los voluntarios forman cadenas humanas para retirar los escombros a mano.
Varias instalaciones hospitalarias resultaron dañadas y muchos pacientes fueron atendidos en las aceras. Las escuelas públicas están cerradas.
Los vecinos se suman a los bomberos con picos y palas y escarban con las manos entre los escombros. Cada tanto los equipos de rescate se detienen para escuchar alguna señal de vida.
Ubicada en el turístico Eje Cafetero, Pereira es la segunda ciudad más golpeada con 72 fallecidos.
"Perdimos todo pero estamos vivos"
La mayoría de los 480.000 habitantes quedaron sin electricidad y poca conexión a internet. El martes recorrían las calles en motocicletas para constatar la magnitud del desastre. Pasan la noche a la intemperie por temor a las réplicas o porque sus viviendas están muy agrietadas.
"Es de película (...) como de terror porque es todo a oscuras, pero también es muy bonito la gente como se une", dijo Daniel Hernández, un tatuador y voluntario de 31 años.
En un parque se levanta hoy un refugio improvisado con carpas y colchones. En los supermercados escasea el agua y alimentos.
"Perdimos todo pero estamos vivos", dijo John Tabasco, un mesero de 23 años, junto a su mujer e hijo de siete meses.
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