Efecto Mariposa

El bullying no es broma

Yasmín Salazar Méndez

Yasmín Salazar Méndez

Profesora e Investigadora del Departamento de Economía Cuantitativa de la Escuela Politécnica Nacional EPN. Doctora en Economía. Investiga sobre temas relacionados con pobreza y desigualdad.

Actualizada:

23 Feb 2022 - 19:03

La semana pasada, Drayke Hardman, un niño de 12 años se suicidó en Estados Unidos. Según su familia, fue víctima de bullying y buscó la muerte para poner fin a la pesadilla que, por más de un año, vivió en su escuela. 

La noticia del suicidio de este niño revivió, de forma muy dolorosa, el debate del bullying en el mundo. En Ecuador, la noticia también se difundió y, como reacción, algunos usuarios de redes sociales se unieron a una campaña en la que se instruía a los niños y adolescentes a no burlarse de los “bajitos, gorditos, flaquitos, negritos o blanquitos”.

En cambio, otros más prácticos, daban lecciones de cómo se debe enseñar a los hijos a defenderse con puñetes, como los machos.

Ninguna de las dos iniciativas me convence, al contrario, me llama la atención la forma en la que tratamos problemas tan graves, como el bullying.

Por un lado, me asusta que se llene de información contaminada a los niños y jóvenes, y que se los induzca, de alguna manera, a sentir pena por sus compañeros “diferentes”, usando diminutivos que terminan siendo peyorativos. Por otro lado, me aterra que en los hogares, se inculque la idea de resolver los problemas a golpes. 

Entiendo que, en parte, esa reacción se debe a que muchos adultos no conocen qué es el bullying y, aunque pudieron ser víctimas o victimarios en su edad escolar, no los tomaron en serio, pues antes el bullying no era considerado como perjudicial. 

Como información adicional, el acoso escolar no es un problema nuevo, pues hay un estudio realizado en 1897, pero solo a partir de la década de 1970, el psicólogo sueco-noruego Dan Olweus comenzó a investigar el tema con seriedad y ahora hay más especialistas analizando este fenómeno.

El bullying es un problema serio, serísimo, y los niños, adolescentes y adultos, todos debemos estar conscientes de su gravedad y reconocerlo por su nombre. 

El acoso escolar es el comportamiento agresivo o el daño intencional que ejercen de forma reiterada una o más personas contra de otro compañero. El que ejerce el bullying identifica que tiene ventajas de fuerza o de poder frente a la víctima y comienza el acoso.  

El bullying se puede presentar de distintas maneras:

Bullying verbal: se manifiesta con palabras crueles, insultos, amenazas, bromas, calificativos o apodos. 

Bullying físico: se presenta con patadas, golpes, empujones y cualquier otra forma de agresión física.

Bullying relacional o social: se caracteriza por la exclusión social de la víctima. Los acosadores pueden aislar a sus víctimas difundiendo rumores que impiden su participación en cualquier tipo de actividad escolar. 

Acoso vía Internet o ciberbullying: se presenta por el hostigamiento verbal a través de redes sociales, mensajes de texto y correo electrónico.

El bullying no es ningún juego, pues sus víctimas pueden padecer diversos trastornos, como insomnio, ansiedad y depresión.

También puede ser causa de deserción escolar debido a que quienes sufren de acoso pueden desarrollar fobia escolar, inseguridad y tener bajas calificaciones. Además, las víctimas pueden sufrir de baja autoestima, soledad y aislamiento.

Por último, hay estudios que sugieren que el acoso escolar puede incrementar las ideas y comportamientos suicidas en niños y adolescentes.

Si bien la atención se dirige principalmente a las víctimas, también hay que mirar el otro lado: a los bullies o agresores.

El comportamiento de los agresores esconde un mensaje de que algo no está bien en sus vidas y también pueden sufrir de depresión.

Además, según diversas investigaciones, los agresores son más propensos a desarrollar conductas antisociales y a involucrarse en problemas legales en la edad adulta, inclusive hay estudios que sugieren que los acosadores tienen más probabilidades de usar sustancias ilícitas.

Los bullies también presentan bajo desempeño escolar y tienen una alta probabilidad de suicidarse.

Sí, el bullying puede causar la muerte a las víctimas y a los agresores. Y, el hecho de que, en esta columna, haga referencia a un caso sucedido en los Estados Unidos no significa que debemos despreocuparnos, pues el acoso escolar está presente en todos los países, incluso en Ecuador. 

Según un estudio de la Unicef, publicado en 2015, en Ecuador, el 22,8% de estudiantes, con edades entre 11 y 18 años, ha sido víctima de acoso escolar. En el Primer informe oficial sobre bullying o acoso escolar en el mundo (2020-2021), publicado hace pocos días, se presenta un porcentaje similar para Ecuador.

Los resultados de Unicef para el Ecuador coinciden con los análisis realizados para otros países de América Latina y muestran que el bullying no distingue sexo, área de residencia, tipo de establecimiento fiscal, municipal, particular o fiscomisional; clase social, etnia, orientación sexual ni edad.

El bullying está presente en todos los tipos de establecimientos y puede afectar a cualquier niño o adolescente. 

Entonces, no podemos adornar el bullying con diminutivos ni empeorarlo con puñetes.  El Ministerio de Educación debe tener una política para prevenir, detectar y eliminar el bullying que vaya más allá del papel; se debe hablar del tema con claridad y todos: maestros, padres de familia, niños y adolescentes, deben saber qué es el bullying, cómo se presenta, sus consecuencias, y que no es una broma. 

Si en los centros educativos se evita el tema, los padres seguirán proponiendo estrategias de defensa a sus hijos que solo pueden agravar la situación.

El bullying no es broma. En Ecuador, ya se han reportado suicidios que se atribuyeron al bullying.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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