Firmas
El cura de muchos
Rafael Lugo

Rafael Lugo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos. La novela 7, además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207.

Actualizada:

13 Dic - 19:00

La Arquidiócesis de Guayaquil tiene como director de comunicación a un sacerdote que se destaca por no aceptar su humanidad. Suele, este cura embalsamado con perversidad, escribir tuits grotescos. Hace poco redactó uno tan, pero tan diabólico, que hasta lo borró, para luego reemplazarlo por uno igual, pero con redacción distinta.

En su tuit, básicamente se burlaba de la canción ‘el violador eres tú’, responsabilizando (como es común en su conducta pública) a las víctimas por ser violadas o asaltadas. Para muchos (que son cada vez más, gracias al avance de la civilización) culpar a una mujer de haber sido violada por ‘tentar’ al macho es una aberración.

Sin embargo, aunque el cura haya borrado su mensaje, y muchos católicos hayan rechazado su estulticia, la verdad es que el señor sencillamente escribió algo que va de la mano con varios textos bíblicos. Ha sido coherente con parte de su libro sagrado, y voy a citar unas pocos ejemplos:

Eclesiástico, 25:24 Por la mujer comenzó el pecado, por culpa de ella morimos todos.

Eclesiástico, 42:14 Vale más maldad de hombre que bondad de mujer. 

Proverbios 6:26 Porque a causa de la mujer ramera es reducido el hombre a un bocado de pan; y la mujer caza la preciosa alma del varón.

Proverbios 7:21 Con sus palabras persuasivas lo atrae, lo seduce con los labios lisonjeros.

Job 25:4 ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?

Timoteo 2:9-10 Asimismo, que también las mujeres se atavíen con vestimenta decorosa, con pudor y modestia; no con peinados ostentosos, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad.

Corintios 14:34-35 Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.

Hay más, y creo que hasta el más fanático religioso tendrá que aceptar que las religiones del mundo son –entre otras cosas- la misoginia elevada a palabra de algún dios. Claro, a fin de cuentas los textos sagrados que nos dicen que los escribió una deidad, no son más que ideas plasmadas por varones de hace miles de años que todavía creían en que la tierra es plana, que surgimos del barro en calidad de pareja original, o que se podía aplacar la ira de un volcán degollando unas cuantas vírgenes de la tribu y que la mujer no era mucho más que un animal de granja.

Algunos sostienen que lo que dice el cura mencionado no representa a la Arquidiócesis de Guayaquil. Yo creo que las evidencias apuntan a lo contrario. Ninguna otra empresa mantendría como director de comunicación a un tipo que escribe mensajes públicos ajenos a sus políticas. Pero ahí sigue, firme en su cargo y en su parroquia, repartiendo discursos de odio, y trabajando para convertir sus dogmas en leyes civiles y obligatorias para todos. 

Ahora bien, la humanidad tiene derecho a pretender la eternidad. No se por qué, pero el ser humano insiste en que merece el infinito. Y además una eternidad deliciosa y sin responsabilidades. En eso se ha pasado desde que el primero de cualquiera de las especies que nos antecedieron en la evolución se volvió autoconsciente y resolvió enfrentar el miedo a la muerte con la promesa del más allá. Ya está, es lo que somos. 

Pero, no hay una, sino varias maneras para intentar esta trascendencia:

1.-La relación directa e individual con la deidad que quieras, que al ser todo poderoso y omnipresente, pues no necesita intermediarios, ni gremios, ni soldados, ni esculturas, ni edificios, ni te pide odiar al que no se une a tu credo. Es decir, para nomás de juntarte eternamente con Dios y que no te de un portazo celestial en la jeta del alma, basta y sobra con rezar en soledad. No hace falta perseguir y condenar a quien reza distinto o a quien no es como quisieras que sea. No es necesario entregarles el décimo a los sacerdotes. 

2.-La relación con la misma divinidad que, aunque todopoderosa y omnipresente, resulta que igual necesita tu dinero, guardianes, edificios, estatuas, multitudes que desprecien al distinto, y especialmente intermediarios humanos (tan humanos y erráticos como nosotros). Aquí todavía puedes respetar y dejar vivir al resto en paz, dependerá directamente de cómo eres y a quién eliges como guía espiritual.

Estos intermediarios humanos se podrían dividir en dos, los que ayudan a los fieles y los que joden al resto que no comulgan con lo suyo:

Los primeros, personas mejores que nosotros, bondadosas, sabias, tolerantes y empáticas. Esas que de la Biblia toman los textos que hablan del amor y el respeto al prójimo. Esas personas son un orgullo como guías y consejeros. Esos curas buenos que por buenos no llegan a Papas, ni a obispos, ni peor a directores de comunicación de alguna curia. 

Los segundos, personas peores que nosotros, crueles, hipócritas, retorcidos y que no logran ni quererse a sí mismos. Y con exceso de gel en el peinado. Esas que promueven el odio, la misoginia, la ignorancia, y la hipocresía. Esas personas como el director de comunicación de la Arquidiócesis de Guayaquil, nada más y nada menos. 

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