Una Habitación Propia

Por favor, cuídense

Maria Fernanda Ampuero

Maria Fernanda Ampuero

María Fernanda Ampuero, es una escritora y cronista guayaquileña, ha publicado los libros ‘Lo que aprendí en la peluquería’, ‘Permiso de residencia’ y ‘Pelea de gallos’.

Actualizada:

30 Dic 2021 - 19:00

Cuiden la cantidad de gente con la que comparten esta noche: que sea el mínimo. Cuiden la ventilación, que las ventanas estén abiertas, y que sus familiares se retiren las mascarillas lo necesario para comer o beber.

Cuiden a los abuelos y abuelas, mándenles besos a distancia. El amor no se expresa únicamente en un abrazo apretado, sino en una mirada tierna. Mírense para cuidarse.

Cuiden el exceso de alcohol que hace que la gente pierda el miedo. Marquen distancia con el clásico borrachín de la familia que quiere abrazar a todo el mundo.

Pónganle mascarilla al borrachín.

Cuiden su salud mental. Hablen de lo que sienten con amigos y amigas, con hijos e hijas, con maridos y mujeres. Hablen del miedo, de la soledad, del hartazgo, de la melancolía, de los muertos, de la fragilidad del ser humano.

Hablen, por favor, hablen.

Cuiden a los adolescentes. Explíquenles que esto, este terror, va a pasar, pero que mientras tanto hay que evitar las fiestas donde es imposible mantener distancia, mascarilla y seguridad. Díganles a los jóvenes que saben que están haciendo un sacrificio y que lo valoran.

Los jóvenes se están perdiendo lo que nosotros sí tuvimos: fiestas enormes, bailes, coqueteos, hacer nuevos amigos. Entiéndanlos si están de mal humor o tristes o rabiosos.

Cuiden a los niños y niñas: muchos de ellos recordarán sus infancias con gente con mascarilla, gente a la que no le ves la sonrisa, gente que tiene miedo. Los niños tienen miedo de que se mueran sus padres y abuelos. Entiéndanlos. Háblenles.

Cuídense unos a otros. Si alguien se acerca demasiado no teman herir sus sentimientos. La salud es lo primero, no los resentimientos. Recordar a la gente, incluso a la familia, la distancia de seguridad puede salvar vidas: la propia, la de ellos.

Cuiden a los médicos cercanos. Manden un mensaje diciendo cuánto los admiran y cuánto los quieren. Ese detalle hace una enorme diferencia en esas personas que se están echando el mundo encima para salvar vidas.

Cuiden a los que están de duelo: dedíquenles unas palabras de aliento y de cariño. Déjenlos llorar todo lo que quieran llorar. Saquen de su vocabulario las palabras “no llores”, “resignación”, “él o ella no querrían verte así”.

Dejen que la gente sienta lo que quiera sentir.

Dejen que aflore la melancolía.

Son tiempos ridículamente dolorosos.

Cuiden su corazón: piensen en todas las bendiciones que les rodean.

Hay comida sobre la mesa, hay gente que los quiere -que nos quiere-, hay vida, hay bebés, hay mascotas queridas, hay chistes y hay peleas estúpidas.

Hay familia.

Cuiden, sobre todas las cosas, lo que es de verdad valioso: las vidas de los que amamos.

Feliz 2022 de parte de una cínica que va a prender una vela por todos a los que ama.

Cuídense. Cuídenlos. Cuídenme.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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