Al aire libre
Marialuz Arellano: sudor, lágrimas y… escuchar al cuerpo
Lourdes Hernández Vásconez

Lourdes Hernández Vásconez

Comunicadora, escritora y periodista. Corredora de maratón y ultramaratón. Autora del libro La Cinta Invisible, 5 Hábitos para Romperla.

Actualizada:

18 Sep 2020 - 18:59

¿Cómo fue tu primer triatlón? Le pregunto a Marialuz Arellano, promotora deportiva, catalogada entre las diez mejores del mundo en ironman, en su categoría; y hace poco, primera en el mundo en medio ironman.

Cuenta que su amiga Cari Ponce viene un día y le dice: ‘socia, corramos un ironman’. 

“Bueno, pero, ¿qué hay que hacer?” –y le llega de golpe una certeza: quiero correr un ironman en la vida.

“La Cari me habló de las distancias locas -3,86 kilómetros de natación, 180 de ciclismo y 42,2 de trote-, del sprint en Salinas, y yo, ingenua total, a nadar en la piscina del Batán, bicicleta en el velódromo y para completar, el libro: Swim, Bike, Run”. 

Y continúa: “con mi mamá a cargo de la logística, llegamos a Salinas, novata, salí ahogada del agua, corrí como pude en la arena, y la historia es que termino segunda de las mujeres sin saber leer ni escribir, con mi librito bajo el brazo”. 

En verdad, para lograr algo en cualquier campo hay que lanzarse al vacío. Una se sorprende de los resultados cuando combina decisión y valentía. 

“Era una bestia, -dice ella- casi sin entrenar quería incursionar en todo, descubrir la vida. Los jóvenes deben lanzarse, si no comienzan a tener miedo de todo”. 

Entonces cuenta su primer nado en aguas abiertas: “Alquilamos una lancha para cruzar el Lago San Pablo y yo estaba en terno de baño (ahora no me metería así ni muerta en ese lago helado). Fui con un amigo que tenía más experiencia. Era madrugada y en medio lago me dice, desde aquí empezamos, y yo: ¿desde aquí empezamos?”.

“Bueno… y me lancé. Mi primera sensación fue que me iba a morir, sentí clarito que se me paralizaba el corazón, trataba de meter la cabeza al agua y me ahogaba, sentía que se me cerraba absolutamente todo, pero tenía en la cabeza lo que vine a cumplir”. 

“Ahora seguramente diría: ‘no me importa, yo me salgo, yo no tengo que demostrar nada a nadie’, pero ahí estaba con mi enamorado en la lancha y pensaba, qué va a decir, me tengo que aguantar. Me puse a nadar, mi amigo nadaba mucho más adelante que yo y, de repente, empecé a disfrutar, como mujer tenía más porcentaje de grasa en el cuerpo y me calenté pronto”.

“Veo que mi amigo experto se estaba saliendo del agua, dije capaz se salió un rato. Yo iba feliz, tenía la lancha al lado, me sentía cuidada, eso me liberó muchísimo, ‘ya pasó el susto’ –pensaba. Hasta que la lancha se acerca más y me dicen: oye, el amigo se muere, tenemos que salir porque el hombre está con hipotermia”. 

Riéndonos le hago la pregunta del millón: ¿Qué pasará con el medio ironman de Manta?

“Es mi pasión total –dice y se pone seria- pero queda pendiente para el próximo año. El alcalde, los triatletas piden que se lance ya la carrera, pero no podemos ser un foco para el rebrote del virus. Son 30 mil personas que salen a la calle. La ciudad gana millones de dólares en un fin de semana. Eso hace el deporte”.

Coincidimos en que este es un año diferente, y que ilusa- la gente quiere recuperar lo que perdió. “Eso no tiene sentido, si cobras demasiado vas a perder clientes –dice con seguridad- hay que entender que económicamente este año perdimos todos”. 

En cambio, hemos ganado mucho, estábamos apurados dejando de prestar atención a cosas y momentos importantes.

“Mis hijos están en la adolescencia y hubieran pasado poco tiempo conmigo. Al final de la pandemia ellos tendrán la seguridad de que siempre podremos regresar a este momento en que estuvimos tan juntos. Tal vez nos volvamos a ‘encuarentenar’ voluntariamente un día a la semana”, agrega.

Sus cuatro hijos son deportistas, unos más que otros. “A mi hija le hice correr un triatlón una vez y dice que fue la peor experiencia de su vida, en sus palabras, pero ahora veo que se baja videos de ejercicios, tiene esta conciencia de moverse”. 

El ejemplo es todo, el abuelo de Marialuz madrugaba a correr en La Carolina, su papá jugaba fútbol y su mamá, tenis. “Mientras tanto, yo hacía medialunas y corría alrededor de la cancha” –dice ella alegremente.

Según Marialuz hay un estrés escondido que nos hace sentirnos vulnerables y eso eleva nuestro cortisol. La clave es seguir entrenando, “es motivante que alguien te acompañe. También aprecio estar sola, es un rato íntimo mío”. 

En la vida diaria, Marialuz estudia un posgrado de bio-neuroemoción que es una técnica de acompañamiento para enfocarse a través de las emociones.

Además, maneja la revista Vida Activa y Filosomi. “Es un blog que transmite cómo descubrir lo que te hace vibrar más alto. A mí, el triatlón, a ti tal vez armar rompecabezas. La invitación es a descubrir eso”.

Tiene la meta de subir al Chimborazo en octubre. No es montañista, pero lo va a intentar. 

Le digo que siempre está vigente la receta de esfuerzo, sudor y lágrimas. Dice: “¡Y escuchar al cuerpo! Si mi pulso está bien, pero me siento agitada, tengo que hacerle caso a mi cuerpo por encima del aparato”.

En su último ironman en Louisville vivió esto. “Fui decida a subirme al podio, había entrenado tan bien. Resulta que me bajo de la bicicleta y comienzo con un dolor de espalda y de cadera tenaz, entonces digo, no voy a poder. Bajé el ritmo, replanteé mis objetivos: me olvido de la clasificación, me olvido del podio, pero debo terminar”.

“Entonces dejé de ver el reloj. Hidratación, comer, que el martirio dure lo menos posible. De pronto pasó el dolor. Seguí corriendo, llego y había hecho el mejor tiempo de mi vida”.

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