Con Criterio Liberal
Un acuerdo entre Estados Unidos y Ecuador
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

17 Feb - 19:00

Parte de la parafernalia habitual de la pompa presidencial son las visitas a distintos países o “cumbres” que suelen consistir en básicamente la foto de rigor, las declaraciones grandilocuentes sobre los lazos de amistad de ambos pueblos y poco más.

La semana pasada el Presidente Moreno y parte de su gabinete viajaron a Estados Unidos, pero no fue una visita rutinaria más, sino que por su significación y contenido fue un viaje de interés.

En primer lugar lo obvio, frente a la sempiterna propaganda trasnochada “anti-imperialista” que por desgracia nos invadió durante años en Ecuador, y aún tantos replican; los hechos son que Estados Unidos es la mayor y más antigua democracia.

Es también la primera potencia mundial, el primer socio comercial de Ecuador, que recibe un 30% de sus exportaciones no petroleras, el lugar de residencia de más de 600.000 ecuatorianos, el primer emisor de turistas internacionales hacia Ecuador.

Es obvio que a Ecuador le conviene, y mucho, tener unas excelentes relaciones con Estados Unidos y, tras más de 17 años sin que un presidente de Ecuador fuera recibido por un presidente estadounidense, esta visita es un hecho digno de celebrarse en sí mismo.

No solo fue una visita simbólica. Sorprendió la capacidad de llegar a acuerdos y la voluntad de profundizar en los mismos de Donald Trump y su gabinete.

Quizá porque recibió a Moreno en la víspera de San Valentín, la buena disposición de ambos y las palabras de Trump fueron de lo más halagadoras y alentadoras hacia Ecuador.

Se llegó a hablar, incluso, de un acuerdo comercial entre los dos países. Esto sería un hito histórico, la oportunidad para Ecuador de exportar sus productos con menos aranceles y la oportunidad de otorgar seguridad jurídica a las inversiones de Estados Unidos, lo que permitiría más inversión y, con ello, más creación de empleo. Algo tremendamente positivo.

Ya sé que en Ecuador se ha escuchado muchísima retórica en contra de los tratados comerciales, pero ha sido por parte de los pobristas de siempre que, por suerte, ya están muy desacreditados por su incapacidad de proponer nada real que pueda traer prosperidad.

La realidad es que apenas le quedan nueve meses al gobierno de Trump hasta las nuevas elecciones, y un año al de Moreno, con la incertidumbre de quién saldrá elegido luego y con qué programa, por eso, el mejor legado que podrían dejar ambos gobiernos para las relaciones bilaterales sería ese tratado comercial firmado.

Hay poco tiempo, pero es posible. Más si, en lugar de enredarnos en las sempiternas discusiones de quién gana y quién pierde y en los pequeños intereses temporales particulares, comenzamos a percibir todos la visión de conjunto de las ventajas del libre comercio, y somos muchos más quienes lo apoyamos e impulsamos.

Es un sueño que es posible, una ilusión que nos permita prosperar algo más.

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