Con Criterio Liberal
En defensa de Pinker, en defensa de la ilustración
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

6 Jul - 19:00

Vivimos tiempos difíciles para la libertad, cada vez son más frecuentes los ‘linchamientos sociales’ de los ‘indignados’ y todo aquello que puesto que pueda ofender (algo subjetivo) no se puede decir. Y la universidad, que debería ser el espacio de mayor libertad (para ello se creó la prerrogativa de libertad de cátedra) se ha convertido, lamentablemente, en el lugar desde donde se promueven las peores cacerías de brujas.

Más de 480 académicos de la ‘comunidad lingüística’ de Estados Unidos han firmado un manifiesto para que se retire a Steven Pinker su reconocimiento como académico distinguido (‘distinguished academic fellow’) de la Linguistic Society of America.

La susodicha carta no tiene desperdicio. Es una acusación general basada en seis tuits y con tremendos saltos lógicos (no se concluye las acusaciones de que niega la “violencia racial y sexista sistémica” de sus comentarios) y poniendo algunas verdades no demostradas como incuestionables. Exactamente lo contrario de lo que se podría pensar que es el debate entre académicos.

No es difícil entender por qué los académicos ideologizados progresistas quieren retirar sus honores a Pinker (y no, por ejemplo, a otro distinguido lingüista de muy polémicas declaraciones políticas, como Noam Chomsky, pero que es muy izquierdista), y es que en tres libros magníficos ha refutado tres de las ideas más queridas para el pensamiento progresista.

En ‘Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones‘ demuestra cómo la violencia a todos los niveles ha ido disminuyendo drásticamente. Sobre este libro (de 1.152 páginas en la edición de Paidós de 2011) los críticos solo pueden cuestionar el uso de un adjetivo.

Pero nada que refute la idea principal, y es que creer que vivimos en una sociedad de “violencia estructural” machista y racista es parte de la agenda de la izquierda revolucionaria, que estas semanas está en las calles bajo la bandera de ‘black lives matter’. 

En ‘La tabla rasa: La negación moderna de la naturaleza humana’ refuta tres de las ideas más importantes para cierta izquierda que es postmoderna.

El mito de que los seres humanos nacemos como ‘tabulas rasas’ donde la sociedad escribe toda nuestra personalidad y comportamiento; que nacemos como el ‘buen salvaje’ y que la sociedad nos corrompe; y que nacemos con un alma que toma decisiones independientemente de la biología. Sin estos tres pilares el postmodernismo académico (ese de lenguaje tan abstruso como sus ideas) se desmorona.

Y en ‘En defensa de la Ilustración: Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso‘ Pinker hace una excelente loa a los logros de nuestra civilización, libro cargado de datos y argumentos, desmonta la idea de que es la nuestra una época con problemas más graves que las anteriores. Más bien, exactamente al revés, vivimos en el mejor momento de la historia en cuanto a paz, prosperidad, calidad de vida y oportunidades de desarrollo personal.

Admirando la obra de Pinker, que les recomiendo leer pues no hay mejor respuesta contra los intentos de linchamiento o censura que la lectura y la discusión razonada de las ideas y de los argumentos, debo decir que hay algunos puntos en los que discrepo.

No entiendo, por ejemplo, cómo Pinker puede ser tan optimista analizando los datos pasados y tan pesimista con respecto al cambio climático, basado solo en proyecciones.

Por supuesto que no son todos los lingüistas de Estados Unidos quienes han firmado esa carta (aunque ellos mismos se arroguen una representación de la que carecen firmando como “la comunidad lingüística”, demostrando tu totalitarismo e intento de ser hegemónicos), ni mucho menos son todos los profesores de universidad.

Pero que hayan sido tantos, tan rápido, y que este tipo de actos se estén reproduciendo tanto es preocupante. Cada vez son más los temas de los que se prefiere no hablar, cada vez la auto-censura (mucho peor que la censura) de lo políticamente correcto va siendo más frecuente, cada vez hay más cosas de las que “mejor no decir nada para evitar problemas” y así se van generando más consensos tácitos basados no en los argumentos sino en el miedo a los linchamientos.

Lo que está en juego aquí es la esencia misma de la universidad, del debate abierto civilizado (justamente la ilustración que elogia Pinker), de la valoración de los logros de nuestra civilización. Nuestra libertad.

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