Las Frases que Hicieron Historia

Por qué celebrar la Independencia

Enrique Ayala Mora

Enrique Ayala Mora

Doctor en Historia de la Universidad de Oxford y en Educación de la PUCE. Rector fundador y ahora profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador. Presidente del Colegio de América sede Latinoamericana.

Actualizada:

14 May 2022 - 19:00

Estamos conmemorando 200 años de la batalla de Pichincha del 24 de mayo de 1822 y en medio de la celebración han surgido interrogantes sobre nuestra Independencia.

Para responder a algunos de ellos se realizará el Seminario Internacional ‘Las Independencias de la región andina, doscientos años después’, el 18 y 19 de mayo de 2022, de 09:00 a 20:00, en el Paraninfo de la Universidad Andina Simón Bolívar, con la posibilidad de que los participantes puedan conectarse por Zoom y Facebook.

Se congregarán quince destacados historiadores de América Latina, España, Francia y Portugal, especialistas en el tema, para debatir sobre las Independencias con la perspectiva de los 200 años, explicar su alcance y sus consecuencias en la conformación de la realidad latinoamericana. 

En tiempos de la Independencia, en los muros de Quito apareció la leyenda: “último día del despotismo y primero de lo mismo”.

Por ello, hay quien ha afirmado que la Independencia fue un cambio de gobierno y no una ruptura del hecho colonial. Pero, en verdad, la Independencia fue una revolución en que pesaron más las rupturas que las continuidades.

Derrumbó el poder metropolitano y expulsó a los ‘chapetones’; sacudió las estructuras de la sociedad, aunque no cambió las relaciones básicas en las que se asentaban, provocó rápidos ascensos y descensos sociales, abrió nuevas líneas de comercio, desató cambios en ideas y costumbres.

En Ecuador, como en toda América Latina, la Independencia es el punto de partida de la inacabada construcción nacional. Se considera el acto fundacional de nuestros países. Casi siempre se la ha visto como un conjunto de hechos puntuales y coincidentes.

Pero la emancipación del actual Ecuador, como la de toda Latinoamérica, no puede ser explicada por motivaciones simples, sino por causas estructurales complejas. Se la ha visto muchas veces en forma aislada del proceso independentista latinoamericano. Pero está estrechamente ligada con él.

La tradición historiográfica pintó a las independencias como acciones heroicas de notables individualidades. Pero como en todos los grandes procesos históricos, el actor fundamental es el pueblo.

Debemos comprender mejor la acción de sus protagonistas colectivos y el hecho de que la ruptura independentista provocó transformaciones importantes, entre ellas un clima de participación popular, pero luego desembocó en procesos regresivos.

Los sectores dominantes, apenas fundados los nuevos estados, cambiaron el discurso de la libertad por el del orden, y trataron de que el cambio de manos del poder no afectara en su raíz a las desigualdades.

La Independencia no fue una sucesión de hechos aislados, sino un proceso. Los propios patriotas no vieron sus esfuerzos libertarios como aislados o contrapuestos. Fueron solidarios y pensaron no solo en sus localidades, sino en el país que estaban formando. Tuvieron visiones amplias.

Vieron la Independencia como una lucha global que requería el esfuerzo de varios pueblos y sectores sociales. Pensaron en grande. Desecharon el parroquialismo y dieron un ejemplo de unidad que debemos seguir.

Más allá de las interpretaciones reduccionistas, motivadas por el sectarismo o la ignorancia, es muy importante constatar que nuestra Independencia fue un proceso en que participaron los pueblos de lo que hoy es Ecuador en relación bastante estrecha y dentro de un marco global andino y sudamericano.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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