Firmas
El Manual del Activista
Rafael Lugo Naranjo

Rafael Lugo Naranjo

Abogado y escritor. Ha publicado varios libros, entre ellos Abraza la Oscuridad, la novela corta Veinte (Alfaguara), AL DENTE, una selección de artículos. La novela 7, además de la selección de artículos Las 50 sombras del Buey y la novela 207.

Actualizada:

27 Sep 2019 - 19:30

He notado con preocupación que el activismo, en el área que sea, causa malestar en varios espectros de la sociedad, y por lo tanto creo necesario compartir este Manual, con la finalidad de que los activistas puedan dar su aporte a la civilización, pero sin fastidiar a nadie, ni tampoco desdibujando la idea que pregonan. 

Creo que será un decálogo:

1.- Busca una idea con la que todos estén de acuerdo. El activismo no está para proponer cosas nuevas o distintas, sino para reafirmar las situaciones e ideas que mantienen cómodas a las mayorías. Sugiero proponer una semana laboral de 5 días y 2 días de descanso. 

2.- Si eres blanco de país civilizado no puedes hacer activismo porque tu vida es fácil y seguro estás aburrido. Si eres negro, indio, mestizo, de país pobre, tampoco porque no estás bien educado y además eres envidioso. Sugiero ser asiático y dedicarte a hacer celulares. En silencio.

3.- Revisa tu situación financiera. Si tienes dinero, no puedes dedicarte al activismo desde tus privilegios. Si eres pobre, no puedes proponer nada porque por algo eres pobre. Deberías estar por la mitad del ingreso per cápita, pero no sabría decirte de qué país. Si tienes la cantidad perfecta de dinero, asegúrate de que no haya sido por herencia, ni por haber conseguido trabajo, ni por haber hecho negocios. Tu dinero debe haber sido conseguido en un bingo. 

4.- Ojo con tu edad. Si eres muy joven, pondrás en riesgo tu niñez y además podrías ser usado por tus padres como el niño de Mi Pobre Angelito. Si tienes 40, estarás en plena crisis, mejor cómprate una moto y no jodas. Si eres mayor de 50, lo más seguro es que te reclamen por no dar espacio a los jóvenes y de abandonar a tu familia por vanidoso.  Tu activismo debe realizarse entre los 24 y los 39, pero no puedes ser blanco, negro, indio, ni asiático, ni mestizo, ni rico, ni pobre.

5.- Si eres hombre, fíjate si tienes entre 24 y 39 años, y si además cumples con los requisitos de raza, economía, e idea que no molesten a nadie. Pero si cumples con estas condiciones de todas maneras cállate. Y enchúfate tu falocentrismo por la uretra. No necesitas hacer activismo de nada que te falte y no tienes por qué preocuparte por los derechos de otros. Lo más seguro es que se destape tu agenda verdadera que es seducir feministas. O capaz eres gay. 

6.- Si eres mujer, vete a la cocina feminazi, y enseña las tetas por wassap nomás. Tu misión está en criar bien a tus hijos, incluso aquellos que tengas con tu propio padre a los 11 años. Date por satisfecha con el derecho al voto y con la administración libre de tu patrimonio. A nadie le gusta las que exigen más que lo que ya tienen. Y si algo realmente te fastidia, habla con tu cura confesor o con tu pastor, él sabrá dónde esconder tu cadáver. Perdón, él sabrá decirte cómo controlar de forma adecuada tu inconformidad. 

7.- Si perteneces a alguna minoría sexual, sugiero mantener tus cochinadas en secreto, no puede ser que reclamen igualdad de derechos teniendo esos gustos que se pueden curar rezando. Adopten un gato, pero no hace falta que suban fotos del gato a sus redes. Muchos pensarán que quieren casarse con heterosexuales y joder hasta que vuelva a llover fuego sobre las ciudades. Hoy hay clósets más cómodos dónde regresar, pues las minorías no merecen tener igualdad ante la ley. 

8.- No te molestes en fundamentar tus ideas en la evidencia científica, pues quienes no “creen” no creen nomás. Tampoco uses ejemplos de la historia, la medicina,  la filosofía, el derecho. Los intelectuales no tienen porqué andar pensando, ni tratando de elevar el nivel de la discusión haciéndose los sabiondos. Respeta el nivel de debate de tu sociedad, pues es ofensivo saber más que tu interlocutor. 

9.- Tampoco pintes con aerosol paredes antiguas, ni rompas una estatua que represente ninguna idea. Los violentos no tienen porqué andar pensando, ni tratando de hacerse escuchar. Presenta tus ideas con calma, y con sustento científico, médico, histórico, filosófico, etcétera. Y regresa al punto 8. 

10.- Recuerda que la mayoría de la gente no entiende la diferencia entre una idea y una persona. Tampoco consiguen separarse de sus creencias hasta convertirlas en su propia carne. Entonces cualquier cosa que digas con relación a una idea o a una creencia ofenderá a alguien. Las ideas que más “duelen” son aquellas relacionadas con las religiones, los equipos de fútbol, las costumbres, las tradiciones, el nacionalismo, los derechos, y la papa en el seco. No seas ofensivo, las pobres ideas lloran sin consuelo cuando les rechazas, reformas o cuando te burlas.  

Listo mi estimado activista. Respetando estas simples normas podrás realizar tus actividades en beneficio del bien común y podrás tranquilamente aportar a la civilización, sin molestar ni estorbar a nadie, que al final del día, es lo que importa. Ah, y sin desdibujar la idea que promuevas, pues nadie tiene más clara y conceptualizada una idea que aquel ser enojado que la rechaza sin entenderla.

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