‘Matar a un conejo’, el primer poemario de Andrea Rojas para decir “adiós”

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

27 Mar 2021 - 0:05

Andrea Rojas Vásquez es escritora y gestora cultural independiente. 'Matar a un conejo' lo publica El Quirófano Ediciones. - Foto: PRIMICIAS

‘Matar a un conejo’, el primer poemario de Andrea Rojas para decir “adiós”

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

27 Mar 2021 - 10:09

En este, el primer poemario de Andrea Rojas Vásquez lo que interesa es el recorrido que la voz realiza, en medio de un humor y desparpajo que emocionan.

Este es un viaje. También es una abertura para experimentar con los límites del verso. No es nada nuevo, desde luego. Y no se trata de la novedad. Se trata de lo que esa lectura deja.

En Matar a un conejo (El Quirófano Ediciones, 2020), Andrea Rojas Vásquez desdobla su voz poética en un recorrido en el que las imágenes de animales, de lo cruento, lo impactante y lo gracioso comparten un mismo espacio. Todo en múltiples direcciones, como si no importara la forma del viaje, sino el destino.

Ya el título dice mucho. Esa “muerte” es siempre un cierre. Hacia eso se encamina.

En el poemario, quizás este final tiene que ver con la decisión propia, con un disparo, una pistola dibujada y onomatopeyas. “Bang”, “Chucupum”, “Piug Piug” y otros sonidos de disparos. “Haz de mi muerte / un bello acto de humor”, dice la voz, antes de que suene el coro: “ay, mi conejito era tan picarón. ¡Ay caramba!”.

Matar a un conejo es un viaje absoluto que no solo se disfruta, se agradece.

Porque Rojas sostiene todo un castillo en versos de Ida Vitale, que dividen en cinco partes el poemario. Cada una como una estación o un punto desde el cual todo se ramifica.

Es como si lo único que le diera sentido a estos poemas sea la posibilidad de crear múltiples espacios sin que la relación sea lineal. Como si cada poema fuera una vivencia en sí, que no tomara en cuenta lo que pasó antes.

Como si fueran varias voces, todas en una. Y, en cierta medida, creando algo muy personal.

Desde luego, el humor y las ganas de jugar están ahí, como causa y efecto. Porque la forma que tiene Andrea Rojas para construir belleza no está peleada con la experimentación, con el deseo de molestar y, probablemente, de hablar de algo privado.

Lo personal es político, gracioso y poderoso

Matar a un conejo es una presencia que se mira al espejo, que tiene conciencia de ser mujer y, sobre todo, que comprende la dimensión interna y determinante que tiene el lenguaje.

No solo para que exista el poema, sino para que todo pueda tener fuerza.

Rojas hace un trabajo magistral al construir versos en los que queda claro el reconocimiento de la palabra como generadora de mundos, para conjurar presencias que ya no están.

Pero en cada página se busca desvirtuar estos universos, aunque no se tenga éxito: “el poema no romperá esa monarquía”, escribe.

Esa tensión se produce ya sea por el humor, por las sensaciones que se exponen, los recuerdos y la expectativa. Por la inutilidad del verso y porque, a través de esa misma palabra, se produce una transformación (“o soy medio travesti o / el lenguaje me traviste”).

Entonces, hay un viaje, se va a llegar a una muerte, pero ese viaje se dispara a varios sitios al mismo tiempo, mientras sucede.

Cuando ese conejo -que se reproduce en varias páginas y en toda dirección- está libre en el mundo, en la segunda parte del poemario, se llegan a niveles impresionantes. El poema BUSCO A MIGUEL VÁSQUEZ SILVA es de una belleza ineludible. Se trata del recuento de una ausencia, en una elipsis en la que todo es lo mismo: la memoria y la esperanza.

Andrea Rojas Vásquez obtuvo una mención de honor en el Concurso Nacional Ileana Espinel Cedeño en 2019. Eso por otro manuscrito. En este hay una realidad que resuena: hay un virus en uno de sus poemas, que hace causa estragos que se perciben en una especie de carta.

Este es un elemento curioso en el poemario. Probablemente es la parte que hay que leer más de una vez para sentirse parte del conjunto. Quizás por su tono, su aparente solemnidad o porque su lectura abre varios fantasmas en quienes leen Matar a un conejo.

Porque la pandemia se puede leer en varios lugares.

Las coincidencias no son más que otras partes del encanto de este libro. Así como su necesidad de incluir dibujos, cuadros, flechas, una especie de ‘checklist’, títulos graciosos –PIENSO EN TI Y PIDO POLLO FRITO y manchas en las páginas del poemario. Todo suma para este tipo de encanto.

Que se levanta sobre una calidez que abraza: “Este no es un poema, es un papelito que besé con ternura”, escribe la poeta.

Matar a un conejo (El Quirófano Ediciones, 2020)

Andrea Rojas Vásquez

104 páginas

USD 10

A la venta en Librería Española y en Palier Café Libro (en Cuenca)

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