Miércoles, 17 de abril de 2024
Al aire libre

Familia de hoy: un chico con su perro que viven en un cuarto por seis meses 

Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

24 Feb 2024 - 5:55

“El deseo de mis padres es mi mayor miedo”, es el comentario del guionista del documental Nómadas. Héctor Lázaro se refiere a trabajar siempre en lo mismo y vivir más de dos años en el mismo piso.

Comprar una vivienda implica instalarse en un espacio toda la vida, tener que pagar una mensualidad por 20 años o más, prepararse psicológica y financieramente para esta deuda a largo plazo.

Al ser un hogar para muchos años, debe tener calidad de construcción, buena vecindad, seguridad, que no se deprecie su valor. Hay que verificar que quede cerca del trabajo y la escuela, o al menos, que cuente con un buen servicio de transporte

Son factores que los jóvenes no están dispuestos a experimentar.

Desde Millenials a Generación Z prefieren tener libertad de cambiar de ubicación a su gusto. Si se les acaba el dinero, -ya que la mayoría no tiene un ingreso fijo- eligen alquilar y/o compartir un techo sin mucho compromiso.

Si un trabajo va a durar un año, por lo menos que me guste”, es la idea actual. Y no por rebeldía, sino por adaptación.

La estabilidad va a llegar algún rato, ¿para qué anticiparse? – es otro slogan.

¿Qué consecuencias hay sobre la comunidad de barrios y vecindades cuando los moradores están de paso?

1. Quedan vacíos los barrios, las manzanas se ven desoladas. El tejido social se rompe, ya no hay comunidad. El barrio de hace 30 o 40 años estaba formado por casas o departamentos con familias que vivían allí de largo.

Los niños ocupaban los jardines, veredas y aun las calles, jugando fútbol, saltando soga, montando bicicleta. Los tenderos del barrio conocía a todos los vecinos por su nombre.

Era un impacto cuando una familia -papá, mamá e hijos- se mudaba. La familia de hoy puede ser un chico y su perro que vive en un cuarto por seis meses máximo.

2. Cuando los alquileres son efímeros, hay una transformación de barrio residencial hacia zona rosa y aún roja. Los turistas que se alojan por poco tiempo son ruidosos y fiesteros. Es poco placentero vivir allí.

3. Los alquileres suben y los moradores de las ciudades no pueden acceder a esos costos, por lo que se mueven a la periferia.

4. El pago de impuestos de los jóvenes que viven alquilando generalmente también está de paso. Por ejemplo, Juan, diseñador gráfico, trabaja para una empresa norteamericana y vive entre Madrid y Barcelona.

Otros efectos más positivos son:

  1. Aplicaciones como Airbnb logran que los alquileres de corto plazo sean más rentables que los de largo plazo.
  2. El dinero de los turistas que normalmente iba a los hoteles y zonas comerciales ahora va a los barrios.
  3. Viviendas que permanecían vacías, deterioradas o poco atractivas se alquilan enteras o en partes. Su nueva imagen es acogedora, el barrio se ve renovado y la plusvalía sube.
  4. La construcción también tiene nuevas miras. Se crean espacios más pequeños y funcionales y hay líneas innovadoras de accesorios del hogar para hacerlo más funcional.
  5. En temporadas altas en las que los hoteles no abastecen, el alquiler a corto plazo de viviendas es una alternativa para los visitantes.

Pasa el tiempo y los nómadas buscan un lugar fijo.

Juan confiesa que después de tres años de ser nómada digital, necesita ubicarse en un solo lugar para vivir con su novia, quiere adoptar un perro y cuidar un jardín.

Comprar una vivienda es una alternativa legítima, atractiva, posible, que da sensación de seguridad y de realización personal.

Aunque el préstamo hipotecario es una cantidad muy grande (USD 90.000 a USD 200.000), no es una deuda que se nos va fuera de control. El interés promedio es del 9% a 20 años.

Hay que pagar una cantidad fija cada mes, en una fecha determinada, no se la siente y nos organiza.

La diferencia de esta deuda fija con la tarjeta de crédito es inmensa. La tarjeta sí puede irse de control. Un mes nos puede salir $700 y otro $1200.

Yo estoy convencida de que el día que Juan se decida a dar el salto, no retrocede. Pasará a un piso superior que le dará tranquilidad, sin dejar de hacer lo que le gusta.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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