Las Frases que Hicieron Historia

‘Se ha derramado la sangre del justo Abel’

Enrique Ayala Mora

Enrique Ayala Mora

Doctor en Historia de la Universidad de Oxford y en Educación de la PUCE. Rector fundador y ahora profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador. Presidente del Colegio de América sede Latinoamericana.

Actualizada:

22 Ene 2022 - 19:00

Cuando se enteró de que su principal lugarteniente, Antonio José de Sucre, había sido asesinado el 4 de junio de 1830, el Libertador Simón Bolívar, agobiado por el fracaso y la enfermedad, dijo: “Se ha derramado la sangre del justo Abel”. En pocas semanas, él también murió, camino al exilio.

Luego del ‘Congreso Admirable’, donde Sucre había intentado sin éxito salvar la unidad de Colombia, resolvió regresar a Quito para reunirse con su familia.

Salió de Bogotá a fines de mayo de 1830 sin conocer aún la separación del Distrito del Sur, pero se enteró de ella en el camino. Lo acompañaban el diputado por Cuenca, Andrés García Téllez, el sargento Ignacio Colmenares, su asistente, el sargento Lorenzo Caicedo, el ‘negro’ Francisco y dos arrieros.

El Mariscal no había atendido a las advertencias sobre el peligro que corría su vida, especialmente si tomaba el camino más directo, pues iba a pasar por Pasto, donde muchos lo odiaban.

Varios amigos intentaron disuadirlo de pasar por las montañas de Pasto, pero insistió. Avanzó hacia el sur por el Valle del Patía, llegando el miércoles, 2 de junio, a Salto de Mayo.

El 4, a eso de las siete de la mañana, salió rumbo al sur. Al pasar por la selva de Berruecos se oyó un grito desde la espesura, un disparo y luego tres más. Sucre gritó: “¡Ay balazo!” y cayó al instante. Los disparos le habían llegado a la cabeza y al pecho.

El grupo se dispersó, dejando el cuerpo de Sucre abandonado. Un arriero que contó que lo había visto tomó el reloj y lo entregó a Caicedo, que volvió al sitio acompañado de un par de vecinos y llevó el cadáver al lugar llamado La Capilla.

Allí llegó el 6 de mayo un grupo de tropa del Batallón Vargas, que se había movilizado en búsqueda de los asesinos. Exhumó el cadáver y volvió a enterrarlo en el sitio, hasta que fue llevado a Quito por orden de la viuda, Mariana Carcelén. Permaneció oculto por setenta años.

Al conocerse la noticia en Pasto, el general José María Obando dispuso la persecución de los asesinos, pero él mismo diría: “No se pudo adelantar nada, ni capturar siquiera a uno de ellos”.

Obando dio versiones confusas del hecho y cargó desde entonces con la responsabilidad de haber sido el autor intelectual del asesinato, junto con Juan José Flores, el principal beneficiario del crimen. Siempre se conoció que los autores materiales fueron Apolinar Morillo, José Erazo y Gregorio Zarria, que eludieron por años el castigo.

El 1 de junio de 1830, tres días antes del asesinato de Sucre, el periódico liberal ‘El Demócrata’ de Bogotá, con acusaciones e insultos contra Bolívar y Sucre, decía que Obando era “amigo y sostenedor firme del Gobierno de la libertad…”. Y afirmaba: “Puede ser que Obando haga con Sucre lo que no hicimos con Bolívar”.

Obando habría dicho: “Sucre no pasará de aquí”. Esa fue la sentencia de muerte del ‘Abel’, cuya sangre manchó el inicio de nuestra historia.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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