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Coca Codo Sinclair, aguas hambrientas por las hambres atrasadas
Rafael Lugo

Rafael Lugo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos. La novela 7, además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207.

Actualizada:

16 May - 19:00

Sobre la hidroeléctrica y su construcción se sabe (digo se sabe porque los hechos lo sustentan), que se pensó y diseñó para aprovechar el caudal de río Coca desde hace varias décadas.

Que originalmente, en virtud del caudal promedio anual del río, la producción difícilmente podría superar las dos terceras partes de lo ofrecido y pagado, pero en el Gobierno de Rafael Correa decidieron multiplicar el tamaño del proyecto para ‘generar’ 1.500 megavatios de potencia.

Pudieron haberse robado igual un gran monto de dólares construyendo una hidroeléctrica de un tamaño apegado a la realidad del cauce, pero no. Y, por alguna razón, el río Coca nunca se multiplicó. Río neoliberal, sin duda. 

También se conoce que el gobierno de esa época prefirió el crédito chino frente a un crédito de algún multilateral porque el multilateral primero quería estudios serios de algunos temas, especialmente de impacto ambiental. 

Cuando se inauguró la obra por la cual también estamos pagando aún intereses a China, vino hasta su presidente, pero con tan mala espalda que pronto aparecieron fisuras y problemas que hasta la presente fecha justifican que la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec), no reciba definitivamente la obra. Y es posible que en unos 18 meses no tenga nada que recibir, dicho sea de paso. 

Digo esto pues a decir de geólogos, luego del colapso de la cascada de San Rafael, el río Coca ha “movido” su caída de aproximadamente 150 metros aguas atrás casi 2,5 kilómetros en los últimos 100 días, asunto que nos hace prever que en unos cuantos meses más el río se lleve partes de la carretera Quito – Lago Agrio, segmentos del Oleoducto Transecuatoriano (daño que ya ocurrió y que se repetiría), la estación de bombeo de El Salado y la presa de captación de agua para la hidroeléctrica. 

El colapso de la cascada sería directa consecuencia de haber represado un río con las características del Coca. El experto Emilio Cobo ha señalado que “cuando un río pierde sus sedimentos, busca recuperarlos y aumenta su capacidad erosiva, generando un efecto que se conoce como “aguas hambrientas”.

Lea en el siguiente enlace su más reciente texto al respecto con gran cantidad de detalles:

https://wasserimfluss.wordpress.com/2020/04/18/cuando-el-rio-se-rebela/

Entonces, no solamente hubo sobreprecio, agrandamiento injustificado e inútil de la obra, sino que nunca debió hacerse, si hubiésemos contado con los estudios responsables y necesarios.  

¿Quién debía hacer esos estudios? ¿Quién es el responsable de su ausencia o ineficacia? ¿Quién debe ir a los tribunales: funcionarios públicos de ese entonces y la empresa Sinohydro que pertenece al Estado de China, o a uno de los anteriores? 

El periodista Martín Pallares, dice: “otros apuntan a que en el contrato de 2009 entre el Estado ecuatoriano y Sinohydro quedó establecida la obligación de los chinos de hacer los estudios ambientales y geológicos.

En un informe de Contraloría de febrero de 2015 se establece que, en efecto, los chinos debían hacer dichos estudios.

Hubo un pintoresco idiota en el Gobierno de Correa que tuvo como gran idea ‘venderle’ energía eléctrica a Colombia, suponiendo que Colombia no ampliaría su propia infraestructura. Y hubo otros más sapos que (asumo que riéndose del paisano) vieron la posibilidad de robarse otros tantos millones más.

Se gastaron adicionalmente casi USD 700 millones en cables de alta tensión que actualmente son subutilizados (porque la central no genera los 1.500 megavatios, como se dijo), y probablemente esos cables queden conectados a las ruinas más caras de nuestra historia. 

Alguien tiene que pagar por esto, o para variar terminaremos pagándolo nosotros, los giles de siempre. Coca Codo debe convertirse en una lucha nacional, en una pelea de todos. No hablamos solo de miles de millones de dólares, sino de un incalculable e irreparable daño ambiental que debe ser conocido por el mundo. 

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