Layne Staley, esa estrella de rock que se consumió hasta el fin

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

8 Abr 2020 - 0:03

Layne Staley tenía 34 años cuando falleció. Solo se dieron cuenta de su muerte dos semanas después. - Foto: RevolverMag

Layne Staley, esa estrella de rock que se consumió hasta el fin

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

8 Abr 2020 - 0:03

Son 18 años de la muerte del exvocalista de Alice In Chains. En sus últimos días fue un adicto a la heroína que no pudo salir del agujero en el que estaba.

Ya no había forma de liberación para Layne Staley. Muy poca gente lo veía, mientras él pasaba recluido en el condominio que compró en Seattle, con su dinero de estrella de rock.

Desde 1998 se lo escuchó poco, se lo vio poco. Los amigos lo llamaban por teléfono y no respondía. Tenía un equipo para grabar en casa, se pasaba con juegos de video, se inyectaba heroína. Esa era su vida.

Un día de 2002, sus cuentas dejaron de ser tocadas. Y dos semanas después, sus contadores llamaron a la policía. Era raro que él no sacara dinero.

Encontraron el cuerpo en su sofá, reclinado. Ya estaba en descomposición. Le faltaban dientes, pesaba solo 39 kilogramos. Layne Staley, el tipo de la voz poderosa, de una especie de dolor en forma de grito, había muerto en soledad. Sobredosis.

17 años antes había empezado su carrera musical. Esa que lo haría famoso, estrella y finalmente leyenda.

El tipo delgado con la voz de un dios vengador

En alguna entrevista, Barrett Martin, baterista de Mad Season -uno de los proyectos en los que Staley estuvo involucrado- habló de la fuerza en la voz del cantante:

“Recuerdo que podía oírla salir de su cuerpo. Cuando tocábamos la podía escuchar saliendo de él y no de los equipos de amplificación”.

Desde que empezó en bandas, a mediados de los 80, Layne Staley era considerado un gran cantante, con gran fuerza, intensidad y una especie de capacidad extraterrestre de nunca salirse del tono.

La voz del tipo era una voz que quería vengarse con el mundo. Y al mismo tiempo le temía a todos.

Una de sus principales características era la posibilidad que tenía para grabar capas y capas de voces, en diferentes tonos. Una cualidad que le daría a Alice In Chains uno de sus puntos más fuertes.

Era como si Black Sabbath se hubiera juntado con The Beach Boys.

Incluso cuando armonizaba con Jerry Cantrell -guitarrista y principal compositor del grupo- el resultado era estratosférico.

“Layne tenía una fabulosa voz, con una hermosa, triste y encantadora cualidad en ella”, dijo Billy Corgan en un comunicado, cuando el mundo se enteró de su muerte, en abril de 2002.

El tipo que pedía grabar su voz con biombos para que no lo vieran. El frontman que no hacía mucho, pero que se metía al público en su bolsillo solo con su voz dejó una obra mínima.

Tres discos de estudio con Alice In Chains, un Ep -extended play- que debutó número uno en la Billboard. Un concierto Unplugged que es ya un clásico. Así como un gran álbum, Above, con su otro proyecto, Mad Season.

La última vez que estuvo en el estudio con Alice in Chains fue en octubre de 1998. Iba a grabar las voces para dos temas, Get born again y Died. Lo vieron pálido, mucho más flaco, no tenía dientes. Nadie quiso decir nada de su apariencia. En la dicción en ambas canciones se nota la falta de dentadura.

El dios que empezó a caer y se esfumó

El golpe que al parecer le dio lo necesario para dejare caer llegó en 1996, cuando su novia de toda la vida, Demri Parrott, murió por problemas ligados al consumo de drogas.

Staley se sintió culpable, solo y aquí empezó su aislamiento.

Nunca se recuperó de la muerte de Demri (…) Después de eso, no quiso seguir más”, dijo en 2002 Mark Lanegan, uno de los músicos de la escena de Seattle y amigo de Staley.

Demri Parrott y Layne Staley, a inicios de la década de los 90.

Demri Parrott y Layne Staley, a inicios de la década de los 90. rockandrollgarage.com

No atendía los llamados en su condominio. Recibía a muy pocas personas.

No le abría la puerta ni a los miembros de su banda. De golpe no había nada, solo silencio.

Grabó sin salir de su hogar. De vez en cuando iba al cajero que quedaba a la vuelta de su casa a sacar dinero -su fortuna estaba avaluada en 2002 en USD 5 millones-. Iba a shows, la gente no lo reconocía porque seguía perdiendo peso y se vestía con capas y capas de ropa.

Ya no había el Layne Staley estrella de rock.

Un día antes de su muerte, la noche del 4 de abril de 2002, Mike Starr -quien había sido bajista de Alice In Chains- lo visitó. Staley lo quería y aceptó tenerlo en su casa. Starr lo vio muy mal, no se animó a llamar al 911.

Discutieron y el bajista se levantó y se fue.

Minutos después, Staley lo llamaría y le diría “No así, no te vayas así”. El pedido de alguien que estaba por caer. Starr -quien murió en 2011 también por abuso de sustancias- dijo que se iba a arrepentir hasta el final de sus días el no haber hecho nada por Staley.

Alice In Chains en 1991: Jerry Cantrell, Layne Staley, Mike Starr y Sean Kinney.

Alice In Chains en 1991: Jerry Cantrell, Layne Staley, Mike Starr y Sean Kinney. Stereogum

La noche siguiente, el 5 de abril de 2002, Layne Staley se inyectó la última mezcla de heroína y cocaína -llamada speedball- que su cuerpo pudo resistir.

Muerte accidental, dijo la autopsia.

El 19 de abril, cuando se supo de su muerte, los tres miembros restantes de Alice In Chains -Cantrell, el baterista Sean Kinney y el bajista Mike Inez- publicaron un comunicado en el que decían:

“Durante la última década, Layne batalló muchísimo. Solo esperamos que al final haya encontrado algo de paz. Te amamos, Layne. Muchísimo. Y te extrañaremos… infinitamente”.

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