Cambio de Rueda
Elogio al feminismo, asco de la izquierda
Santiago Roldós

Santiago Roldós

Actor, escritor, director y profesor, cofundador del grupo Muégano Teatro y de su Laboratorio y Espacio de Teatro Independiente, actualmente ubicado en el corazón de la Zona Rosa de Guayaquil. A los cinco años pensaba que su ciudad era la mejor del mundo, pero entonces también creía en Dios y en Barcelona Sporting Club. 

Actualizada:

8 Nov - 13:02

La gran contribución del movimiento emancipatorio por excelencia de la actualidad, el feminismo, puede sintetizarse en la claridad de su combate y deconstrucción del binario.

Aunque a algunos espacios todavía les cueste asumir su fecundidad, su potencia trascendió hace lustros los marcos de la filosofía de género, desestabilizando el concepto mismo de identidad, al radicalizar la crítica de la distinción cultura-naturaleza, fundadora tanto del fulgor de Occidente como de su decadencia.

Trascender o liquidar el binario demanda la renuncia a toda polaridad, especialmente a la bipolaridad con la que aprendimos a comprender y fagocitar nuestros diversos mundos.

Izquierda y derecha nos han sido tan útiles como las señaléticas de los baños: para darnos la seguridad de encontrarnos sólo con los nuestros, aún a costa de no indagar qué singular mierda somos cada unx, y de obligarnos y obligar a los demás a cerrar filas en torno a esa ignorancia.

En las antípodas de estas enseñanzas, en la confrontación política parece imposible, o por lo menos inquerible, indeseable, vaya: poco amable, pretender salir del binario.

Como si la Guerra Fría no hubiese mutado -tal vez ella siempre consistió en teatrino y cinturón de castidad de dos imperios, guardianes de las esencias de élites reprimiendo con violencia y productividad a sus respectivas divergencias- la izquierda hegemónica ataca de nuevo.

El primer minuto de su entrevista con FOROTV en México le bastó a Rafael Correa para exhibir su exitosa demagogia. A la pregunta ¿qué es ser de izquierda? respondió: “buscar la justicia en todas las dimensiones, no sólo la justicia social; la justicia de género, la justica étnica, la justicia etárea. La justicia intergeneracional, lo cual implica cuidar el medio ambiente…”

El presidente que chantajeó a su bloque legislativo con renunciar si se les ocurría despenalizar el aborto por violación, esgrimiendo que, como católico, jamás lo permitiría.

El presidente que abortó el Plan Yasuní -que buscaba mantener el petróleo bajo la tierra en el pulmón del planeta- con los mismos argumentos de cualquier tecnócrata del FMI.

El presidente que persiguió sistemáticamente a las nacionalidades indígenas, garantizando el expolio de sus territorios a favor de las empresas mineras chinas.

El presidente que, en el mejor estilo de Luis Echeverría, a las dirigencias indígenas, sociales y sindicales que no pudo cooptar, persiguió y reprimió, en muchos casos hasta la muerte.

El presidente que hipotecó el presente de los jubilados, manejando los recursos del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social como caja chica de su partido; y el futuro de las nuevas generaciones, malversando y pre vendiendo todos los ingresos petroleros hasta mitad de siglo.

Este mismo sujeto hoy vuelve a ser uno de los héroes de la izquierda continental y mundial. Me gustaría solucionar su extravío, la religiosidad primitiva y corrupta de su estulticia de un sopapo, en el plis plas de un insulto, reclamar ustedes no son en realidad de izquierda, ustedes en realidad son de derecha. Ja ja.

Pero en coherencia e ideología no se puede, como entre restaurantes, reivindicarse como los auténticos ceviches de la Rumiñahui, o el verdadero Frente Popular de Judea de La vida de Brian, de Monty Python.

El clásico consuelo: esgrimir toda una tradición de heterodoxia, desde Rosa Luxemburgo o Trotski, hasta un Jaime Roldós, que tanta desconfianza despertó en comunistas y socialistas orgánicos ecuatorianos del siglo XX, hasta el día de su muerte, no logra negar que Maduro, Correa y Daniel Ortega también han sido, son y serán “de los nuestros”.

Un abismo tan nauseabundo como interesante.

Noticias relacionadas

Firmas

España: la hora de la política

Desde 2015 no hemos tenido un gobierno que haya completado su mandato de cuatro años, más bien, en cuatro años hemos tenido cuatro elecciones.