Mónica Ojeda: “El horror es que no nos aterrorice la violencia”

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

19 Oct 2020 - 0:05

En "Las voladoras", Mónica Ojeda encuentra un terreno para, con herramientas del horror, hablar sobre la violencia en un escenario marcadamente andino. - Foto: PRIMICIAS

Mónica Ojeda: “El horror es que no nos aterrorice la violencia”

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

19 Oct 2020 - 9:16

Con “Las voladoras” (Páginas de Espuma, 2020) Mónica Ojeda ofrece su primer volumen de cuentos en el que hay horror, tanto por las herramientas que usa del género narrativo, como por la violencia que late en las páginas.

En los cuentos que integran Las voladoras hay violencia. Del tipo que tiene que ver con el abuso a las mujeres, a niños y niñas, con cierta conciencia sobre cómo el ser más cercano te puede herir. O que se relacionan con la idea de que, llegado el momento, el dolor no puede ser revertido.

Que a pesar de la cercanía y la amistad, habrá cosas que nadie podrá entender.

Todo esto en un marco que remite a pensar en cómo el horror, como género, está en su mejor momento en Latinoamérica. Porque las mujeres escritoras lo están llevando a un lugar muy poderoso y lo que cuentan resuena tanto en lectores como en lectoras.

Ojeda es cauta, sin embargo. No se trata de hablar de un horror latinoamericano. Se trata de entender cómo las experiencias individuales -incluso en función de lo que ha pasado en cada país- van determinando esas búsquedas, esas inquietudes y el tipo de horror que se pone en práctica.

Y así resulta importante, al hablar de esas experiencias, referirse a cómo Guayaquil puede ser también la base de una literatura poderosa, que en el caso de Ojeda, usa la violencia para que no se pierda de vista.

De esta manera, la escritura es vehículo de una necesidad en este momento.

Porque Mónica Ojeda entiende y ha escuchado varias veces -de parte de lectores- lo que les ha significado esa violencia que aparece en sus libros, como Nefando (2016) y Mandíbula (2018), ambos publicados con la editorial Candaya.

Un tipo de violencia que cuesta leer, sí. Pero que está ahí por una razón.

Y más que hablar de la utilidad de la escritura, se puede aceptar que a través de los libros se reabren posibilidades y caminos. Así como se puede recuperar cierta sensibilidad perdida ante lo terrible.

Mirar lo andino en varios relatos

¿Cómo hace una escritora que nació y vivió en Guayaquil para escribir con las ganas y la cabeza puesta en la región andina del país, con sus parajes, geografías y mitologías?

La pregunta surge de esa genuina curiosidad que se mueve por la certeza de que quien ha crecido en Guayaquil sabe que su relación con el mundo andino no existe o está cruzada por algo de clasismo.

Pero hay una imagen, o varias, que podrían servir como punto de origen para los relatos en Las voladoras, que llegaron cuando Mónica Ojeda estaba trabajando en otro texto.

En inevitable que al hablar de Las voladoras, Ojeda se refiera a la expresión “gótico andino”, como una idea que permite dar forma y sentido a una literatura que toma elementos de la novela gótica, dentro de en entramado literario nacional.

Esto, tomando inicialmente los criterios que Álvaro Alemán ha definido en sus intervenciones al referirse a la novela Sangre en las manos, de Laura Pérez de Oleas Zambrano.

Mónica Ojeda tomó el concepto y lo asumió como ese terreno sobre el cual asentar el libro. Y en este video lo explica con más precisión.

Un libro que llega a Ecuador en un momento particular

Las voladoras se ubica en un terreno andino, indígena, rural y también urbano. No funciona como una radiografía, desde luego, pero hay un carácter del que no puede escapar por un contexto en el que se lo lee en Ecuador.

Porque llegó a fines de septiembre e inicios de octubre a las librerías del país.

Casi un año después de lo que fueron las protestas del 2019 encabezadas por organizaciones indígenas y cerca de una nueva conmemoración del 12 de Octubre de 1492. Fecha que siempre será complicada.

En conversación con PRIMICIAS, Mónica Ojeda se refirió a este tema y también profundizó sobre su narrativa. Especialmente en el uso de otras manifestaciones y obras artísticas que aparecen en su obra.

En Las voladoras está el cuento Slasher como ese punto de cruce entre música experimental, sonido y literatura, por ejemplo.

Y habló, además, sobre cómo el cuento Caninos, que se publicó en Ecuador en 2017, de forma separada, con Editorial Turbina, tiene espacio en el universo contenido del libro.

  • El tiempo de las historias

    ¿Cómo asumir que un libro como Las voladoras, con una fuerte mirada alrededor del mundo indígena, llegue a Ecuador en un momento de tensión histórica y social sobre pueblos y nacionalidades indígenas?

  • El arte dentro del arte

    ¿Hay alguna forma de definir cómo sucede ese contacto entre varias manifestaciones artísticas que aparecen en su obra?

  • Crear el conjunto

    Caninos es un cuento que quien lee su obra en Ecuador lo conoce de antes. ¿Cómo se dio su inclusión en esta colección?

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