A los 78 años, Paul McCartney sigue sorprendiendo con sus canciones

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

27 Dic 2020 - 0:05

Con 11 canciones, el disco 'McCarney III", de Paul McCartney vino a salvar la pandemia. - Foto: PRIMICIAS

A los 78 años, Paul McCartney sigue sorprendiendo con sus canciones

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

27 Dic 2020 - 10:48

‘McCartney III’ es el disco que el exbeatle lanzó hace pocos días y en él recupera una conciencia experimental que cuando la ejerce, da en el blanco.

La sorpresa no es que un genio de la edad de Paul McCartney pueda seguir haciendo joyas pop, con un pie bien asentado en un lado experimental.

Tampoco es que este sea un disco creado en los primeros meses del confinamiento, en el que prácticamente tocó todos los instrumentos. Porque eso es algo que ha hecho desde sus tiempos en The Beatles. 

Es más, su primer disco solista, McCartney (1970) y el McCartney II (1980) lo encuentran a él casi en absoluta soledad en un estudio, haciendo música. Pero, la dinámica ha sido similar en otros trabajos, como Flaming Pie (1997), Chaos and creation in the backyard (2005), en gran parte de Memory Almost Full (2005) y en buenos tramos de New (2013).

McCartney III sobresale porque Macca sabe hacer canciones, quizás como pocas personas. Entiende de melodía, de armonía, de cómo generar coros que sean algodón para los oídos. Y también hace algo que parece darle un punto a favor: es probable que Paul McCartney entienda, como pocos, la necesidad de renovar el sonido y de conocer cómo se está moviendo el mundo de la música.

No en vano en los últimos años ha hecho colaboraciones con Rihanna y Kanye West. Y ha salido en la portada de la mítica Rolling Stone junto a Taylor Swift, en noviembre pasado.

Macca no se queda en sus “años de gloria”. Y a pesar de que se nota el paso del tiempo en su timbre de voz -especialmente en la forma que se entrecortan las notas-, está activo, compone, arma pedazos de canciones y los tiene ahí, dando vueltas, hasta que se convierten en canciones.

Y esto fue lo que sucedió en un lapso de 10 semanas, en Hogg Mill Hill, el estudio que él tiene en su graja en Sussex, en la que él decidió pasar la cuarentena con parte de su familia. Llegando por la mañana, listo para hacer música y grabar.

44 minutos que son pura joya

No hay un solo desperdicio en este álbum. Y eso recupera también la naturaleza pop y de vanguardia detrás de sus otros discos que llevaron su apellido en el título. Porque mientras en McCartney descansa una hermosa Maybe I’m Amazed, en McCartney II estalla una impresionante y electrónica Temporary Secretary.

Desde Long Tailed Winter Bird -un tema que se conecta con la canción final, Winter Bird/ When Winter Comes, que empezó a grabar con George Martin en los 90 y que recién termina para este disco- se da un recorrido por canciones acústicas, blueseras. Hay pop en un compás 4/4, como pasa en Lavatory Hill y un rock clarísimo en Slidin’. También aparece una canción en la que llega a una sonoridad similar a la de un Queen en su mejor momento, con la guitarra, el carácter operático y los coros precisos, como pasa en Seize the day.

Pero si se trata de hablar de una sola canción, hay que hacerlo de esta maravilla absoluta llamada Deep Deep Feeling.

Un McCartney de 78 años presenta una de sus canciones más épicas y extremas. En Deep Deep Feeling pasa de todo. Hay un inicio particular con un Macca en la batería, tocando los tambores, con un ritmo único, al que luego se une su voz. ¿Después? Toda la instrumentación posible, con cambios de ritmos y con una estructura que no responde a lo que se espera.

Es imposible no dejarse llevar por la belleza de esta canción, que dura más de ocho minutos y que tiene hasta un falso final, que regresa el tema a lo básico: Paul con su guitarra acústica, cantando.

Y es justamente lo que pasa aquí que resume el esfuerzo y el logro de McCartney III.

McCartney canta “En mi corazón, siento una profunda devoción / Casi hiere, es una emoción profunda”. Como si supiera reflejar en su pasión por hacer música la misma pasión que se siente cuando se escuchan sus canciones.

El día que falte Paul McCartney, el mundo perderá brillo. Ese brillo que él le ha dado al 2020 con este disco. Un tipo de brillo que nadie sabía que necesitaba y que él estuvo presto a regalar. Como hacen los dioses buenos.

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Como adelanto de un Ep hecho en confinamiento, Ringo Starr presenta esta canción que se podría definir como el We are the World de Ringo y sus amigos. 

Lo que empieza de la peor manera posible -hay aceptarlo, nunca fue un buen cantante- va mejorando a medida que avanza, gracias a las voces de Paul McCartney, Sheryl Crow, Joe Walsh, Lenny Kravitz, Jenny Lewis, Corinne Bailey Rae, Dave Grohl y Ben Harper, entre otros. 

Eso sí, la buena onda y la gracia no falta en un final preciso, que genera risas.

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En lo que hubiera sido el cumpleaños 80 de John Lennon, apareció esta recopilación en la que trabajó el productor Paul Hicks: remezcló los temas, aclarando el sonido y, sobre todo, dándole un nuevo espacio a la voz de beatle asesinado en 1980.

El resultado es una maravilla en términos de cómo todo suena más limpio y cada cosa está en su lugar, quizás como nunca antes había sonado. Hicks redimensiona cada instrumento y permite que las canciones respiren.

Y claro, las melodías que salieron de John Lennon son poderosas. Siempre lo fueron, ahora es algo que se puede percibir, solo eso.

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