El nuevo viaje de Munn, con un sonido y posturas más adultas

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

17 Abr 2021 - 0:05

'Odisea' es el tercer disco de la banda quiteña Munn. - Foto: PRIMICIAS

El nuevo viaje de Munn, con un sonido y posturas más adultas

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

17 Abr 2021 - 12:05

Con su último disco, titulado ‘Odisea’, el trío quiteño hace un trabajo valiente en el que dejan en claro que la apuesta musical es también un retrato de su tiempo

Odisea tomó casi cinco años en estar listo. Un tiempo suficiente como para ajustar todos los elementos de una producción que, de entrada, somete al oyente a cierta idea de tensión. En realidad esa tensión nunca desaparece del todo. 

Se da en varios niveles. Desde el mismo manejo de la tecnología y cómo el sistema político y económico se ha encargado de poner en jaque a la humanidad. No, Munn no ha hecho un disco que se sostiene en posiciones ideológicas. Odisea funciona porque es una paradoja, de esas mágicas: música hecha en una buena parte con máquinas y que es capaz de enfocarse en el ser humano y sus angustias y dolores.

Esa es la tensión. Se la puede colocar en un disco, sí. También se la puede convertir en columna vertebral de 11 canciones, de una contundencia que no se encuentra en los otros dos discos del grupo.

Y ojo, de por sí Espirales (2012) y Aquí / Ahora (2015) son imprescindibles para la música independiente del país. Pero aquí, con este tercer disco, avanzan un poco más. Ya son casi 10 años de su primer trabajo, algo ha cambiado. El arte, como el artista, se transforma.

Por eso, al escuchar a Mariela Espinosa cantar versos como “Las excusas caen por su peso muerto”, “Él escapó y caminó sin saber a dónde iba a parar” o “cables entran, nadie está en pie / códigos, medidas / no hay un por qué”, salta una conciencia clara.

No solo es hacer una mejor música. Es también mirar de otra manera, quizás más adulta, al mundo que se vive.

Trip hop y el retorno de lo progresivo

La tensión que arranca con el primer tema, 2R 1: 1-4, se mantiene como elemento clave que va creciendo a medida que avanzan las canciones. Con Odisea, Latino y Eclosióntres de los cuatro sencillos ya lanzados– esta tensión adquiere otros matices, contundentes y exquisitos. Pablo Molina y Miguel Ángel Espinosa trabajan también en hacer de la música de Munn toda una experiencia.

Hay trip-hop, un hálito de misterio digno de las composiciones de Angelo Badalamenti para David Lynch. Una vulnerabilidad que aparece de a poco y se toma todo.

En Tempestades -el ‘track’ instrumental- hay un pequeño giro en la atmósfera. Eso vulnerable, eso que está a punto de romperse, que parece resquebrajarse. Las voces de figuras políticas, de periodistas de tv y de escritores como Julio Cortázar edifican algo más. Hay una posición que en la siguiente canción se vuelve fuerza.

Cabal -el otro sencillo que han lanzado- es quizás el tema que mejor encapsula la voluntad del viaje que este disco marca. Es como si algo estuviera a punto de explotar y Munn fuera capaz de notarlo. No hay lecciones aquí, sino simple observación.

Es tomar partido, a través de música que es casi un llamado a levantarse a hacer algo, con una letra que radiografía el estado de la humanidad en este momento: “Necesidad de ser más / necesidad de querer más / nada es suficiente / no acaba / tiempo que se va / y no deja nada / necedad de creer que hay más / necesidad de acumular más”.

Luego de este ejercicio el disco entra en otro espacio. La vulnerabilidad es la moneda. Náufragos es la aceptación de una derrota ante el sistema. Como si fuera una canción hecha por Genesis, con Peter Gabriel en la voz.

Ese otro lugar sonoro

En ese otro lugar hay terreno para levantarse y luchar. Tanto en Utopía, como en Volar, se trata de dar ánimo, o de considerar nuevas formas de libertad o enfrentamiento. La última parte de Odisea no se centra en claudicar, sino en encontrar mecanismos precisos para aplicar cambios, aunque sean pequeños. Se trata de sostenerse. 

La música de Munn va más hacia adelante y en ciertos compases recuerda al Nine Inch Nails de With Teeth.

Azul es esa canción épica. Las voces de Mariela Espinosa y Pablo Molina cuentan la historia desde dos sensibilidades. Una más siniestra que otra. El viaje es casi como una lección, en el que queda claro que “la sangre que derramas hoy / transmite todo el dolor”. De golpe, el tema abre una puerta

Rodrigo Becerra, Simón Gangotena e Isidora O’Ryan, de In Concerto, entran con las cuerdas. Elementos de rock y de música industrial aparecen y desaparecen. Munn experimenta aquí con las texturas y el resultado es de una belleza indescriptible. 

El cierre lo hace Inercia, como si se tratara el final de un proceso de meditación que permite dejar de lado cualquier hechizo de ego, o ansiedad por lo que las presiones, propias y externas, generan en alguien. “Soltar lo que esperas ser y no alcanzas”, canta Mariela.

La tensión regresa con fuerza, como si fuese un guiño al David Bowie de Blackstar.

No se trata de dar resolución a nada. Y eso le permite a Odisea ser lo que es: la banda sonora de un viaje que no va a terminar, que solo se interrumpe.

Este disco está producido por Miguel Ángel Espinosa de los M. -quien se encargó de grabarlo, mezclarlo y masterizar- y por el resto de Munn. Contó con la colaboración de músicos como Ernesto Karolys, Raúl Molina, Álvaro Andrade, Andrés Benavides, Pedro Ortiz, Josh Starks, Yusiff Barakat, Luis Sigüenza, Amadeus Galiano, René Delacroix y Tania Cortés, entre otros.

El disco se puede escuchar aquí:

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