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El blanco y el negro
Rafael Lugo

Rafael Lugo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos. La novela 7, además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207.

Actualizada:

11 Oct - 17:48

De la mano de Albert Ellis, desde los años 50 del siglo pasado, esta manía humana de reducir todo al mundo maniqueo, al blanco o al negro, a Dios y al Diablo, ha sido analizada y tratada  a profundidad. Una de las primeras conclusiones de un amplio sector de la psicología es que este reduccionismo es una distorsión cognitiva que termina haciendo sufrir más a quien la aplica que a quienes le rodean. Y otra conclusión es que, definitivamente, es un acto irracional. 

Es decir, quienes tienden a analizar los hechos o ideas desde el reducido espectro del maniqueísmo no son racionales y ante la frustración que experimentan por la incongruencia entre la realidad y sus pensamientos, terminan sufriendo. 

Como ocurre usualmente, esta idea encontró mucha resistencia en la década de los 50 y 60, pues acusaban a Ellis de “exceso de racionalidad”, pero con los años sus postulados terminaron convirtiéndose en la terapia racional emotiva conductual que hoy goza de enorme prestigio y reconocimiento en ese campo de la medicina.  

Pongo mi esperanza en que, dentro de unas décadas, la falta de racionalidad sea considerada como enfermedad mental. Por ahora, ya se la reconoce como una distorsión cognitiva, como les había dicho. 

Y es que la falta de pensamiento racional nos lleva a extremos ridículos a veces y peligrosos las otras. El enorme Mark Twain se burlaba de esto al decir “conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras”, y Aldous Huxley parecía ironizar frente a un pelotón de maniqueos al afirmar que “los hechos no dejan de existir aunque se los ignore”. 

Y entonces, debe ser por esta distorsión cognitiva que en el Ecuador varios foros funcionan de la siguiente manera:

Dices: Nebot pesca a río revuelto. Te contestan: Es que eres correísta.

Dices: Yaku Pérez no debía tomarse la Asamblea junto a una turba. Te contestan: Es que eres racista. 

Dices: La CONAIE no puede declarar estado de excepción en un territorio ancestral del cual no conoce ni los límites. Te contestan: Fascista.

Dices Rafael Correa es un cobarde prófugo de la justicia. Te contestan es que eres de Lasso. 

Dices Lasso no pega una. Te contestan es que eres socialista.

Dices, esperemos los resultados de las investigaciones (de lo que sea). Te contestan que defiendes o encubres (lo que sea).

Dices que los chinos nos dieron créditos al 8% y el FMI al 3,9%. Te contestan que comes Nutella.

Vas a la Shyris a pedir por la Democracia de todos. Te gritan sal de tu privilegio. 

Reclamas por la ley que perdonó multas e intereses de impuestos a varios grupos económicos. Te acusan de envidioso.

De lo único que me alegro sobre la mente maniquea es que, como dijo Ellis, el que más sufre es el que la tiene, porque sus pensamientos y formas de analizar los hechos, no concuerdan con la realidad. Es una mosca dándose contra el cristal de la ventana, digamos.

Que no se diga entonces, desde la desazón, que ser cojudo no duele. Parece que sí. 

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