Una Habitación Propia
El cuerpo de Emma
Maria Fernanda Ampuero

Maria Fernanda Ampuero

María Fernanda Ampuero, es una escritora y cronista guayaquileña, ha publicado los libros ‘Lo que aprendí en la peluquería’, ‘Permiso de residencia’ y ‘Pelea de gallos’.

Actualizada:

16 Jul 2020 - 19:00

Como al parecer no hay cosas más importantes de las que hablar en este país, en los últimos días la barriada Twitter se ha entretenido con el video de una pareja cogiendo. 

Nada extraño: la de un hombre y una mujer gozándose uno al otro es una escena vieja como la existencia.

Y, sin embargo, el escándalo. 

Ambos, tengo entendido, eran solteros en ese momento y estaban disfrutando de sus cuerpos como –espero– usted y yo lo hemos hecho. Nadie le estaba haciendo daño a nadie. Ahí había consentimiento y había goce. 

Envidiable goce. 

El nombre de una de las protagonistas del video se hizo viral y el Ecuador chismoso y machista se frotó las pezuñas: vamos a destrozar a esta zorra. 

Los gringos llaman al proceso de avergonzar a una mujer por su sexualidad slutshaming que, traducido rápido y mal, sería “tildar de prostituta”. 

Más que el cuarenta y el ecuavoley, el slutshaming es el verdadero deporte nacional. 

El ecuatoriano sigue pensando que nada más puede haber dos tipos de mujeres: la virgen y la puta y que si no eres una, obviamente eres la otra. 

La madre virgen –imagínense ese concepto– y las que actúan como ella son las que merecen todo respeto y devoción. Las otras, las gozadoras, las fáciles, las seductoras, son demonios a los que hay que destruir. 

Apenas apareció el video, aunque había dos personas involucradas, todo el mundo empezó a cuestionarla a ella porque un hombre puede hacer lo que sea, ¿no? Un hombre promiscuo es un ídolo, pero en cambio, ¿qué hace una mujer disfrutando del sexo? ¿Dónde se ha visto? 

Tal vez a los machitos les sorprenda esto, pero a las mujeres nos gusta el sexo. Nos gusta mucho. A mí, al menos, con la pareja adecuada o conmigo misma me encanta. 

Eso, desde luego, no me hace sentir sucia, sino que me hace sentir normal, sana: estoy viva y a todo ser vivo le gusta el placer.  

Hace mucho dejé atrás el concepto del pecado de la carne y comprendí que a muchos hombres no les gusta que las mujeres seamos libres sexualmente –o sea que conozcamos qué nos da placer y qué no– para que no nos demos cuenta de lo pésimos amantes que son. 

Es increíble que este país, que mira si no tiene problemas, siga cuestionando a las mujeres por gozar. 

Como todos, vi sin querer algún fotograma del video porque estaban por todos lados y lo que en realidad vi fue a dos seres hermosos siendo felices con sus cuerpos. 

Ella está gozando y él también. Bravo. 

Lo que me asquea es que en un país en el que a las mujeres nos violan a diario lo que en verdad sea importante para los machos es que una chica goce.

Yo, que como millones de personas he protagonizado videos íntimos para mí y mi pareja y quién sabe si algún día se puedan hacer públicos, no estoy nada preocupada. 

Sí, tengo sexo. Sí, a veces lo grabo. ¿Y?

Emma, aprópiate del slutshaming y en lugar de aparecer en las redes con cara de arrepentimiento pidiendo perdón –¿perdón por qué?– sal sonriente, poderosa, altiva, cabeza alta, brillo en la mirada. 

Y di:

-Estuve magnífica ese día, ¿no? 

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