Esta limusina rompió esquemas hace casi un siglo

Esta limusina rompió esquemas hace casi un siglo

El Škoda Hispano-Suiza tenía la última tecnología de la época: un poderoso motor de seis cilindros, servofreno con respuesta progresiva, velocidad punta de 130 kilómetros por hora, entre otros. Este vehículo se fabricó entre 1926 y 1929.

La lista de compradores de este modelo incluyó al fundador y primer presidente de Checoslovaquia Tomáš Garrigue Masaryk.

Pero aparte de los nombres destacados de sus compradores, las características técnicas del Škofda Hispano-Suiza también lo convirtieron en un modelo único.

En términos de materiales y artesanía, Škoda no hizo concesiones  en cuanto a la calidad: el motor ligero de gasolina en línea tenía seis cilindros y un cigüeñal con siete cojinetes.

Este se hacía a partir de un moldeado de 350 kilogramos que todavía pesaba 45 kilogramos tras un amplio proceso de mecanizado.

Además, la limusina de 2,7 toneladas tenía un servofreno. Utilizaba la energía cinética del vehículo y apoyaba de forma progresiva los frenos de tambor para mejorar su potencia de frenado.

Es decir que cuanta más presión se ejerciera en el pedal, mayor era la respuesta.

A diferencia de la mayoría de los servofrenos de la época, la respuesta de los cuales dependía de la presión del aceite o de la presión negativa en colector de aspiración del motor, los frenos del Škoda Hispano-Suiza se mantenían activos incluso con el motor apagado, un elemento de seguridad crucial.

Por otro lado, debe saber que el término “Suiza” hace referencia al país de origen del diseñador suizo Marc Birkigt, que creó uno de los coches de mayor calidad y técnicamente más innovadores de la época.

Noticias relacionadas