‘Rompan todo’: la historia del rock en español es política

Cultura

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

18 Dic 2020 - 0:05

Seis episodios son suficiente para mostrar la historia del rock en Latinoamérica, en una serie producida por Gustavo Santaolalla. - Foto: PRIMICIAS

‘Rompan todo’: la historia del rock en español es política

Autor:

Eduardo Varas

Actualizada:

18 Dic 2020 - 8:54

Hay tres cosas que saltan luego de ver los seis episodios de ‘Rompan todo’: la política y el rock van de la mano; hay pocas mujeres en el medio; y Ecuador no existe ni siquiera en la historia del rock latino.

En términos prácticos, Rompan todo es un documental que tiene su mayor complejidad en cómo la producción viajó a diferentes países y ciudades para localizar y entrevistar a los protagonistas de una historia de un poco más de 60 años.

De ahí, los recursos son funcionales: una buena fotografía para las entrevistas realizadas, un audio impecable y un uso importante del archivo.

Pare de contar. 

Pero eso no es lo más relevante de la miniserie documental de Netflix de seis episodios, dirigida por Piky Talarico y que tiene a Gustavo Santaolalla como uno de sus productores. En realidad el tema de la calidad del producto se da por sentado.

Lo que impresiona es el recuento histórico que realizan y la forma en que cada episodio va hilvanando el desarrollo del género, por dos ejes fundamentales: México y Argentina. Todo es cronológico y no se pierde ningún detalle que debe recuperarse.

Pero solo en ese eje. Algunas cosas alrededor, pero no todas. No es Latinoamérica, es parte de Latinoamérica.

Rompan todo es un repaso por cómo se gestó y creció el rock en América Latina y solo en español y en algunos países. Lo siento, Brasil. 

Pero también recopila la historia de la región, esos hechos violentos, desagradables, terribles, que funcionan como un elemento contrapuesto a la música.

Ese gran enemigo a combatir, ya sea de forma directa -a través de las letras de las canciones- o a través de las propuestas sonoras o búsquedas estéticas, que en el fondo tratan siempre de subvertir alguna premisa en la sociedad.

El camino de la música

Rock y vida política en un mismo plano.

Así sea el México de la violencia política, el de la masacre de Tlatelolco en 1968, el de la dictadura perfecta del PRI, el de la apertura a tratados de libre de comercio que no fueron de provecho, del levantamiento en Chiapas.

O la Argentina de los cambios políticos, de la censura, de la dictadura militar, de los desaparecidos, de la guerra de Malvinas, de la imposibilidad de escuchar música en inglés, de la vuelta a la democracia, de las privatizaciones y del desastre económico.

También ese Chile de una búsqueda de la nueva canción, del triunfo de la izquierda, del golpe militar, de la dictadura de Pinochet, de las muertes, del uso de las herramientas de la democracia para seguir en el poder y del fracaso de esto.

O la Colombia de la violencia de Estado, de los grupos terroristas, del narcotráfico.

La historia influye, se refleja y encuentra en la música su contraparte.

Y así, el rock pasa -casi como regla general en toda la región- de ser un espacio de calco de lo que sucedía en territorios como Estados Unidos, a encontrar su propia voz, sus propias idiosincrasias.

Ya sea en lo sonoro o en el uso de localismos en las letras. Además genera esas indagaciones que –abandonando las guitarras– se decantan por lo electrónico y el uso de otros géneros musicales. Todo en el mismo paquete.

La miniserie es clara sobre esto. Hasta Calle 13 ingresa en esta etiqueta porque el rock, en Latinoamérica, está planteado como una actitud.

Una actitud política, en contra del status quo. El rock en América Latina es de enfrentamiento contra el poder. Y, sin duda, de un poder ligado al capital y a la derecha. Rompan todo es directo en eso, incluso con paradojas de por medio.

Mujeres y Ecuador en el rock: bien gracias

La miniserie lo intenta, es verdad. Desde el primer capítulo hacen referencia a alguna que otra figura femenina en la historia del rock en español. Pero no deja de ser algo anecdótico.

Algo que cambia en los últimos dos episodios, cuando la presencia de Julieta Venegas, Ceci Bastidas, Fabiana Cantilo, Hilda Lizarazu, Andrea Echeverri y Mon Laferte se vuelve inevitable. Y que da paso a uno de sus dos epílogos: el que habla de cómo el futuro del rock es enteramente femenino. Y se le da un buen espacio a eso. 

El terreno del rock ha sido machista y misógino. La única persona que lo verbaliza es Santaolalla. Ese espíritu se mueve en los primeros cuatro episodios.

¿Y Ecuador? Salvo por una camiseta que viste Héctor Buitrago de Aterciopelados, en la que se habla de Guayaquil, y la aparición de Ecuador en un mapa de archivo del arranque de Noticias MTV, Ecuador no existe.

Ni siquiera se hace referencia al país en las giras de los grupos.

Nada. Un paréntesis, siempre. En todo. Una vez más queda claro que en términos artísticos y de registros, Ecuador es un país con tantas deudas y de las peores: a sí mismo.

Una ausencia que también refleja el carácter arbitrario que existe en este tipo de recuentos históricos que tienen un dejo de oficialidad.

Porque lo de Ecuador no es único. ¿Centroamérica no tiene rock? Quizás Rompan todo solo se enfocó en los terrenos en los que se desarrolló un mercado de consumo de rock y ya.

Un tipo de programa así crea una perspectiva histórica y quizás sí hay que afirmar que es incompleta, hay más cosas y que el rock en América Latina no sería nada sin hablar de Brasil.

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Animales extraños, realmente extraños

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