Las Frases que Hicieron Historia

Las cruces sobre el agua

Enrique Ayala Mora

Enrique Ayala Mora

Doctor en Historia de la Universidad de Oxford y en Educación de la PUCE. Rector fundador y ahora profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador. Presidente del Colegio de América sede Latinoamericana.

Actualizada:

4 Jun 2022 - 19:00

Todos los años, el 15 de noviembre, los trabajadores de Guayaquil marchan hacia la ría y desde el malecón lanzan flores y pequeñas cruces al agua. La ceremonia se conoce como ‘Las cruces sobre el agua’, bautizada con el título de la célebre novela de Joaquín Gallegos Lara, que cuenta la masacre de 1922, el ‘bautismo de sangre’ de la clase obrera ecuatoriana.

Cuando se dio el hecho, fue justificado por el gobierno, los políticos y el clero, pero ahora todas las explicaciones coinciden en que fue precipitado por la crisis que se dio a inicios de la década de 1920, provocada por el descenso de las exportaciones de cacao.

En menos de dos años, el precio internacional de la fruta bajó y las pestes asolaron las plantaciones. Hubo despidos masivos y reducción de salarios. El cambio del dólar subió de 2 a 4 sucres.

Los trabajadores sufrieron la peor parte. Y se organizaron. En Guayaquil, junto a la Confederación Obrera del Guayas, surgió la Federación de Trabajadores Regional del Guayas (FTRE), que encabezó la agitación popular.

En octubre de 1922, los trabajadores del Ferrocarril plantearon alzas salariales. Fue el inicio de un movimiento que también se dio en otras ciudades. En pocos días se sumaron artesanos, obreros portuarios, subempleados y migrantes. También aparecieron dirigentes políticos que pedían la incautación de las divisas.

A principios de noviembre se declaró la huelga general y el fantasma de la protesta se transformó en la pesadilla del gobierno.

El presidente José Luis Tamayo, que llegó al poder por la plutocracia y el fraude electoral, respondió con la fuerza. Mandó soldados y les ordenó: “Espero que mañana a las seis de la tarde me informará que ha vuelto la tranquilidad a Guayaquil, cueste lo que cueste”.

Los trabajadores controlaban Guayaquil, paralizada por la protesta. El 15, una gran marcha fue disuelta a bala. Los soldados y la policía dispararon al cuerpo a las masas inermes.

Casi no hubo resistencia, salvo de unos pocos que asaltaron un almacén, se apoderaron de las armas y se defendieron a bala. También hubo saqueos de algunos negocios en el centro de la ciudad. Con ese pretexto, los militares acentuaron la matanza.

Hasta de los balcones se disparó contra el pueblo. Cientos de casas fueron allanadas, con el resultado de muertos, heridos, robos y violaciones. Varios centenares de cadáveres y de personas heridas quedaron en las calles.

Los soldados levantaron a los caídos para luego arrojarlos al río Guayas. Un bayonetazo en el vientre fue asignado a cada uno de los cuerpos para que no flotaran.

¿Cuántos fueron los muertos? Difícil saberlo, porque el inepto gobierno de Tamayo que no pudo manejar la crisis fue, en cambio, muy eficiente para ocultar las víctimas. Pero cayeron cientos en la jornada del 15 de noviembre. El primero fue el panadero Alfredo Baldeón, protagonista de ‘Las Cruces sobre el agua’.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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