José Antonio Pérez: ‘Ecuador tiene un sistema penitenciario abandonado por décadas’

En Exclusiva

Autor:

Mario Alexis González

Actualizada:

21 Mar 2022 - 0:05

Operativo policial en la Penitenciaría del Litoral, el 24 de agosto de 2021. - Foto: Policía Nacional

José Antonio Pérez: ‘Ecuador tiene un sistema penitenciario abandonado por décadas’

Autor:

Mario Alexis González

Actualizada:

21 Mar 2022 - 0:05

Para José Antonio Pérez, director de Prevención y Reinserción Social de Jalisco (México), el empoderamiento de las bandas en las cárceles es causado por la corrupción y el abandono de las autoridades.

En 2018, en Jalisco, una de las regiones más violentas y peligrosas de México, empezó una restructuración del sistema carcelario.

Cuatro años después los cambios han dado resultados: las prisiones de esta zona han liberado a 15.000 personas y menos del 2% ha reincidido o ha vuelto a las cárceles.

Uno de los indicadores de este caso de éxito para la región y el mundo es la reinserción social de los prisioneros.

José Antonio Pérez Juárez, director de Prevención y Reinserción Social de Jalisco y responsable de este proyecto, conversó con PRIMICIAS sobre esta experiencia de trabajo en México.

José Antonio Pérez Juarez, director de Prevención y Reinserción Social de Jalisco (México).

José Antonio Pérez Juarez, director de Prevención y Reinserción Social de Jalisco (México). Tomada de @elnorte

¿Cómo está el estado del sistema carcelario ecuatoriano?

Veo un sistema carcelario igual que casi en todo el mundo. ¿A qué me refiero? A un sistema carcelario abandonado por décadas, sin la participación social. Veo un sistema carcelario que está a tiempo de revertir ese proceso violento que viven algunos reclusorios como es la Penitenciaria del Litoral, por ejemplo.

¿Hay características similares con lo que se vivió en México?

El empoderamiento de los carteles y de las pandillas internas en la prisión fue causado por la corrupción de la autoridad y por el abandono de los centros. Pero también porque la sociedad no quiso saber nada de lo que era una cárcel.

Después pagamos las consecuencias de que los delincuentes sustituyeron el papel de la autoridad. 

¿Cómo revertir esto cuando la situación se ha mantenido por décadas?

Primero, reconociendo que existe un problema. No se puede mejorar nada si no se acepta y diagnostica. Ecuador está dando un paso importante porque ya reconocieron que había un descontrol, una pérdida del manejo de las prisiones.

No solo es seguridad, es un trabajo de educativo, cultural, deportivo y laboral. Un involucramiento de instituciones de educación, de empresarios, de industriales, apoyando la tarea de reinserción de la autoridad penitenciaria para que se den condiciones de habitabilidad al interior de las prisiones.

Ningún Estado podrá revertir la descomposición penitenciaria si no invierte, hay que gastar y creo que el presidente Guillermo Lasso está dispuesto a hacer lo que se necesite”.

¿En qué se debe invertir primero y más?

Primero, habría que analizar los salarios del personal penitenciario y la infraestructura. Si no tenemos instalaciones que humanicen y que bajen la violencia cualquier ser humano, en hacinamiento y más en reclusión, es violento.

Pero, un ser humano, por agresivo que este sea, si tiene posibilidad de jugar fútbol, de leer, de aprender, de atender su salud y de hacer ejercicio se irá alejando de la violencia, que no necesariamente tiene que ser una constante en las personas privadas de su libertad.

¿Cómo llegar al balance justo entre seguridad y derechos humanos?

No hay una fórmula mágica para empezar, es un proyecto a mediano plazo y a largo plazo.

El Estado ecuatoriano tendrá que hacer un análisis real y buscar, no solo los fondos, sino involucrar al sector privado, que mediante donaciones puede mejorar las condiciones de los reclusorios porque es delicado.

Insisto, es un abandono de décadas y de muchos gobiernos antes del actual. Creo que la fórmula, por ejemplo en el caso de Jalisco, fue que hice un pacto social con los sectores productivos, no solo con el gobierno federal y estatal, y eso me permitió que tuviera instalaciones adecuadas para hacer un trabajo.

¿Deben existir cuerpos de seguridad específicos para las cárceles o se debe involucrar a militares y a policías?

Lo idóneo es que se capacite y que se forme una escuela penitenciaria, que haya gente adiestrada, no en la respuesta de la fuerza, no en el manejo del armamento.

Un policía custodio, un guía o un vigilante en una prisión debe saber responder en un momento necesario, pero hacer el uso correcto y racional de la fuerza.

Hay otra preparación que se ha olvidado como los derechos humanos en los servidores públicos, la psicología criminal. Se trata de enseñar al servidor de las prisiones a detectar y advertir problemas de salud y emocionales.

En una prisión lo más común es la ansiedad y no se necesita ser psiquiatra para detectar que una persona está ansiosa. El día que logremos, con una escuela penitenciaria, tener funcionarios que advierten esas fallas o esos principios de desequilibrios, seguramente se anticiparán y no van a llegar a hechos violentos como ha sucedido en Ecuador.

¿Cómo llegar a esta pacificación cuando las cárceles son dominadas por grupos organizados?

El autogobierno y los líderes fácticos en las prisiones se dieron porque el Estado abandonó y dejó de hacer lo que tenía que hacer.

Esta es una fórmula muy sencilla. Si la autoridad dejó de dar alimento en una prisión, los carteles lo dan y lo cobran. Si la autoridad corruptamente no les dio salud, los carteles la dieron y la cobraron.

Llegó un momento, por ejemplo, en el caso de Jalisco, donde ellos se sentían dueños de la cárcel, pero porque ellos pagaban. En el momento en que el Estado empiece a entender y atender eso, no habrá tanta fuerza de los líderes de las pandillas.

¿Para lograr ingresar y retomar el control de una cárcel hay que sentarse a dialogar con los líderes de las bandas?

Lo haría poniendo muy en claro qué tipo de negociación se hace. Hay cosas que no son negociables. La ley no se puede negociar, las condiciones, sí.

En toda guerra hay interlocutores y aún suponiendo, por llamarlo de una forma, que fuéramos enemigos, necesitamos un puente de comunicación para evitar las guerras. Lo que sí creo, que a nadie le queda duda, es que hasta ahora los sistemas penitenciarios en el mundo solo han dado ríos de sangre.

¿Cómo poder llegar a la negociación cuando estas personas siguen delinquiendo desde el interior de las cárceles?

Primero se debe hacer un diagnóstico, y luego tener el equipo adecuado. Aquí en el Comité de Pacificación está el Ministerio de Cultura, está Claudia Milena (Garzón) de Colombia, que tiene una experiencia tremenda en el manejo de las violencias y, sobre todo, es una experta en humanizar a gente violenta.

Creo que en la medida en que se vaya avanzando, en corto plazo pudiéramos empezar a ver una disminución real del problema penitenciario de Ecuador. Además, por muy violentos que sean los actuales controladores en las prisiones, la fuerza del Estado siempre debe de ser superior.

¿Cuál es la relación entre lo que ocurre dentro de las prisiones con la violencia en las calles?

Nosotros en México concluimos, particularmente en Jalisco, que no se puede controlar la delincuencia de las calles, sin controlar las prisiones. ¿Por qué? Pues porque en las prisiones está el cerebro del delito.

En las prisiones están los que extorsionan, los que roban, los que secuestran, los que trafican con drogas. Estamos cometiendo el error, casi todos los países, de creer que el llevar a prisión a una persona que extorsiona era solución y al contrario ahora extorsiona desde prisión sin peligros.

Creo que haciendo lo correcto, haciéndolo lo adecuado, la fuerza de un líder criminal se reduce. Insisto, no tendría sentido que existiera una sociedad y un estado, si no fuéramos capaces de contener a los grupos más peligrosos del mundo. 

¿Desde su experiencia, ve que hay una influencia grande de los carteles mexicanos en Ecuador?

Totalmente, el cartel de Sinaloa y el cartel Jalisco Nueva Generación tienen una influencia letal en todo el mundo, y no solo en Latinoamérica. El cartel Jalisco opera en España y Australia. La verdad que la letalidad de los carteles mexicanos ha traspasado las fronteras, es por eso la preocupación de los Estados Unidos.

¿Cómo contrarrestar esto?

Igual que en la Segunda Guerra Mundial controlaron al general (Erwin) Rommel, en el norte de África. Le cortaron el abastecimiento de combustible, no pudo mover sus tanques y así los aliados vencieron. 

¿Hay que cortarles el suministro de droga desde Ecuador?

Así es, hay que golpearlos en lo que les duele que es el financiamiento, no solo en el armamento.

Ecuador ha subido mucho los decomisos de droga y paralelamente suben las muertes violentas…

Precisamente, debe de ser una estrategia integral. No podemos mermar la fuerza delictiva tan solo con el decomiso, porque ellos tienen recursos financieros que si hoy les quito 1.000 rifles mañana los vuelven a comprar, si hoy les quito una tonelada de droga mañana la vuelven a producir.

“Lo que les debemos quitar (a los carteles) es la capacidad financiera”.

¿Cómo se logra esto?

Con un buen sistema financiero no corrupto y con tecnología para darle seguimiento. Las cantidades de dinero que manejan los cárceles no se pueden ocultar y por fuerza entran a la economía formal.

Hay sistemas, como en Estados Unidos con la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros), en México, por ejemplo, ya tenemos una unidad inteligencia fiscal que le da seguimiento a la ruta del dinero.

Creo que Ecuador no tiene ningún problema para también crear esa instancia y ahí encontrarán resultados mejores que en el decomiso de armas y de drogas 

¿Esto también implica una limpieza puertas adentro del Estado?

Debe de ser integral, no podemos pensar en que vamos a aplicar una política o hacer una reingeniería si siguen operando las mismas personas. Tendremos que buscar la forma de cambiar el chip o de cambiar a las personas.

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