Las Frases que Hicieron Historia

“El papa Francisco quiere congraciarse con los enemigos de la Iglesia”

Enrique Ayala Mora

Enrique Ayala Mora

Doctor en Historia de la Universidad de Oxford y en Educación de la PUCE. Rector fundador y ahora profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador. Presidente del Colegio de América sede Latinoamericana.

Actualizada:

22 Ene 2023 - 5:27

Un cura pedófilo

El cura César Cordero era conocido por su manejo oscuro de los fondos públicos que recibía la Universidad Católica de Cuenca.

Dedicado a dirigir instituciones educativas, siempre había pensado tener su universidad propia. Y lo consiguió cuando la dictadura velasquista de 1970-72 la creó, justo cuando estaban clausuradas las universidades públicas del país.

La institución se llamó “católica” pero se fundó contra la voluntad de la autoridad eclesiástica, a la que Cordero desafió y desobedeció.

El arzobispado de Cuenca auspiciaba la sede local de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, que luego pasó a ser Universidad del Azuay.

Cordero logró que su creación recibiera asignaciones del Estado y a base de coimas consiguió se le entregara anualmente mucho más de lo que legalmente le tocaba, quitando recursos a otras instituciones.

Por corto tiempo mantuvo a un tío suyo como rector, pero luego se entronizó en ese cargo y lo ejerció por décadas, manejando la institución como su hacienda.

Con plata del Estado montó un imperio que incluyó todos los niveles educativos, hospital, canal de TV y otras inversiones. Era una nulidad intelectual, pero experto negociante.

Pese a la plata pública recibida, el nivel académico de su universidad era desastroso. Ofrecía carreras facilonas y hasta vendía títulos, como los que la Embajada de Alemania denunció que se habían emitido a cambio de dinero.

El cura, empero, logró tapar el caso con influencias y se quedó con la plata.

Cuando se pensaba que ya nadie le reclamaría nada y el Municipio le iba a dar la máxima condecoración, primero uno y luego varios ex estudiantes, lo acusaron de haber abusado sexualmente de ellos.

El hecho no pudo ocultarse y el Municipio suspendió la condecoración, la universidad borró su nombre y sacó su estatua del campus. Hasta sus incondicionales le dieron la espalda.

La jerarquía católica inició investigaciones y el Vaticano mandó un delegado. Le prohibieron hablar, le despojaron de su dignidad eclesiástica y lo recluyen en un cuarto de hospital.

Pero aún en esa situación, Cordero se portó cínico. Durante la investigación eclesiástica, declaró a la prensa que el asunto “se ha puesto de moda”, que las víctimas querían “obtener dinero” y tenían “complicidad”.

Dijo también que le llamaba mucho la atención “la actitud del Papa Francisco de pedir perdón a las víctimas (…) poniéndose a la altura de unos malhechores”, que el Papa “quiere congraciarse con los enemigos de la Iglesia”.

Cuando se investigan delitos de pedofilia hay que respetar el honor de las personas, pero casos escandalosos y cínicos deben ser conocidos, para proteger a las víctimas.

En medio de una ola mundial de denuncias de curas pedófilos, el Papa Francisco, al contrario que sus predecesores, rechazó el encubrimiento. En nuestro país se han denunciado unos pocos casos. A sus víctimas, conocidas o todavía ocultas, hay que darles todo el apoyo.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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