Cambio de Rueda
El “feminismo” está de “moda”
Santiago Roldós

Santiago Roldós

Actor, escritor, director y profesor, cofundador del grupo Muégano Teatro y de su Laboratorio y Espacio de Teatro Independiente, actualmente ubicado en el corazón de la Zona Rosa de Guayaquil. A los cinco años pensaba que su ciudad era la mejor del mundo, pero entonces también creía en Dios y en Barcelona Sporting Club. 

Actualizada:

21 Ago 2019 - 19:00

Entre referencias a ‘Narcos’ y patriotismos ‘sí se puede’, la presentación de jóvenes emprendedorxs de un proyecto ideado para triunfar en plataformas tipo Netflix discurrió hacia el “no sólo hacer una ficción de calidad internacional”, esto es: una donde las peores violencias logren representarse hasta su desvirtuación, vía la correcta dosificación de demagogia y lirismo, recetas preestablecidas del glamur y la fantasía que permiten su mercadeo.

Fieles a la emblemática institución del capitalismo soft porno donde habían estudiado, lxs emprendedorxs dijeron querer “aportar soluciones reales al conflicto” que su serie abordará ¡wow! mediante proyectos de vinculación y empoderamiento de las comunidades más o menos alejadas y exóticas donde filmarían… gracias a las cuales, caramba, qué coincidencia, abaratarían todos los costos de producción, al no pagar mano de obra.

Me acuerdo de ese momento impactante del extraordinario documental de Christopher Walker, “Lanzas desde todos los frentes” (Ecuador, Irlanda, Estados Unidos, Reino Unido, 2018), sobre el permanente expolio extractivista contra nuestras comunidades, patrocinado por la  mayoría de nuestros gobiernos sátrapas de izquierda y de derecha, en el que un representante de la embajada gringa, al final de un encuentro para engañar al pueblo huaorani, le dice a la hija del presidente de turno: “Así conseguimos Manhattan, ofreciéndoles espejitos”.

No tan lejos de ahí, un teatro comercial nacido de una filiación al Opus Dei ha producido una obra que declara y publicita, pletórica y aplaudida, ‘tratar’ el acoso y los crímenes sexuales contra niñxs, y prácticamente nadie dice “Hello, ¿no les parece que ahí ocurre algo, por decirlo suave, ligeramente extraño, literalmente perverso?”.

Que una de las facciones más reaccionarias de la Iglesia Católica, protectora y cómplice institución de pederastas, se lave la consciencia al tiempo que hace marketing y caja es algo que no tiene precio, para todo lo demás…

“Es que el feminismo está de moda”, me dijo una clienta de la panadería a la que asisto casi a diario, mientras señalaba la leyenda de mi camiseta morada, regalo de organizaciones por la despenalización del aborto.

Lo dijo bajando la voz y apretando el gesto, como si de todos modos supiera que, pasajero como toda moda, el ‘feminismo’ marquetero en boga le brindara, en realidad, nada.

Para Lucrecia Martell, gran cineasta argentina, Netflix sintetiza la revuelta conservadora a las formas narrativas, y por tanto políticas, del siglo XIX. Pienso que la calidad de sus series es concomitante al auge de Trump y Bolsonaro, a quienes la mayoría de sus estrellas, social demócratas o semi anarquistas, dicen enfrentar. Pero es en la gramática de su arte, y no en su retórica, donde se estrella su ética y estallan sus contradicciones.   

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