Souq Waqif, un sitio ideal para despertar los cinco sentidos en Qatar

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Autor:

EFE / Redacción Primicias

Actualizada:

7 Oct 2022 - 17:18

Vista de una de los callejones del zoco de Qatar. - Foto: EFE

Souq Waqif, un sitio ideal para despertar los cinco sentidos en Qatar

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EFE / Redacción Primicias

Actualizada:

7 Oct 2022 - 17:18

Doha, principal sede del Mundial de Qatar 2022, es una capital moderna de perfil futurista, en la que los rascacielos, calles y paseos remodelados al completo para el torneo, la sitúan en una urbe marcada por una perfección y pulcritud extrema, que contrastan con la tradición e historia de un pueblo de tribus migratorias que tiene en el zoco, el Souq Waqif, su corazón.

Pero como todo en Qatar, el zoco es también de reciente creación. Ideado a finales del siglo XIX como centro neurálgico de comercio e intercambios de ganado entre beduinos y comerciantes, el Souq Waqif (cuyo significado puede ser el de “mercado de a pie”) se terminó en 2008 y engloba al antiguo barrio de AlYassra, la zona de mayor actividad pesquera.

Lo primero que llama la atención es su peculiar arquitectura, realizada de forma tradicional para preservar el encanto de tiempos pasados y, sobre todo, paliar las altísimas temperaturas del verano, usando barro en su estructura y madera y bambú para su techumbre.

Se trata del principal reclamo para los turistas que acudan a Doha para el Mundial de Qatar 2022. Al ser tan reciente su construcción, la sensación es de decorado de película o de estar en una atracción de un parque temático, pero es solo una primera impresión.

Canastas con especias en el zoco de Doha, Qatar.

Canastas con especias en el zoco de Doha, Qatar. EFE

En este lugar todo es perfecto. Faroles de luz tenue en las fachadas, plazas llenas de vida o su laberíntico entramado de calles resguardadas, con miles de tiendas de todo tipo de productos: desde camisetas de fútbol, telas o especias, hasta las codiciadas perlas, joyas, oro o animales de todo tipo. En Souq Waqif es imposible no sentirse en otro mundo.

Las personas que forman parte del lugar, la historia de cada pequeña tienda, los aromas de sus especies, la zona de venta de halcones o su variada gastronomía, que engloba desde el mejor street food de la región hasta restaurantes de postín, hacen del zoco catarí un lugar imprescindible.

“Es un mercado real desde hace más de 100 años. Todavía lo utilizan los qataríes. Por supuesto, también es una gran atracción turística. Si viniera a Qatar iría a uno de los restaurantes de la zona”, destaca Berthold Trenkel, Director de operaciones de Turismo de Qatar.

Trenkel, apasionado de la fotografía, recomienda recorrer la zona “dejándose asombrar: Creo que ese es el principal objetivo cuando se visita Qatar. Es un país muy moderno pero profundamente arraigado a su cultura y su patrimonio. Hay que llegar abierto a cosas nuevas, probar nuevas comidas, nuevas experiencias y disfrutar de la Copa del Mundo”.

El zoco, un lugar perfecto para despertar los cinco sentidos

La vista: dentro del laberinto

Es muy fácil perderse. Como únicas referencias existen ciertos productos y áreas concretas especializadas: alfombras, telas, especias, oro, utensilios de cocina y miles de tesoros y antigüedades por encontrar, que premian a los compradores más curiosos.

Entre semana, durante la mañana, coincidiendo con las horas de más calor, el zoco cambia por completo. La mayor parte de los negocios duermen e impera el silencio.

Una paz que merece la pena descubrir. Se puede contemplar su lento despertar y el arranque de la frenética actividad que anticipa la caída del sol, momento en el que zoco se llena de luz de faroles, de color, del griterío característico de los mercados y de los olores de oriente.

Vista de uno de los callejones en el zoco de Doha, en Qatar.

Vista de uno de los callejones en el zoco de Doha, en Qatar. EFE

Entre los secretos del zoco se encuentran los Majlis (“lugar para sentarse”), centros de reunión plagados de cojines, alfombras y mesas bajas, generalmente para hombres, en los que los tableros de backgammon juegan un papel fundamental a modo de entretenimiento de la sociedad qatarí más tradicional.

En estos locales, inscritos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, los asistentes discuten en torno a una bebida caliente -té o café- temas de interés común, intercambian noticias o reciben a invitados, aunque también se celebran eventos de la vida social como festejos, bodas o funerales. Visitarlos es una experiencia muy interesante que permite vivir la cultura del país.

En el zoco también es importante destacar la majestuosa presencia de la Fanar, una mezquita que recuerda a un faro espiral. Se trata de uno de los puntos más conocidos de la capital, visible desde el paseo marítimo de La Corniche y los museos de Arte Islámico y el Nacional de Qatar. Elegante y solemne, sigue siendo una mezquita operativa.

El olfato: los mercaderes de especias y perfumes

El olfato guiará a una de las zonas más coloridas y frecuentadas: los callejones de las especias. Los sacos de yute apilados en las puertas de los negocios dan la bienvenida a un mundo para los sentidos proveniente de más allá de las fronteras del país. En concreto, de todos los rincones de la península arábiga, la India o Irán. Azafrán, flores secas para hacer infusiones y guisos.

Los mercaderes esconden con recelo y orgullo la receta que hace de su especia algo único, lo que les distingue y les da reputación. Porque en Qatar, cada familia hace su propia mezcla, su fórmula secreta. Esa especia única local, que pasa de generación en generación, se llama Bezar.

El olor también es protagonista de las miles de pequeñas tiendas de perfumes y cremas para el cuidado de la piel. Muchos se hacen solo por encargo: oud, almizcle, cosméticos hechos con kohl o de oro líquido, como se conoce al aceite de argán. Combinaciones personales dependiendo de la piel, hechos con esmero y personalizados siguiendo las recetas tradicionales árabes.

El gusto: comida en la calle

Comida callejera, tiendas de dulces, restaurantes, parrillas con terraza, cocina tradicional local, pero también libanesa, yemení, turca o iraní. Nada se escapa a la oferta del Souq Waqif.

Se puede empezar por las Samboosa, empanadas crujientes rellenas de verduras, carne o queso. Después, el falafel de garbanzos siempre es una buena opción, además de los pinchos de kofta a la parrilla con hummus o ensalada en una de sus terrazas.

Los turistas también disfrutarán de un postre tradicional como las bolitas de luqaimat de miel (considerado el postre más antiguo del mundo), las kunafas de queso fundido o el regag, crepes con crema de queso, fruta o chocolate.

“La cocina catarí es una experiencia maravillosa. Tiene multitud de sabores, muchas especias. Cada plato tiene una receta única. Por eso, cuando los pruebas nunca son iguales”, añade la chef Noor.

El tacto: perlas y oro

Sus intrépidos buceadores en busca de estas joyas se cuentan con los dedos de las manos, pero en el zoco se pueden encontrar tiendas en las que aprender sobre sus variedades, por lo general rosas, blancas y grises, y descubrir las particularidades de un oficio ya casi extinto.

“La pesca de perlas es el pasado. Era el modelo económico hace unos cien años. En ese momento, la población en Oriente Medio era muy escasa. Había beduinos que vagaban por la región, pero también había gente que se había desarrollado en la principal forma o medio de hacer dinero, que era ir a pescar perlas. Todavía se pueden encontrar perlas originales de Catar, pero son muy caras”, apunta Berthold Trenkel.

Cerca del centro neurálgico del zoco se encuentra también otro punto clave para aprender el peso y la forma de otro producto de lujo, el oro. En el Gold Souq se encuentra una enorme gama de joyas tradicionales y diseños modernos.

Una de las características principales de este mercado es que las piezas se tienen que pesar delante del comprador antes de venderlas y todas han sido previamente analizadas para garantizar su calidad. Con un presupuesto ajustado se pueden comprar collares o pulseras.

El oído: halcones y mascotas

El animal más representativo de Catar es el halcón. Forma parte de la cultura del país como emblema y orgullo familiar. Cualquier visitante lo entenderá rápidamente. Al llegar al aeropuerto se observa un enorme halcón dorado, en las zonas turísticas no suele faltar una tienda en la que hacerse una foto con uno de estos preciados animales en el brazo y, por supuesto, en Souq Waqif se encuentra el conocido como Zoco de los Halcones, una zona exclusiva para ellos.

No solo con tiendas de venta de todo tipo de halcones, desde los gerifaltes blancos a los sacres o los peregrinos, reputados cazadores, sino también sistemas GPS para no perderlos, caperuzas, jaulas de transporte y todo tipo de accesorios a cada cual más inverosímil.

Una persona sostiene un halcón en el zoco de Doha, en Qatar.

Una persona sostiene un halcón en el zoco de Doha, en Qatar. EFE

En esta zona se encuentra también el hospital de halcones. Un lugar de obligada visita, aunque tan solo sea para ver una sala de espera con decenas de halcones.

Volviendo al zoco, el trinar de los pájaros anticipa la llegada al mercado de mascotas, una plaza y varias calles que cuentan con todo tipo de animales. Conejos, tortugas, loros, patos y un sinfín de variedades de pájaros y todos los accesorios necesarios para su cuidado.

El zoco es, sin duda, parada imprescindible para todos los que acudan al Mundial: los aficionados se dejarán llevar por la tradición y los sentidos de un lugar mágico para el recuerdo.

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