Cinco filmes para celebrar la llegada del hombre a la Luna

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

16 Jul - 6:21

Buzz Aldrin caminando en la Luna. Foto tomada por Neil Amrstrong. - Foto: REUTERS

Cinco filmes para celebrar la llegada del hombre a la Luna

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

16 Jul - 6:21

Durante los años que siguieron a la hazaña de la llegada del hombre a la Luna, en el cine se han producido un sinnúmero de filmes que se enfocan en la hazaña misma, en los problemas en viajar al espacio y en la filosofía detrás de los viajes espaciales. Aquí las cinco mejores películas con las que se puede celebrar este hito de la humanidad.

La ciencia ficción se ha valido de muchos descubrimientos científicos y avances tecnológicos para contar historias en las que, en lo más profundo, se indagan sobre situaciones y ideas humanas poderosas.

La llegada del hombre a la Luna, el 20 de julio de 1969, es un hito científico y político. Punto. Especialmente por la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética, quienes estaban a la cabeza de la carrera al poner al primer ser humano a orbitar el planeta.

Y el cine no podía privarse de contar, desde distintas aristas, historias en el espacio, influenciadas de alguna manera por este hecho. Aquí, cinco de estos filmes fabulosos que hay que verlos o regresar a ellos:


2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick

Si bien esta película de Kubrick —con un guion coescrito por Arthur C. Clarke— se estrenó en 1968, ya existía una carrera espacial en firme y muchas de las certezas que los primeros viajes ofrecieron, se pueden ver aquí.

El espacio como un gran vacío iluminado a la distancia por estrellas. El silencio insoportable del exterior y la idea de que todo lo que sucede fuera del planeta Tierra se podría definir como una danza —con El danubio azul de Strauss como banda sonora—.

La magnífica obra de Kubrick se centra en la indagación sobre lo desconocido; en contar cómo se desarrolló la humanidad y cómo la violencia es el camino, incluso, para los logros científicos.

El final —esa larga secuencia donde no hay diálogos por casi 30 minutos— es el mejor alegato filosófico alrededor de lo que la llegada a la Luna pudo significar en su momento: la aparición de un nuevo ser humano, capaz de comprender su lugar en el universo.

Por varios meses, Kubrick se adelanta a Armstrong con la frase: “Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad.

Dice lo mismo, pero en una película.

 

Moon, de Duncan Jones

Jones tenía 38 años cuando en 2009 hizo su primera —y por largo, mejor— película. Sam Bell trabaja para Lunar Industries como encargado de la extracción del helio-3 en la Luna. Lo hace en soledad, sin la ayuda de nadie, salvo por la compañía de un robot. La situación se complica luego de un accidente laboral que comienza a revelar la oscura trama en este impresionante filme de ciencia ficción.

Con el actor Sam Rockwell a la cabeza, Duncan Jones —hijo de David Bowie— es capaz de revisar los riesgos del capitalismo rapaz, así como las implicaciones psicológicas detrás de la permanencia de humanos durante mucho tiempo lejos de la Tierra.

No hay muchos personajes, Rockwell sostiene sobre sus espalda la película en la que algo está a punto de revelarse y darle un sentido más siniestro a la llegada a la Luna.

Ya no hay triunfo científico. Aquí hay un cuestionamiento sobre lo que viene después del logro y cómo, de la nada, lo más sencillo resulta hacer lo menos justo. Hay un sentido moral aquí, claro. Pero no hay moraleja en la película.

 

Salyut 7, de Klim Shipenko

Película rusa sobre el logro soviético más importante en el espacio, tanto que para mucho del público en general el acople y reparación de la estación Salyut 7, en pleno espacio, ha pasado desapercibido.

Hay tensión, buenos efectos especiales y un par de grandes personajes —los cosmonautas Vladimir Fyodorov y Viktor Alyokhin— quienes deben unirse a la estación espacial, que está a la deriva, y ponerla a funcionar nuevamente. Ellos sostienen todo. Ellos son el filme.

La sensación de abandono es lo que más golpea en este filme. Porque ambos están solos en el espacio, casi echados a su suerte; mientras en la Tierra, la política mueve los hilos —el temor de mediados de los 80 de que Estados Unidos se quede con tecnología soviética era superior a encontrar mejores formas de solucionar los problemas—.

 

Apollo 13, de Ron Howard

Esta película de 1995 es ya un clásico tanto del cine del espacio, como del cine de desastre. Era la séptima misión Apollo tripulada y la tercera que debía llegar a la Luna. Pero no, no llegó. Lo que debía ser una misión sin problemas se convirtió en una lucha por la supervivencia de los astronautas —comandados por Tom Hanks—, cuando un desperfecto en la nave obliga a abortar el viaje y a buscar maneras de traer al equipo de regreso a la Tierra.

Efectos especiales, simulación de gravedad cero, música a tope de James Horner y tensión estilo Hollywood. De antemano se sabe que todo salió bien, solo interesa saber cómo lo hicieron.

La famosa frase “Houston, tenemos un problema”, pronunciada por el comandante Jim Lovell es presentada por Howard casi desde el absoluto nihilismo. Hanks brilla en este rol por la contención con la que consigue representar a este astronauta que no, no pudo pisar la Luna.

 

First man, de Damien Chazelle

La película que está relacionada de manera directa con lo que se celebra hoy. Biopic brutal sobre Neil Armstrong, realizado por Damien Chazelle —realizador de Whiplash! y La La Land— y protagonizado por Ryan Gosling.

El filme se centra en el camino del astronauta para ser parte del programa espacial norteamericano y en cómo se convirtió en el primer ser humano en pisar la Luna.

El personaje central parece rozar la obsesión y la casi nula capacidad para interactuar con otros. El Armstrong que interpreta Gosling es un tipo que se mantiene, lucha y sigue adelante. Está partido por la muerte de su hija pequeña de dos años, Karen, por un tumor cerebral. Y ese peso está ahí, todo el tiempo.

Chazelle le da una profundidad impresionante al ser humano detrás de la hazaña que, inclusive en los últimos minutos de metraje, consigue conmover al espectador. Incluso en estos hechos gigantes hay pequeñas historias para contar.


 

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