Efecto Mariposa

¿Debemos ayudar a los más pobres? Para algunos jóvenes eso “depende”

Yasmín Salazar Méndez

Yasmín Salazar Méndez

Profesora e Investigadora del Departamento de Economía Cuantitativa de la Escuela Politécnica Nacional EPN. Doctora en Economía. Investiga sobre temas relacionados con pobreza y desigualdad.

Actualizada:

2 Mar 2022 - 19:00

El 1 de marzo conmemoramos el Día de la Cero Discriminación y vino a mi mente una historia que me ocurrió hace un año, cuando dicté un taller sobre pobreza, en el que participaron adolescentes. Imagino que tenían entre 12 y 14 años de edad.

Comencé el taller preguntándoles: ¿las personas pobres deben recibir algún tipo de ayuda?

Uno de los participantes respondió afanoso: “depende” y nos contó que él no estaba de acuerdo con la idea de apoyar a los extranjeros, especialmente a los latinoamericanos.

Luego, justificó su respuesta compartiéndonos que, en el semáforo cerca de su casa había un grupo de personas extranjeras pidiendo caridad y que ellos no merecían ningún tipo de ayuda pues, según sus cálculos, que me atrevo a calificar de inexactos, mensualmente podrían ganar más dinero que su mamá, que es profesional.

Otro participante no estuvo de acuerdo con la idea de no apoyar a todos los extranjeros, argumentó que hay casos y casos y mencionó que, en la esquina de un centro comercial, un extranjero, que parece europeo, pide caridad y merecía ser ayudado.

Añadió que el sujeto parece buen tipo, que se nota de lejos que es culto y que tiene buena presencia. 

“¡Ah, eso es otra cosa!” Respondió el primer participante. 

Después de conversar con los dos, entendí que basaron sus respuestas en creencias que, según lo mencionaron, les fueron transmitidas por sus padres.

En otras palabras, ambos adolescentes juzgaban a los extranjeros según su nacionalidad y su apariencia, porque así lo aprendieron en sus casas y es lógico, pues es ahí, en el ambiente familiar, donde forjamos una buena parte de nuestras creencias. 

Es en la casa, y también en la escuela, donde aprendemos a discriminar o a aceptar a las personas por su nacionalidad, su origen étnico, su género, su edad, su opción sexual, su religión, su posición social, su ideología, en fin.

Si los adultos hacemos distinciones en nuestras conversaciones y acciones, o dicho sin rodeos, si discriminamos a las personas, los niños y adolescentes aprenderán y replicarán ese ejemplo vergonzoso.

Para no engañarnos con la creencia de que los ecuatorianos somos ejemplo de cero discriminación, presentaré algunas cifras de la encuesta Latinobarómetro de 2020, que permiten identificar a quiénes discriminamos los ecuatorianos. Miren esto:

  1. El 21 % de los encuestados cree que las personas pobres son las más discriminadas en Ecuador.
  2. El 11% responde que son los indígenas.
  3. Un 7 % dice que son los negros o afrodescendientes.
  4. Otro 4,9 % manifiesta que son los homosexuales.
  5. Un 4 % dice que los inmigrantes son los que más sufren discriminación. 
  6. Y El 20 % de los encuestados no respondió a la pregunta.

Y no sorprende que no respondan: es incómodo, y hasta difícil, responder a este tipo de cuestiones.

Finalmente, un 13 % de los encuestados cree que en Ecuador no hay discriminación, aunque el 19 % manifestó que se sentía discriminado. 

Como comentario adicional, en Ecuador, según la encuesta, las personas pobres son las más discriminadas. El caso específico de rechazo, aversión o temor a las personas pobres se conoce como “aporofobia”, término que fue acuñado por la filósofa española Adela Cortina en 1995.

El Día de la Cero Discriminación se conmemora con el objetivo de poner fin a cualquier forma de discriminación y celebrar el derecho de todas las personas a vivir una vida plena y productiva con dignidad.

​A pesar de que, en Ecuador, este tipo de fechas pasan inadvertidas y no son tendencia, es necesario, al menos recordar que en nuestras manos está acabar con la discriminación, haciendo el simple, y a la vez complejo, ejercicio de recordar que todos los seres humanos somos iguales y que no podemos discriminarnos.

Es imprescindible para no deformar a los niños y adolescentes con nuestras creencias sobre quiénes son “mejores”. 

Reconozcamos que todos merecemos un trato igualitario y digno, es una forma efectiva de promover la paz. Solo hace falta examinar los motivos de Rusia para invadir a Ucrania y lo veremos claro. 

Confieso que, aunque disfruté mucho de ese taller sobre la pobreza, también sudé con las respuestas inesperadas de los adolescentes.

Sin embargo, al final me fui satisfecha. Si bien mi objetivo no es cambiar las creencias de las personas, pero dialogar en un ambiente de respeto y argumentar con cifras (no con creencias) es enriquecedor, abre la mente y el corazón, permite reflexionar, y hasta cambiar posturas radicales.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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