Con Criterio Liberal
El acuerdo de deuda de Ecuador: aún queda solucionar los problemas
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

13 Jul 2020 - 19:00

El gobierno de Ecuador anunció que ha alcanzado un preacuerdo con parte de los tenedores de la deuda externa en bonos y, con ello, parece alejar el riesgo de entrar en quiebra jurídica (el Estado ya está en quiebra contable).

Un acuerdo que supondría que Ecuador pagará menos y a más largo plazo. Claro que siempre se puede argumentar que se podría haber conseguido un mejor resultado, pero en este caso me parece que lo alcanzado es muy bueno y que es mucho mejor tener un acuerdo a no tenerlo.

Aún no sabemos si lo anunciado será el acuerdo definitivo, pues lo han aprobado el 50% de los acreedores y se requiere de un 66% (salvo en un tramo que es el 75%) para que sea aplicable al 100%.

Este tipo de negociaciones, donde se deciden miles de millones de dólares, son siempre complicadas e intervienen muchos factores. No sabemos hasta qué punto Ecuador ha sido beneficiado por su frontalidad para no declararse en ‘default’ y renegociar de manera transparente

Argentina, que tiene mucha más deuda, ha optado por una estrategia de confrontación, por lo que los acreedores quieren “dar ejemplo” con Ecuador como “el alumno bueno”, ofreciéndole este acuerdo que ha sido relativamente rápido y favorable para el país. 

Se ha renegociado aproximadamente un tercio de la deuda reconocida de Ecuador, la que está en bonos, ahora queda la deuda con China, la deuda interna… aún queda mucha deuda por pagar y ojalá se pueda renegociar.

Es de celebrar que se haya conseguido acordar pagar menos por las deudas pasadas, pero de nada sirve si no se tiene en cuenta lo importante: a esta situación se ha llegado por el exceso de gasto público, que no se ha podido financiar con impuestos, llevando al país a una situación de deuda desesperada.

Y la conclusión razonable solo puede ser una: hay que reducir el gasto público de manera drástica para no volver a tener que necesitar más deuda. (No, hagan las cuentas, no hay margen real de recaudación significativa subiendo los impuestos… y mucho menos ‘a los ricos’).

Lo que no puede ser es que, tras haber logrado un acuerdo para no pagar la deuda contraída en el pasado por exceso de gasto, se continúe en la misma senda de gasto público, pues sería trasladar a la siguiente generación de ecuatorianos el mismo problema que la generación anterior nos dejó tras la Revolución Ciudadana.

Una completa irresponsabilidad. Como la de aquellos que tienen la desfachatez de criticar estos acuerdos cuando antes aplaudían el endeudamiento.

Es muy positivo que los acreedores parezcan confiar en Ecuador hasta 2040, ya que aplazan por 20 años el plazo para que Ecuador pueda honrar sus compromisos a partir de ahora.

La cuestión es si los mismos ecuatorianos confían en Ecuador para el presente y para el año 2040. Y si en las elecciones del 2021 votan candidatos que se comprometan a cumplir este acuerdo, y más importante aún, a no seguir endeudando al país. A todos. A los ecuatorianos presentes y futuros.

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