Con Criterio Liberal
Elecciones e incertidumbre democrática, por las carencias de este CNE
Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded

Luis Espinosa Goded es profesor de economía. De ideas liberales, con vocación por enseñar y conocer.

Actualizada:

1 Feb 2021 - 19:00

Queda menos de una semana para las elecciones presidenciales en Ecuador y, por desgracia, no podemos confiar en el Consejo Nacional Electoral y en la transparencia del proceso.

Y no lo podemos hacer pues, durante más de un año, las acciones del CNE en lugar de generar confianza en su institucionalidad han hecho todo lo contrario. Desde el cuestionado nombramiento de los consejeros por el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio, su acción ha sido todo menos transparente y diligente.

De hecho, a día de hoy, sigue pendiente el proceso por el cual un juez sustituyó a algunos de estos consejeros. Y sigue siendo cuestionable su proceso de admisión y no admisión de algunas candidaturas.

Se entiende que hayan tenido que tomar decisiones complicadas; no se entiende, sin embargo, la negligencia de haber impreso mal millones de papeletas, o el hecho de que en su página web es difícil encontrar la información más relevante sobre este proceso, si es que se encuentra.

La acción del CNE ha sido todo menos transparente y diligente.

Tan es así, que los dos principales candidatos a ganar estas elecciones, Guillermo Lasso y Andrés Arauz, han cuestionado la independencia del Consejo Nacional Electoral, esto es algo inaudito y perjudicial para la democracia.

Peor aún, el expresidente Rafael Correa, devenido en prófugo desde un ático en Bélgica, intenta caotizar al país lanzando rumores de atrasar las elecciones, arrojando más dudas sobre el CNE.

El candidato Guillermo Lasso ha anunciado que implementará un sistema de monitoreo, pero dice no cómo será exactamente. El candidato Arauz lanza graves insidias, pero no ofrece pruebas o soluciones.

Rafael Correa, devenido en prófugo desde un ático en Bélgica, intenta caotizar al país lanzando rumores de atrasar las elecciones.

Sin siquiera ser exhaustivos, la realidad es que a día de hoy no sabemos a qué horas es esperable que vaya habiendo primeros resultados del conteo rápido, a pesar de que es algo que el CNE debería tener razonablemente planificado.

No se garantiza que se evitarán los tan sospechosos ‘apagones’ de información, a pesar de que es un gravísimo problema que ya se tuvo hace cuatro años. No se han comunicado a la ciudadanía los protocolos y las garantías del sistema informático, a pesar de que hay incertidumbre sobre el mismo y en otros países ha sido tan conflictivo.

No sabemos si los observadores internacionales han hecho auditorías sobre el sistema informático y su seguridad, ni sobre la organización del proceso. No sabemos si el censo es correcto, pues ya se han publicado noticias de inscritos que no deberían estarlo.

Y no sabemos si el Ejército podrá garantizar la custodia de las urnas, pues su ministro ya ha dicho que se les adeuda el dinero necesario para ello.

Son demasiados errores, demasiadas dudas para enfrentar este proceso con garantías.

Más importante aún que el resultado electoral, que es algo trascendental, es la defensa de la democracia, de su legitimidad y su transparencia. Algo que, por desgracia, este CNE ha fracasado en garantizar.

Esperemos que la jornada electoral transcurra sin mayor novedad, que es lo mejor que se puede desear en una democracia, pero no podemos decir que si fuese así será por la acción de este CNE, sino más bien a pesar de ella.

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