Cambio de Rueda
La culpa de todo la tiene Don Bosco (I)
Santiago Roldós

Santiago Roldós

Actor, escritor, director y profesor, cofundador del grupo Muégano Teatro y de su Laboratorio y Espacio de Teatro Independiente, actualmente ubicado en el corazón de la Zona Rosa de Guayaquil. A los cinco años pensaba que su ciudad era la mejor del mundo, pero entonces también creía en Dios y en Barcelona Sporting Club. 

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5 Sep 2019 - 19:06

Ok, tal vez no de todo: sibilinos dominicos, maquiavélicos jesuitas, y por supuesto figuretis masones y rotarios también llevan lo suyo… Pero es de Don Bosco y sus salesianos la culpa del socialismo del siglo XXI, al menos en su fase paleolítica, vía la invención de Brasilia.

Ya en el siglo XIX las élites brasileñas, conservadoras y liberales, coincidían en la necesidad imperiosa de establecer la capital de su país, con dimensiones de continente, al interior de su geografía, para evitar su fragmentación y cohesionar regiones distantes y desatendidas.

El problemita era que bien entrado el siglo XX seguían prácticamente sin existir urbes fuera de la costa atlántica capaces de asumir dicha capitalidad, ejercida primero por Salvador de Bahía (terrible aduana de la esclavitud, arrancada de África) y luego por Río de Janeiro.

Cuando Rita Segato afirma que la conquista no ha terminado, sino que está en marcha, se refiere a cosas así de concretas: el que casi toda ciudad importante de Brasil estuviera al pie del mar es la muestra palmaria de la vagancia de sus conquistadores y de sus herederos.

Pero como carencia e ignominia son los trampolines de Utopía, la clase política brasileña, nutrida por el modernismo, la antropofagia y otros geniales y problemáticos movimientos artísticos y culturales de inicios y mediados del siglo XX, soñó con la Nueva Arcadia.

Había que crear desde cero una ciudad capaz no sólo de reformular simbólica y materialmente el pasado ominoso, sino sobre todo de proyectar a la Nación del Orden y el Progreso, la más desigual del planeta, directamente a liderar Occidente…

¿Dónde hacerlo?, se preguntaron diputados, urbanistas, ingenieros, hasta que un experto en asuntos salesianos carraspeó recordando que la mismísima María Auxiliadora, en uno de los famosos sueños húmedos que le inspiraba a Don Bosco, lo había señalado ya en 1883:

“Entre los 15 y 20 grados había un seno muy ancho y muy largo que partía desde un punto formando un lago. Entonces una voz dijo repetidamente: Cuando vengan a cavar las minas escondidas entre estos montes, aparecerá aquí la tierra prometida, corriente de leche y miel. ¡Será una riqueza inconcebible!”.

Bingo: las coordenadas exactas fueron asumidas completamente por el equipo del presidente “de tendencia socialista” Juscelino Kubitschek, quien a su vez para comandar la realización de un concurso de planificación urbanística, que terminaría ganando otro connotado izquierdista, el ingeniero modernista Lucio Costa:

“Ha nacido el gesto inicial, con que cualquiera localiza un lugar y toma posesión de él: dos ejes que se cruzan en ángulo recto, formando el signo de la cruz. Este signo se ha adaptado después a la topografía, a la inclinación natural del terreno y a la mejor orientación: los extremos de uno de los ejes se han curvado, formando un signo que puede inscribirse en el triángulo equilátero que limita la zona a urbanizar”.

Alucina descubrir, en el museo bajo del Congreso y Planalto en Brasilia, la servilleta en la cual Costa, “intuitivamente”, agudizó la empresa de poner todo el esfuerzo y talento de la izquierda al servicio de la señal de la Cruz y de las visiones de un patrono de la Iglesia colonizadora.

Creo que las tramas de Java Lato y arroz verde, y la popularidad del fascista evangélico Jair Bolsonaro, también son “palabra de Dios”. Demos gracias al Señor (y a la Izquierda por favor).

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