Columnista Invitado
La cotización del agua en Wall Street: rompamos los mitos
Homero Paltán

Homero Paltán

Doctor en riesgos de clima y agua por la Universidad de Oxford. Consultor del Banco Mundial en sistemas hídricos y energéticos. Investigador y Lecturer Asociado para Hidrología y Manejo de Riesgos, Universidad de Oxford. Investigador del Instituto de Geografía de la Universidad San Francisco de Quito.

Actualizada:

17 Dic 2020 - 19:00

La noticia de que el agua cotizará en Wall Street ha abierto diversas reacciones, muchas de ellas desproporcionadas.

Esto incluye la oferta del candidato presidencial Yaku Pérez de exportar barriles de agua. Sin embargo, no es una noticia para alarmarse ni menos aún para abrir la puerta a conspiraciones. 

Los mercados de agua son herramientas no-estructurales (al contrario de reservorios o canalizaciones) de manejo de agua, ampliamente utilizadas especialmente cuando hay escasez.

En muchos lugares ya están presentes, aunque de forma irregular e informal. Este es el caso de la utilización de tanqueros para la compra y venta de agua.

En otros casos, estos mercados son sofisticados y están legalmente constituidos, creando derechos de propiedad que permiten transacciones entre usuarios (como entre agricultores o entre ellos y el sector hidroeléctrico). Esto sucede, por ejemplo, en Australia, China, Chile, o California. 

Cuando los mercados de agua están bien diseñados, cuentan con reglas claras, además de instituciones e infraestructuras adecuadas, pueden facilitar la participación comunitaria, reducen el desperdicio, promueven la distribución eficiente o evitan conflicto y son catalizadores hacia un acceso seguro y universal al agua.

Al contrario, si estos elementos faltan o son corruptibles pueden ser excluyentes, favorecer extorsiones e intensificar la escasez.

Por esto, la operación de estos mercados tiene varios desafíos.

Uno de ellos es la alta variabilidad de los precios que se pagan por el servicio del agua o por el bien en sí (la cantidad).

Esta variabilidad ocurre porque existe la duda de si, en una determinada estación o año, habrá suficiente agua para satisfacer todos los requerimientos de una región.

En un contexto muy variable, donde el cambio climático intensifica las sequías, pero donde las necesidades de agua también crecen empujadas por otros factores, es cada vez más difícil acordar un precio a pagar entre usuarios.

Así, que el agua cotice en bolsa solo busca amortiguar y garantizar a los usuarios un precio; inclusive cuando sucedan sorpresas, como sequías inesperadas. Además, lo que se cotiza en Wall Street son contratos de agua solamente de California – donde menos del 10% del agua utilizada anualmente entra en transacciones.

Ahora, el precio de ciertos derechos de California, que antes se acordaba en desigualdad de conocimiento (o desconocimiento total), estará anclado a un índice que encapsula información clave, como cambio climático o demanda.

Es decir, solamente se formalizan, financieramente hablando, una serie de acuerdos en un parte del mundo donde esto ya sucedía.

Para nada implica que el agua del mundo se venderá al mejor postor ni que existan mercaderes listos para hacer negocios ocultos con el agua en Ecuador.

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