Cambio de Rueda

Las drogas destruyen (pero también Netflix, la Iglesia y tu familia, o no)

Santiago Roldós

Santiago Roldós

Actor, escritor, director y profesor, cofundador del grupo Muégano Teatro y de su Laboratorio y Espacio de Teatro Independiente, actualmente ubicado en el corazón de la Zona Rosa de Guayaquil. A los cinco años pensaba que su ciudad era la mejor del mundo, pero entonces también creía en Dios y en Barcelona Sporting Club. 

Actualizada:

14 Nov 2019 - 19:00

Las peleas en la cúspide del poder nos colocan cada tanto al borde del precipicio -donde por otro lado en realidad vivimos, y le llamamos Navidad o capitalismo-, y suelen hacernos olvidar dónde, quiénes y cómo construimos de raíz la política.   

En escuelas top ten del Ecuador, madres y padres confirman que lo único peor que la izquierda estalinista y socialista del siglo XXI es la derecha atrabiliaria y edulcorada de siempre.

Llegadas sus hijas e hijos a los 12 años, los mismos creadores de “con mis hijos no te metas” (pues ya nos bastamos nosotros para hacerlos mierda) celebran fiestas y simulacros de iniciación a la borrachera. 

Al parecer las planifican y ejecutan sobre todo madres de niñas, muy convenientemente convencidas de que el machismo realmente lo transmiten ellas, pues hasta para eso sus maridos están ocupados “en otra cosa”, seguramente “más importante”. 

Aunque no les ofrecen alcohol (¿qué se creen?, ¿que con mis hijos no te etcétera son bestias medievales?), las mentas, limonadas y demás jugos mezclados con toneladas de leche condensada, servidas en copas imitación de “las de verdad”, perfectamente pueden conducir a niños y niñas al vómito, por el empacho de azúcar. 

En ese punto, prefiero a transgresores abuelitos que brindan a sus nietos vino o champán en una fiesta, pues el problema no es tanto el alcohol como la transmisión de la idea de que la supuesta libertad o la plenitud se alcanzan haciéndose mierda. Pulverización asombrosa de la autoestima. 

Artificio significa hecho del arte o de la técnica, y por ello es sinuoso pensar que lo que se ensaya no se queda en el cuerpo, es decir en el alma. Vean si no a esas actrices y actores que hacen malas películas o telenovelas lamentables, la mala calidad encarna y acanalla. 

Aprendemos a respirar imitando el ritmo de quien funge el rol de madre, y todo lo importante de la vida lo ensayamos: cómo pedir un aumento y las palabras precisas para amar u odiar a nuestros afectos. Y aunque no nos atrevamos a llevar al escenario de la realidad lo practicado (fíjense qué palabra), cada ensayo es cierto e impacta en nuestros fracasos y aplausos diarios.

Niñas y niños no son necesariamente criaturas débiles, nada de malo tendría el serlo, ¿y quién podría establecer tal parámetro? Lo que sin duda son es frágiles: vean a Crisitiano Ronaldo, me recuerda al hermano de “Leólo” (Jean-Claude Lauzon, 1992), que por más músculos que sacase, jamás iba a poder vencer el miedo alojado en lo más profundo de su cuerpo. 

Te puedes quedar huérfana a los 10 años, y/o ser violada por tus más grandes afectos. Y, sin embargo, no suicidarte y fortalecerte. En “Split” (M. Night Shyamalan, 2017), tras sobrevivir al enfermo o súper héroe donde habitan 24 personas, la muchacha abusada desde su infancia por su tutor no puede abrir la boca para contar su otra historia, normalizada y naturalizada. 

Y en “Tartufo” (siglo XVII) Moliere describió con su acostumbrada precisión la doble naturaleza de la doble moral, cómica y criminal a la vez.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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