Las Frases que Hicieron Historia

Dios no muere, Gabriel García Moreno. Mi pluma lo mató, Juan Montalvo

Enrique Ayala Mora

Enrique Ayala Mora

Doctor en Historia de la Universidad de Oxford y en Educación de la PUCE. Rector fundador y ahora profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador. Presidente del Colegio de América sede Latinoamericana.

Actualizada:

5 Mar 2022 - 19:00

Dicen que cuando Gabriel García Moreno agonizaba luego de recibir catorce machetazos y seis balazos, les gritó a sus asesinos: “Dios no muere”. Pero no es cierto. Les dijo vela verde mientras se defendía con su bastón, pero nadie le oyó hablar de Dios.

Repitió “Dios no muere” muchas veces antes, cuando le advertían que los “rojos” planeaban matarlo, pero en el momento de su muerte no lo dijo.

En cambio, Juan Montalvo, sí dijo: “Mi pluma lo mató”. Y con buenos motivos, porque su violencia verbal incitó a los jóvenes conspiradores a asesinar a García Moreno, cuyo gobierno, Montalvo había llamado “la dictadura perpetua”, en un libelo que circuló profusamente en 1874.

En 1875 varios jóvenes asiduos lectores de Montalvo conspiraban contra García Moreno: Manuel Polanco, Manuel Cornejo, Roberto Andrade y Abelardo Moncayo. Unos querían matarlo, otros solo obligarlo a renunciar y dar un golpe con apoyo de los militares.

Un contacto directo con la guarnición de Quito se dio a través de Juana Terrazas, amante de Moncayo y también del segundo jefe del Batallón Número 1, comandante Francisco Sánchez.

La conspiración se reforzó cuando se conoció que Faustino Lemus Rayo estaba dispuesto a matar a García Moreno. Había sido funcionario en el Oriente y odiaba a García Moreno, que había ordenado su retiro.

El 5 de agosto, pasado el medio día, García Moreno se dirigió al Palacio Nacional. Andrade, Cornejo y Moncayo le seguían de cerca. Polanco se paseaba en el Portal Arzobispal. En el pretil del Palacio, Rayo sobrepasó a los jóvenes, y asestó un machetazo a García Moreno por detrás, gritándole: “¡tirano!”.

El agredido intentó defenderse con el bastón. Andrade y Moncayo tomaron por los brazos al edecán Pallares. Cornejo hizo el primer disparo. Luego disparó Andrade. Pero ninguno resultó fatal. Los golpes de machete de Rayo, en cambio, sí lo fueron.

García Moreno resistió e increpaba a sus agresores: “asesinos”, “canallas”. Rayo le gritaba: “muere tirano”, “muere malvado”, “jesuita con casaca”. Los otros, dice Andrade que exclamaban: “¡Ayarza! ¡Las víctimas de Jambelí! ¡Las de Tulcán! ¡Las de Cuaspud! ¡Maldonado, Borja, Viola, Rosa Ascásubi! ¡La dignidad de la patria! ¡Libertad!”.

Daniel Cortez, un joven negro que estaba en la puerta de la Tesorería, sostuvo a Rayo y le impidió moverse. Los conjurados lo ayudaron a liberarse y reanudaron su ataque. García Moreno retrocedió y se arrimó en una columna. Rayo le lanzó otro machetazo y el presidente cayó a la calle. Allí lo atacó de nuevo y los jóvenes le dispararon.

García Morenó agonizó unos minutos y murió luego en la Catedral. Rayo murió antes por el disparo de un soldado, luego de que lo apresaron en la plaza. Los jovenes fugaron.

Cornejo fue tomado preso y fusilado. Andrade y Moncayo vivieron años prófugos. Montalvo se ufanó de su pluma “tiranicida” y los conservadores siguieron con la consigna: “Dios no muere”.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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