Columnista Invitado
La ciencia en Ecuador, sin voz ni voto en la toma de decisiones
Santiago Guerrero

Santiago Guerrero

Ph.D en Biología Molecular y Celular de la Universidad de Estrasburgo, ex investigador postdoctoral del Centro de Regulación Genómica de Barcelona. Se ha enfocado en la infección del VIH y la progresión tumoral.

Actualizada:

8 Jun 2021 - 19:00

La pandemia de Covid-19, minimizada sistemáticamente en nuestro país, ha puesto en evidencia falencias graves del sistema de salud pública.

Vergonzosamente, esto ha causado más de 57.000 muertes en exceso respecto a años pasados, ubicándonos como el segundo país con mayor incremento de muertes en el mundo. Como dice la canción: ¡Ecuador siempre primero!

Estos errores tienen un origen común: la desvinculación de la ciencia en la toma de decisiones políticas. Mientras que la política está condicionada por intereses y afinidades ideológicas, la ciencia es independiente y se construye mediante evidencias comprobadas.

Nuestros errores comparten un origen común: la desvinculación de la ciencia en la toma de decisiones políticas.

Con base en esta lógica, ¿cómo alcanzamos una política anclada en certezas estadísticas? Aquí algunas reflexiones:

Ecuador necesita más científicos. Según el Instituto de Estadística de la Unesco, Alemania, cuyo desarrollo se basa en la investigación científica, tiene 14 veces más investigadores que Ecuador por millón de habitantes.

Alemania tiene 14 veces más investigadores que Ecuador por millón de habitantes.

La investigación científica ecuatoriana se desarrolla mayoritariamente en las universidades, con limitadas extensiones en los hospitales y casi nulas en los organismos gubernamentales.

Aquí está la falencia: los investigadores son escasos y no forman parte del sistema. Nuestro país debe apostar por un sistema de investigación que fortalezca la unión de dichos actores para lograr una política acertada.

En este tortuoso camino, la ciencia no debe ser manipulada por la política ni por la religión, debe ser más bien considerada como una fuente de desarrollo social y económico.

En Europa, por ejemplo, el Centro Común de Investigación (Comisión Europea) aporta evidencias científicas -con base a datos contrastados- para la toma de decisiones políticas. Este enfoque se ha consolidado también en otros países desarrollados, tales como Estados Unidos, Canadá y Australia.

En Ecuador, este tipo de iniciativas son inexistentes, raras veces los científicos son llamados a dar su voz, pero nunca su voto.

Hace poco, la Academia de Ciencias del Ecuador (ACE), mediante una carta abierta al nuevo Gobierno, propone ocho puntos clave para el desarrollo de la ciencia en el país. Dentro de los más destacados están la creación de un plan de inserción para todos los becarios retornados.

La Academia de Ciencias del Ecuador propone ocho puntos clave para el desarrollo de la ciencia en el país.

Esto, claramente, nos ayudaría a sobrellevar la problemática antes mencionada, insertando a los científicos en diferentes instancias gubernamentales implicadas en la toma de decisiones sanitarias.

Los científicos son considerados prescindibles por la sociedad ecuatoriana; lamentablemente, esta percepción se ha posicionado a partir de manipulaciones y entrecruces políticos.

Los ecuatorianos deben saber -y la pandemia lo ha demostrado varias veces- que los científicos tienen que ser artífices de las decisiones políticas que repercuten en la vida de las personas. Como lo dijo Rosalind Franklin: “la ciencia y la vida ni pueden ni deben estar separadas”.

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