Economía y Desarrollo

Conmemorar el 1° de mayo demanda un programa por el trabajo digno

Andrés Mideros Mora

Andrés Mideros Mora

Doctor en economía, máster en Economía del Desarrollo y en Política Pública. Decano de la Facultad de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

Actualizada:

3 May 2022 - 19:00

El 1° de mayo se conmemora el día de las personas trabajadoras. No es una celebración, sino una manifestación de quienes, con su tiempo, esfuerzo y habilidad, producen y reproducen la vida.

Una manifestación para exigir dignidad, justicia y derechos. Un día para recordar que los bienes y servicios, con los que satisfacemos nuestras necesidades, los hacen las personas trabajadoras.

Ninguna máquina funciona sola, y aún aquellas más automatizadas fueron previamente pensadas, diseñadas y construidas por personas.

Un momento para reivindicar, además, que quienes cuidan, limpian y alimentan a los demás son personas; y señalar que su tiempo ha sido desvalorizado, su trabajo invisibilizado, y los beneficios de estas actividades han sido apropias por el capital.

Las personas trabajadoras son aquellas que viven de su trabajo, y cuyo bienestar está condicionado a mercantilizar su propia vida. No reciben rentas del capital, únicamente su salario o los ingresos de su trabajo autónomo.

La mayoría no cobra no lo que merece o necesita, sino lo que le imponen; incluso hay quienes se ven forzados a realizar actividades que no desean por la necesidad de un salario. Es así como la mayoría termina vendiendo su tiempo, su vida, su dignidad, para poder sobrevivir.

Las luchas que se juntan en las marchas del 1° de mayo plantean eliminar la precarización de la vida de las personas en el mercado de trabajo. Que se respete un salario digno, una jornada máxima, estabilidad, un trato justo y respetuoso, y que se garantice seguridad social, pero además que se ponga de manifiesto la opresión que sufren determinados grupos.

El mercado del trabajo oprime a las mujeres explotando su tiempo para prestar cuidados sin reconocimiento alguno, forzando socialmente a que entreguen su vida para que los hombres tengan más tiempo, y para que el capital tenga personas trabajadoras limpias, sanas y alimentadas.

El mercado también discrimina a las mujeres asignándoles tareas predefinidas, sin valorar su capacidad, reconociendo menores salarios, y ubicándolas en riesgo permanente de acoso y humillación.

Al tiempo que se cosifica a las mujeres, apropiándose de sus cuerpos para usarlos como instrumento de publicidad, mercantilizándolos como propiedad del capital y de los hombres consumidores, humillándolos y siendo un factor de riesgo de golpes, violaciones y asesinatos.

La opresión llega también a las personas adultas mayores que son descartadas, desechadas del trabajo, y no se les asegura la protección necesaria para su vejez y muerte dignas.

Niñez y adolescencia, sin educación, sin alimento y sin salud, así como jóvenes sin oportunidades, que crecen en pobreza y vulnerabilidad, sin acceso a un trabajo digno, quedan en reserva para cuando se necesiten gentes dispuestas a hacer cualquier cosa o aceptar cualquier salario, quitándoles la dignidad, convirtiéndoles en factores de producción, cuyo costo debe ser reducido, y cuyas vidas son secundarias frente al objetivo de ampliar la ganancia del capital.

Conmemorar el día del trabajo no es hacer pronunciamientos que hablen del esfuerzo de los y las trabajadoras, sino de comprometerse a temas concretos:

  • Protección social para todas las personas, incluyendo a quienes realizan trabajo no remunerado.
  • Universalización de las pensiones para adultos mayores, haciendo complementarios los regímenes contributivos y no-contributivos.
  • Universalizar las transferencias monetarias para niños, niñas y adolescentes desde el nacimiento y hasta terminar el bachillerato o la educación superior, para quienes opten por ella.
  • Eliminar las normas que permiten la reducción de jornadas y salarios.
  • Establecer normas que garanticen la igualdad de oportunidad entre hombres y mujeres.
  • Fortalecer los sindicatos.
  • Aumentar el salario básico hasta cubrir la canasta básica.
  • Erradicar la pobreza monetaria con transferencias directas.
  • Universalizar la salud y la educación.
  • Mejorar el acceso a mercados combatiendo los monopolios de comercialización.
  • Democratizar el acceso a crédito y tecnología.
  • Eliminar los absurdos y abusivos subsidios al capital, llamados ‘incentivos tributarios’.

Conmemorar el 1° de mayo demanda un programa concreto para generar formas de trabajo dignas, fraternas y liberadoras, y para poner a la vida por sobre el capital.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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