Guillermo Morán y hacer girar los cuentos por sus dos caras

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

27 Sep 2020 - 0:05

Es con "Extremidad Fantasma" que el también periodista da arranque a una carrera en la literatura que, al menos por su inicio, pide ser tomada en cuenta. - Foto: Diego Corrales / PRIMICIAS

Guillermo Morán y hacer girar los cuentos por sus dos caras

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

27 Sep 2020 - 9:24

Con su libro de relatos “Extremidad fantasma”, Guillemo Morán le da un nuevo sentido a lo que es “contar una historia”, porque finalmente cuenta dos.

Desde el que libro inicia, desde ese primer cuento, titulado La mujer del boceto, hay un juego que Guillermo Morán juega muy bien.

Y eso que no explica las reglas, más que nada porque no hay necesidad de hacerlo.

La necesidad que tiene Morán es la de ir removiendo las cosas que va contando para, a la par de avanzar con escenas, revelar otros senderos posibles.

Que llegan a poner en duda lo narrado.

Más que novedad o búsqueda de algún tipo de revelación superior -aunque hay algo de eso-, lo que arma Morán es un artefacto que se mueve en dos historias simultáneamente, de una sola pasada. Dos historias que tienen espacio en un solo relato.

A veces es una situación que sucede en una dimensión aparte, pero conectada. En otras, un pasado que determina la extrañeza del presente. Finalmente, un relato dentro de otro.

Al lanzar la moneda al aire, en sus cuentos, Guillermo Morán deja que cada historia caiga por dos lados.

En la literatura es posible esa ruptura radical a las leyes que rigen la existencia.

El éxito del juego de Morán

Portada de

Portada de “Extremidad Fantasma”. Manzana Bomb!

Una de las rutas que toma Guillermo Morán es la de profundizar en la crueldad como mecanismo de vida.

Los seres que pueblan Extremidad fantasma (Manzana Bomb! Ediciones, 2020) son crueles, víctimas de la crueldad de otros o simplemente metidos en un universo que no entiende de tranquilidad.

Incluso en medio de acciones inocuas, de errores, de travesuras, de movimientos curiosos, lo que queda es entrar a un tipo de crueldad.

Así sea un escritor al que le falta una mano y que escudriña lo que hay en una extraña relación entre una niña vecina con el conserje del edificio. O un tipo de luego de un viaje regresa como un ser que se despedaza.

O como si se tratara un artista que recupera el contacto físico con dos amigos que se dedicaban al arte, a través de una hija joven, bajo el karma de pintora genial.

Así como ese chico que no puede caminar y que encuentra en algo como Second Life la posibilidad de vivir otras existencias.

O ese muchacho que busca convertirse en su hermana muerta, para sentir todo lo que ella sintió, hasta el dolor.

Guillermo Morán ha hecho un libro que, en momentos, subyuga a quien lo lee; en otros, enternece y en otros confunde.

Hasta lanzar pistas para encauzar el rumbo, en el que dos realidades confluyen en una y ofrecen una nueva manera de entender al relato.

No se trata de contar una historia. Se trata de poner una mano encima de otra, hasta el infinito. Hay algo ahí, claro, y poderoso, como el contacto de la palma sobre el dorso.

Otras recomendaciones

Una novela que debe ganar todo

“El vuelo de la tortuga”, de Ernesto Carrión

Cadáver Exquisito, 2020

Si hay algo que se puede decir sobre la última novela publicada por Ernesto Carrión es que se trata de una maravilla en la que una saga familiar es contada por fragmentos de distinto estilo y por varios personajes, todos enfundados en un ropaje de pesar, pena, separación y redención. Lo que hace Carrión es probablemente una de sus mejores novelas, de esas que provocan revisar nuevamente sus anteriores trabajos y mirar con emoción lo que vendrá.

Entre Lynch y Cronenberg

“Díptico de la oruga”, de Salvador Luis

Elektric Generation, 2020

Un libro en el que hay dos relatos que funcionan como historias que se conectan, de alguna manera -al menos en el espíritu- y que tienen que ver con transformaciones físicas. Hay seres de otros lugares o planetas o dimensiones, con enfermedades en el medio y con la certeza de que siempre habrá una manera de cambiar todo, sin saber el resultado de hacia donde llevará esa transformación. Sí, son cuentos que se mueven entre David Lynch y David Cronenberg y son relatos sobre algo que está en proceso de metamorfosis -como una oruga- y no hay manera de saber el resultado.

Noticias relacionadas