Las enfermedades de la mente, una pandemia de la que pocos hablan

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Autor:

Fátima Cárdenas

Actualizada:

24 Jun 2022 - 0:01

Las enfermedades de la mente, una pandemia de la que pocos hablan

Autor:

Fátima Cárdenas

Actualizada:

24 Jun 2022 - 0:01

Estos padecimientos asechan desde el ADN o la rutina y su origen es tan antiguo como la humanidad. Le proponemos un recuento de tres epidemias relacionadas con el baile, la risa y el Alzhéimer.

Esta nota está basada en el artículo “Las epidemias de la mente”, de José Luis Barrera, publicado en la Revista Mundo Diners, de junio 2022.

Empecemos por la primera epidemia de esta recopilación. En 1536, una mujer llamada Troffea salió a la calle de Estrasburgo y se puso a bailar.

Las grandes ausentes eran la música y una razón para su alegría. Pero ella continuó su danza frenética durante tres días, sin parar.

No fue la única, pues al poco tiempo tenía 34 seguidores y al final del mes sumaban ya 400. Todos contorsionándose a lo que el cuerpo les daba.

Parecían poseídos y no entendían razones. La iglesia le echaba la culpa al pecado y algunos médicos usaban sanguijuelas para extraer el extraño espíritu festivo.

Por otro lado, los eruditos de la medicina creían que se trataba del fuego de san Antonio o ergotismo. Esta enfermedad se producía por la intoxicación con el cornezuelo que crece parasitariamente en las espigas del centeno.

Pero, al parecer, todos ellos estaban equivocados. Y es que el historiador Jhon Waller sugirió que la enfermedad era del alma y no del cuerpo.

¿Cómo así? Pues resulta que los años previos a la danza de Troffea, Edimburgo vivió una época de hambruna y miseria porque las cosechas se perdieron debido a inviernos gélidos que eran sucedidos por veranos infernales.

Los niños que no paraban de reír

El 30 de enero de 1962, en la escuela de misioneros en Kashasha, en la costa oeste del lago Victoria, actual Tanzania, tres niñas salieron al patio y empezaron a reír

Un buen chiste parecía, a primer avista, ser el causante de esta reacción. Pero pasaron los minutos y las horas, y las carcajadas, lejos de parar, se volvieron insoportables.

Horas después, 95 alumnos de la escuela reían histéricamente y sin control.

En las aldeas próximas, la risa se desbordó y llegó hasta ochenta kilómetros a la redonda. Las víctimas eran niños y uno que otro adolescente. De cuatro a ocho horas duraban las carcajadas.

Inclusive se reportó un caso en el que las risas se escucharon por 15 días. Hubo reinfecciones, pero no más de cuatro en un mismo paciente.

¿La causa médica? Enfermedad psicogénica de masas.

Sin embargo, una vez más, había un origen social. Durante los años de esta epidemia de carcajadas, la actual Tanzania se hallaba en proceso de independencia de Reino Unido. Esos fueron tiempos de mucha violencia y las risas de los niños eran resistencia y reclamo.

La tierra donde se olvida

Le anticipamos que este no es un embrujo literario de García Márquez. Resulta que los habitantes de Yarumal, un municipio a tres horas de Medellín, sufren de alzhéimer antes de cumplir 50 años.

¿Maldición o castigo divino? No se sabe, pero la enfermedad fue conocida como la “bobera de los Piedrahita”, en alusión a una de las familias afectadas.

La ciencia, encarnada en el doctor Francisco Lopera, dio un poco de luz a este raro padecimiento. Se trata de un genoma que produce una variante de alzhéimer conocida como “la mutación paisa”.

Sin embargo, aún persisten las supersticiones que culpan de esta enfermedad mental al óxido de los cacharros de cocina o a un ladrón de recuerdos, que saltó de las páginas de la prensa de Medellín.

Lea el artículo original aquí.

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